martes, 20 de mayo de 2014

MÁS SOBRE LA LEY DE DEPENDENCIA

En el libro “Cómo nos engañaron con la Ley deDependencia  (Editorial Vivelibro) defiendo que la idea de que esta Ley de promoción de la autonomía personal (LAPAD o como quiera llamarla cada cual) era algo  muy bueno que la crisis se cargó es esencialmente falsa.  Yo creo que la Ley partió de una buena idea (proteger a los dependientes) pero que, a partir de allí todo se hizo mal:  se calculó mal cuántos dependientes había y cuánto costaría atenderlos; se pergeñó un sistema para armonizar las diferentes normativas autonómicas que no podía funcionar; se estableció un sistema de financiación que dependía del pacto del Estado con cada una de las comunidades, lo que lo convertía en materia de lucha partidista…  Podría seguir, pero creo que a quien le interese de verdad le gustará leer el libro.

Lo curioso es que, una vez ha quedado claro que la Ley ha fracasado.  Cuando han pasado casi dos años desde la reforma que en vez de derogarla y promulgar otra decidió amputar a la actual los brazos y las piernas dejándola irreconocible. Resulta que tanto por la izquierda como por la derecha nos vuelven a intentar intoxicar con mensajes estrafalarios.

Durante el tiempo de pre-campaña para las pasadas elecciones europeas parece que los que diseñan los mensajes reencontraron la dependencia como argumento de una forma curiosa:

Por un lado, en el acto de celebración del X aniversario de la llegada de Zapatero al poder que tuvo lugar a finales de abril,  se ensalzaron durante hora y media los avances en derechos aprobados por su Gobierno, esto es: matrimonio homosexual, dependencia, y leyes de igualdad.  Conjurándose para que su primera tarea cuando el PSOE retorne a la Moncloa sea recuperar la ley de dependencia. Por supuesto no explicaron en qué consistiría esa recuperación.

Coincidió en el tiempo la fiesta de los socialistas con las declaraciones del senador popular navarro José Ignacio Palacios Zuasti, quien ha afirmado que la ley de Dependencia “se está aplicando de manera justa y equitativa” y ha negado que el Gobierno central esté cometiendo “incumplimientos”.  Por supuesto, no ha entrado en detalles sobre las rebajas en las partidas de dependencia a las comunidades autónomas u otros detalles incómodos.

Supongo que los más convencidos socialistas creyeron a pies juntillas lo que se dijo en su mitin y los seguidores del PP hicieron lo propio con las palabras de su senador.  En cambio, quien trabaja en el sector de la atención a personas mayores dependientes, pongamos por ejemplo, quien sea propietario, accionista o profesional de una residencia para mayores; sabía perfectamente que la Ley no alcanzó a establecer un derecho de todos los dependientes a recibir la prestación más adecuada a su grado de dependencia.  A esas personas, que saben cómo han ido las cosas de verdad, les sonarán tan increíbles las palabras de unos como de los otros y quizás se pregunten por qué no dicen claramente que gastar en la compra de servicios profesionales para atender a los dependientes es la única forma de convertir la atención a los dependientes en algo verdaderamente beneficioso para toda la sociedad.

Creo que deberíamos ser muy cautelosos, ahora que se acercan elecciones, cada vez que escuchemos a un político hablar de la Ley de Dependencia.

Aunque resulte muy poco elegante, acabo con una autocita  sacada de la página 134 del libro.

Parece que en esto de la Dependencia existía un acuerdo para confundir de forma que todo quisiera decir una cosa y la contraria, así las prestaciones económicas para el cuidado no profesional son excepcionales pero se pueden dar a quien las pida, el Estado puede dictar contenidos comunes de acreditación «sin perjuicio de las competencias de las comunidades
autónomas» (que, recordemos, son exclusivas en materia de servicios sociales), o «para fijar la participación del beneficiario en el coste del servicio, se tendrá en cuenta la distinción entre servicios asistenciales y de manutención y hoteleros», según se contemple en un acuerdo que no lo regula.

Así, la confusión está servida, los políticos mediocres pueden lanzar soflamas a sus legiones y, hagan lo que hagan, encontrarán en la ciénaga de la Ley una explicación imposible que les justifique y algo de lodo para lanzar al adversario.