viernes, 18 de noviembre de 2011

LOS RETOS DE UNA ESPAÑA ENVEJECIDA

Ayer, los organizadores del Máster en Gerontología Social Aplicada de la Universidad de Barcelona (Instituto IL3) me invitaron a impartir una conferencia en el acto que iba a servir para inaugurar la nueva edición del Máster y del Postgrado en dirección de residencias así como para despedir a los que obtuvieron el título el año pasado.

Mi conferencia, titulada, los retos de una España envejecida, versó sobre cómo, dentro de unos años coincidirán en España varios fenómenos: un porcentaje de personas mayores superior al 30%, una tasa de natalidad bajísima y la consolidación de un número importante de personas que llegaron de otros países y ya llevarán aquí varios decenios.  Las dudas que plantea esa situación son muchas.  Empezando por el final  está la cuestión de saber si nos habremos convertido en un crisol que funde y une culturas diferentes creando algo nuevo y diferente a las partes o en un mosaico en el que cada uno ha intentado mantener sus señas a toda costa.

En esa nueva realidad existirá una verdadera lucha por captar a los jóvenes en edad de trabajar hacia los diferentes sectores de actividad, el paro actual será algo del pasado que los jóvenes de entonces no habrán ni conocido (pensemos que quien tenga que cuidar a una persona que hoy tiene 45 años cuando ésta sea dependiente, todavía no ha nacido).  ¿Qué haremos para atraer a los trabajadores al sector de la atención a dependientes?

En otro orden de cosas, a medida que se acerca la situación de superpoblación la ciencia avanza a pasos agigantados ¿cómo afrontará la sociedad la aparición de nuevos tratamientos que puedan paliar o revertir algunas de las afecciones “propias” del envejecimiento pero que quizás sean tan caras que sea imposible cubrirlas con la seguridad social y sólo unos pocos puedan pagarlas?

¿Llegarán a organizarse los jubilados y a formar una especie de “partido de los mayores”? y si es así, ¿Cómo reaccionará el resto de la sociedad?  Pensemos que los mayores de hoy pueden decirnos que todo lo que tenemos hoy es lo que ellos construyeron a partir de la destrucción de la guerra.  Que su generación fue capaz de pasar de una dictadura a una democracia sin guerra y que hemos tenido el plazo de prosperidad pacífica más largo en siglos. ¿Qué podremos decirles a los jóvenes del futuro que nos acusen de egoístas por querer mantener nuestras pensiones a costa de otras políticas?  ¿Y si en una especie de “guerra dialéctica de generaciones” nos dicen que nuestra generación (tengo 46 años) fue la culpable de la degradación medioambiental, la quiebra del sistema de pensiones y otros males porque no nos supimos sacrificar como hicieron nuestros abuelos?

Esta es sólo alguna de los enormes retos a los que tendremos que enfrentarnos sin poder encontrar ejemplos en el pasado de otras sociedades que hayan pasado por situaciones parecidas.

Podemos esperar en el futuro cambios en nuestra relación con la familia, la muerte y con ese acompañante que viaja con nosotros desde hace milenios “la culpa”.

Gracias a Pilar Torres y Angel Bartolomé, directores del curso, por la invitación.  Un placer estar con vosotros.