miércoles, 24 de septiembre de 2014

APRENDIENDO DE LOS DEMAS

Una de las actividades más gratificantes que llevo a cabo como director de Inforesidencias.com es la organización de lo que llamamos “viajes geroasistenciales”.  Se trata de elegir un país en el que la atención a personas mayores se lleve a cabo de una forma interesante y planificar una visita de forma que podamos ver cómo funcionan allí las residencias, los centros de día y otros servicios geroasistenciales.

Hasta ahora hemos organizado nueve.

El primer viaje, en 2007 lo hicimos en colaboración con lo que entonces era AMRTE (Patronal de las residencias geriátricas de la Comunidad de Madrid y otros servicios a la dependencia).  Cuando vimos  en Estocolmo unidades de convivencia de ocho personas, nadie en España nos había dicho que eso se llamaba “housing” y que lo que practicaban era “Atención Centrada en la Persona”.  Sencillamente era un modelo diferente que costaba unos 120€ al día y que se intentaba racionalizar a ver si, introduciendo prestadores privados conseguían bajar a 100€. 

Cuando nos explicaron que allí las residencias trabajaban sin un equipo interdisciplinar extenso (la atención la prestan principalmente enfermeras y auxiliares) y que tampoco tenían un aparato documental tan complejo como el nuestro (múltiples protocolos, registros y programas), nos sorprendieron mucho.  Más aún cuando nos dijeron que el modelo español que les explicamos se parecía al que ellos utilizaban en los años 70 del siglo XX.

Al cabo de un tiempo organizamos un nuevo viaje geroasistencial a Suecia al que asistieron, además de empresarios, políticos de Castilla y León que quedaron al parecer tan impresionados con lo que vieron que al volver intentaron poner en práctica en su comunidad una especie de residencias “a la sueca” que llamaron “En mi casa”.  Hoy he visitado la web de la Junta donde las describen como “El nuevo modelo de atención residencial para personas mayores basado en la calidad de vida que pretende cubrir los deseos explicitados en diversos estudios y foros, relativos a cómo quieren vivir las personas durante ese periodo de su vida.”

El proyecto lo han puesto en marcha de forma experimental en residencias públicas y privadas produciéndose un resultado muy curioso.  Si escuchas lo que dicen desde la comunidad autónoma, la experiencia está siendo muy positiva y, lo más interesante: el nuevo modelo no supone un aumento considerable en los costes.  Si te detienes a escuchar a los empresarios que tienen “centros piloto”, descubres que la realidad es cuanto menos variopinta.

Las claves del modelo, en lo que a autonomía respecta  son (según la web de la Junta que explica el sistema):

·       Elección de horarios en la actividad diaria: un hogar es un ámbito de libertad personal; las horas de levantarse, acostarse, pasear, leer, entretenerse u ocuparse en lo que la persona decida, deben estar tan personalizadas como sea posible.
·       Elección de su propia imagen: aspecto físico, vestido, peinado, complementos, etc.; la persona decide con qué imagen desea ser percibida por los demás.
·       Elección de menús: posibilidad de desayuno tipo buffet, dos opciones por plato en cada comida, por ejemplo.
·       Elección de actividades: nadie debe hacer lo que no le interese, o le moleste, al contrario: el centro debe facilitar ofertas de actividades en consonancia con los gustos y preferencias de la persona y que sean significativas para ellas.

¿Alguien que se ponga en el lugar del residente podría renunciar a alguno de estos aspectos?  Por supuesto que no.  Pero, ¿Alguien puede decir que introducirlos en una residencia existente no supone un aumento considerable en los costes?

He visto diferentes variantes del modelo en otros países como Dinamarca, Noruega, Alemania y Holanda.  Sistemas de trabajo que me han gustado mucho cuando los he visto desde la perspectiva del residente y sin pensar en dinero.

El problema es que, si además intento ver la realidad desde el punto de vista de quien tiene que pagar la estancia de la persona en la residencia (ya sea la administración, la propia persona o sus familiares), la visión  que se me presenta es algo más triste.

Que en una residencia no existan horarios, o sea, que cada uno se levante y se acueste cuando quiera; que exista varias opciones sobre alimentación, que las actividades también se ajusten a los gustos de cada residente es una meta de lo más loable (espero que todas las residencias sean así cuando yo sea anciano. ¿Por qué no son las cosas así ya?  El motivo es bastante prosaico: Quizás porque nuestro cliente no puede o no quiere pagarlo.

Admito que en lo que acabo de escribir hay bastante de especulación.  Como todavía no hay casi residencia que apliquen un modelo de Atención Centrada en la Persona tipo Housing, no sabemos si el cliente privado estaría dispuesto a pagar el plus de recibir una atención más personalizada y variada.  Quizás nos encontremos pronto con algunas residencias que lo ofrezcan para aquéllos que puedan y quieran pagar.  Lo que con seguridad tardará en suceder es que el modelo se imponga de forma general.

Como he escrito en múltiples ocasiones, no dudo que el modelo Housing sea bueno, pero tampoco que lo sea el modelo de atención basado en un plan de intervención y un equipo interdisciplinar que prestan actualmente muchas residencias en España y que hemos tardado más de veinte años en perfeccionar.  Por supuesto es mejorable pero no, por ello hay que desdeñarlo.


Concluyo pensando que me encantaría que en el viaje que organizamos a Holanda en 2012 hubieran venido políticos a ver la residencia Akropolis de Rotterdam donde, a pesar de ser ilegal, algunos residentes fuman en la residencia, donde, si quieren tienen alcohol en su habitación y donde aplican lo que denominan “la cultura del sí”.  Me pareció precioso.  Cuando le pregunté al Sr. Frank Becker, fundador de la residencia, si con 1.500€ al mes “todo incluido”, podrían aplicar su sistema me miró con una cara entre sorprendida e incrédula, que todavía no he podido olvidar.

Autor del post:  Josep de Martí