lunes, 26 de enero de 2015

RESIDENCIAS ADAPTADAS A LAS PERSONAS Y PERSONAS ADAPTADAS A LA SOCIEDAD

Llevo unos cuantos defendiendo que las residencias para mayores tenderán a adoptar mayoritariamente por modelos de atención de los que se conocen como "Atención centrada en la persona" o ACP cuando las personas los demanden.

Para ilustrarlo suelo hablar de que lo que tenemos hoy sería un modelo que yo llamo "Paradigma del plan de intervención " en el que una residencia es un inmueble adaptado en el que trabaja un equipo interdisciplinar de profesionales que redacta un "plan de intervención" (o Plan de Atención Individualizada PAI) para atender a una persona mayor a la que le falta "algo".    Ese "algo" a veces será capacidad cognitiva, autonomía para desarrollar las actividades de la vida diaria, apoyo o una combinación de los anteriores.

Además de un  PAI para cada residente, la residencia dispone de unos protocolos y programas que le permite funcionar generando registros, actas de reuniones y otra documentación.  Para cerrar el círculo; cada cierto tiempo se evalúa la satisfacción del "cliente residente" y "residente familia"; y todo el sistema se gestiona de una forma homogénea que permite certificar la calidad del sistema.

Quizás explicado así parece frío e impersonal pero si lo miramos objetivamente, es el sistema que nos definen las reglamentaciones de servicios sociales; el que se premia en los concursos para gestionar centros públicos o concertar plazas.

Es cierto que como pegas vemos que en el "Paradigma del Plan de Intervención" se corre el riesgo de dar  más peso a la seguridad que a la libertad del residente; de considerar más relevante la opinión de los profesionales que las del propio mayor y de ofrecer una atención demasiado "medicalizada" e institucional.  Pero, si somos sinceros, son problemas que no impedían que la gran mayoría de residentes y familiares considerasen correcta la atención que reciben.

Además, desde hace años se plantean iniciativas para "mejorar el sistema" sin plantear uno nuevo.  Por ejemplo este documento es de 2001 ya hablaba de cómo fomentar la protección de los derechos de los residentes; también se ha ido incorporando en mayor medida al propio mayor y sus familiares a las reuniones en que se redacta el PIA y se ha tendido a fomentar que participen las gerocultoras en las reuniones de equipo interdisciplinar, ampliando la visión y, en cierta medida, acercándola al cuidado.  Esto ha supuesto que hoy el sistema esté viviendo un proceso que, con el tiempo, irá llevándolo a parecerse mucho al que se propone desde la ACP aunque sin la necesidad de introducir cambios radicales sino mediante una evolución.

Hoy he estado pensando en esto después de leer una noticia aparecida en el periódico argentino La Nación de 25 de Enero de 2015 que, con el título "Crece la oferta de residencias para la tercera edad" dice cosas como:


Como si hubieran vuelto al colegio, los ancianos que viven en la residencia Sophia cumplen los horarios y participan de las actividades programadas por la institución. Desayunan, tienen una clase de gimnasia, almuerzan, descansan, hacen musicoterapia y cenan. Siempre a la misma hora.

Los precios de las residencias geriátricas privadas pueden ir desde los 800€ hasta los 5.000€ por mes, según los servicios y actividades ofrecidas, atención requerida por el adulto mayor y la ubicación. El valor por mes también cambia si la habitación es de uso exclusivo o la comparten. Según la obra social y el plan, solo los ancianos que tienen un certificado de discapacidad pueden exigir el reintegro del costo del servicio de internación geriátrica.

"La diferencia en el precio depende de la cantidad de personal por cada anciano. Las residencias más baratas ofrecen solamente el personal que exige la ley y menos actividades diarias", explica Marcela, que tiene a su madre viviendo desde hace tres años en un geriátrico.

Esto es sólo un extracto de la noticia (aquí está completa).

Lo que me ha llamado la atención es que se explique la vida en la residencia como si ésta fuera la de un estudiante en un internado  (como si hubieran vuelo al colegio) sin un atisbo de crítica.  Estoy seguro que una noticia así, hoy, en España, habría generado alguna respuesta.

Si hacemos caso de lo que dice la noticia, las señoras que viven en esa residencia con régimen escolar están muy contentas.  Yo no lo dudo, pero creo que ellas mismas dentro de un tiempo o las siguientes residentes irán pidiendo cosas nuevas y el sistema se irá adaptando a lo que ellas quieran.

Las residencias que conocí en España en 1991 cuando empecé a trabajar como inspector se parecen poco a las que tenemos hoy.  He explicado muchas veces una anécdota de cuando era inspector:  En una ocasión hablando con un señor mayor que dormía en una habitación compartida con varias personas le pregunté si eso no le parecía mal y su respuesta fue algo así como:  "Aquí no paso hambre, frío y miedo, o sea que estoy muy bien". 

Creo que una parte importante del cambio ha venido dado por la adaptación de la oferta a lo que quiere quien contrata el servicio.  En ese sentido las residencias de mayores se han ido centrando en la persona mientras que las personas han ido cambiando a medida que lo ha hecho la sociedad.