viernes, 8 de julio de 2011

"RESIDENTES ESPERANDO LA MUERTE Y VISITAS QUE NO LLEGAN"

Hoy en la Vanguardia aparece una entrevista a la Sra. Andrea Gillies, que cuidó durante años a una persona con Alzheimer, su suegra, quien finalmente ingresó en una residencia.  Cuando he leído la entrevista  he sentido emociones diferentes.  La primera un gran respeto por el valor humano de una persona que cuida, no a su madre sino a su suegra durante el deterioro que supone la demencia, después algo de sorpresa ya que, cuando habla de las residencias dice: Las residencias están llenas de ancianos sentados en una silla esperando la muerte y la visita de sus familiares, que nunca van a verlos.  Parece una crítica ácida hacia las residencias y los profesionales que en ellas trabajan.  La Sra Gillies dice que Lucho por que el Gobierno invierta dinero en residencias de calidad con talleres creativos, donde haya actividad. Pero si leemos el artículo concluiríamos con que la única ayuda de calidad que puede recibir una persona con Alzheimer es tener las 24 horas del día a una persona para atenderla.  Si esa es la expectativa que se tiene de las residencias no creo que nunca podamos verla alcanzada y no es por otro motivo que por los costes.

Cuando una persona cuida en casa a un enfermo de Alzheimer le dedica unas horas y un esfuerzo repartido durante todo el día, todos los días.  Una dedicación que si se tuviese que pagar equivaldría a contratar a cuatro personas para el cuidado de una.

Las residencias en la actualidad tienen ratios de personal que suponen aproximadamente un empleado por cada dos residentes.  Además ofrecen servicios de animación, actividades y atención.  En definitiva, un sustituto del hogar, pero simplemente eso, un sustituto.

Me parece que la idea de ancianos esperando la muerte y visitas que no llegan, a pesar de sonar muy emotivo no dice nada de las residencias.  Esos mismos mayores podrían estar en su casa esperando la muerte y visitas que no llegan o en una parada de autobús.  O incluso en su casa conviviendo con familiares, esperando la muerte o que ellos les hagan caso.

Cualquier simplificación es empobrecedora.  Yo me quedo con la imagen del sector de la atención a mayores en movimiento:  Visité mi primera residencia como inspector en 1991 y el viernes pasado fui a visitar una.  Lo importante es cómo ha avanzado la atención y que la mejora no ha parado.  El problema es que cuanto mejores sean las residencias más costará mantenerlas y no sabemos cuántos podrán pagarlas (en ese "cuántos" incluyo a las administraciones).