miércoles, 15 de febrero de 2012

DISPARANDO CON PÓVORA DEL REY (II)

En 2008 escribí una entrada en la que comentaba lo que pasa cuando quién toma decisiones con trascendencia económica sabe que, pase lo que pase, el dinero con el que está jugando no es suyo.  Lo comparaba con la situación de los mercenarios del siglo XVII que realizaban muchos más disparos cuando disparaban con "pólvora del Rey" que cuando ellos mismos tenían que pagar la pólvora.

Hace unos días vi en la televisión "Comando Actualidad" un programa de reportajes, que trataba sobre los municipios más endeudados de España.  Pasados unos días volví a oír por segunda vez el nombre de "Peleas de Abajo" un pueblo situado de 260 habitantes cerca de Zamora que tiene el dudoso honor de ser el más endeudado de España.  No en cantidad global sino en "deuda per cápita", concretamente, cada vecino debe el equivalente a 18.700€.

Pasdos unos días he leído en el País un artículo sobre la situación y me llama poderosamente la atención una cosa.  El ayuntamiento tiene una residencia municipal de 110  plazas, que según se ve en el reportaje tiene actualmente una ocupación de 26 plazas y ha generado al pueblo deudas por valor de 2.700.000, o sea, más de la mitad de lo que debe todo el municipio.

La residencia fue construida, siempre según el reportaje, hace 20 años (o sea, en plena euforia de 1992) y nunca ha estado llena.

Aunque ahora está gestionada por una empresa, las deuda acumuladas corresponden a la construcción y al tiempo en el que fue de gestión municipal.

Me gustaría creer que es "un caso aislado", pero no puedo resistirme a pensar que, si en vez de una residencia sobredimensionada hablamos de "aeropuertos en el páramo",  "vías del Ave hacia ninguna parte" o "Centros de convenciones vacíos en cada capital de comarca", que Peleas es sólo una muestra de lo que nos ha pasado en los últimos años.

Nota: Esto lo escribo un día más tarde.

Gracias a un buen amigo, que me ha hecho llegar un powepoint que ilustra con fotografías lo que yo intentaba decir.   Lo que más gracia me hace es la última diapositiva en la que se nos pide que, si conocemos a algún alemán, no le enseñemos eso.  ¡Muy agudo!