viernes, 16 de enero de 2015

¿FUNCIONAN ASÍ LAS RESIDENCIAS DE MAYORES HOY?

Hace unos días me llegó un texto de la Asociación de Pequeñas y Medianas residencias de Cataluña UPIMIR.  La verdad es que al leerlo me quedé muy parado ya que yo pensaba que la realidad que describe como común era excepcional en la actualidad.

Este es sólo un fragmento:

Observen dejando de lado durante unas horas su despacho y su pantalla con tablas de excel a un usuario cualquiera, durante una jornada en el centro. Pónganse en su piel y empaticen su día en la residencia. Les citaremos  aquí cosas que verán y que tal vez ya conozcan, pero no tengan en cuenta por todas las circunstancias anteriormente mencionadas.

Nuestro usuario se levanta a una hora más hospitalaria que de su casa (no olvidemos que la residencia es, o debería ser, la sustitución del hogar). Le visten con una ropa que no desea y lo obligan a afeitarse cuando a él hoy no le apetecía. Acto seguido le dan de desayunar sin que la mitad de tal desayuno le apetezca ni lo desee (jamás toma EKO cereales, ni zumo de multifrutas).

Tras el desayuno lo llevan a una clase en la cual deben pasarse una pelota unos a otros y moverse al son de una canción de Julio Iglesias (odia a tal cantante). Se siente ridículo y desearía leer el periódico tranquilo. Más tarde, y tras un descanso mínimo, la psicóloga (sabe bien que es una psicóloga) le hace preguntas sobre la muerte de su esposa y si lo ha superado, cuando él jamás pensó en comentar con extraños temas tan íntimos.

Cuando por fin le dejan tranquilo, aparece la enfermera a tomarle la tensión más por obligación de ella que por necesidad de él. En su casa la mesuraba cada quince días o una vez al mes cuando quería.

Por fin llega la hora de comer: menú dietéticamente testado, nutricionalmente perfecto, adaptado a una estricta normativa de oligoproteinas y nutrientes pero, para él, un asco… En casa jamás comía dos platos y postre y menos lo que le obligan a comer aquí. Después de comer, como si en avión fuésemos, toca reducir la intensidad de las luces y descansar… ¿Descansar de qué? si no está cansado y quiere ver la tele. Cuando las luces son de nuevo aptas para ver, “ostras” no lo recordaba toca partida de bingo con caramelos de premio, que nunca le gustaron. Desea hojear una revista y oír la radio, no jugar al bingo.

Por fin, y a una hora más propia de bebes que de adultos, a cenar de nuevo menú perfecto, pero preferiría un bocadillo de jamón y no sopa de pasta y barritas de merluza. Y tras la cena a la cama, ¡Pero si hoy juega el Barça y quería verlo en la tele! Pues nada, a oírlo en la radio y flojito no se moleste su compañero… Y llame a la auxiliar de noche para que le retire la radio.

Punto y final un día, más o uno menos según quien lo mire, para nuestro usuario. Uno más de existencia y uno menos vivido (en el sentido que el entiende lo que es vivir que no subsistir). Nuestro usuario piensa en su silencio que no cree que nadie pague tal cantidad de dinero cada mes para estar tan disconforme con su vida. Parece que resida en un convento o en un cuartel militar, y no en lo que debería ser su hogar.


Una descripción tan cruda sirve para plantear como alternativa un modelo propio, para centros de pequeño y mediano tamaño, centros que se diferencian por ser el hogar de sus residentes y no el hotel en que residen en su vejez, centros que ofertan un claro compromiso de servicios y asistencia. 

Una diferencia entre quien ha escrito el texto y yo es que él ha dirigido una residencia durante muchos años y yo no por lo que estoy seguro que a ese respecto puede tener más conocimiento que yo.  Aun así, creo que hay bastantes residencias de mayores con diferentes tamaños en las que la percepción vital del residente es hoy bastante diferente de lo que se describe.

Creo que este sería un tema de debate interesantísimo y en el que muchos gerentes y directores de residencia debieran participar, sin olvidarnos de los propios mayores, que podrían venir representados por una asociación como FATEC que en 2011 decidió poner en marcha una iniciativa interesante:  Un grupo de personas mayores visitaron residencias de mayores en una campaña titulada "¿Cómo debe ser la residencia de mayores en que me gustaría vivir?"  y lo que vieron no les resultó tan desagradable como lo que describe el texto más arriba.  Es cierto que sólo visitaron 10 residencias de mayores de la provincia de Barcelona y alguna en la Garrotxa, pero lo que encontraron y cómo lo vivieron sería una buena experiencia para compartir.