Tengo en un armario una caja, de esas que en las oficinas utilizan para archivar documentos que no se consultan a menudo. En ella voy poniendo cosas importantes para mí. Hoy iba a guardar un papel y he visto que estaba tan llena que no cabía nada más. Intentando localizar cosas que pudiera tirar para hacer sitio me he puesto a mirar el contenido. Al final he decidido empezar una "caja número 2" y me he quedado en la mesa con un boletín de comunicación interna del Departamento de Benestar Social de la Generalitat de Octubre de 1995 en el que escribí un artículo. El boletín es verdaderamente rupestre, no más que unas fotocopias dobladas que nos daban a los funcionarios con información quincenal.
Esto es lo que escribí hace dieciocho años:
Creo que todos pasamos por momentos en la vida en los que nos paramos un instante y miramos atrás. Las hojas del calendario pavimentan el suelo y sólo algunos recuerdos brotan sobresaliendo entre la intrascendencia. Las cosas buenas luchan por colocarse en un primer plano de la memoria intentando disolver los recuerdos amargos que menguan relativizados.
Pronto hará cinco años desde que empecé a trabajar en el Departamento de Bienestar Social, concretamente como inspector de servicios sociales, lo que en mi caso es casi como decir inspector de residencias para mayores. Mi trabajo podría definirse como un entrometido profesional, una especie de invasor cualificado que entra en casa de los demás i lo mira, mide, pregunta y comprueba todo. Sería un trabajo menospreciable si no fuera porque su finalidad es que se cumpla la Ley y que las personas que viven en residencias tengan garantizado un trato digno y respetuoso. Día tras día, centro tras centro el trabajo es esencialmente el mismo. Resulta sin embargo sorprendente que nunca nada se repita. Siempre hay un mayor que te explica algo de su vida anterior al ingreso, una residente que te confunde con un ser querido y te da un abrazo inesperado transmitiendo un amor que aunque es robado, por un momento recibes como propio. Resulta sorprendente como las personas convertidas en residentes explican a un desconocido cosas que antes hubiesen guardado como un tesoro de su intimidad.
Por eso, cuando imagino estos cinco años, veo un mosaico de piezas desiguales de las que destacan situaciones, personas y momentos. Me parece ver a la señora Pepita, de 84 años, que vive en una residencia de Osona. En seguida se sabe que fue cantante (guarda una foto preciosa en el dormitorio en la que aparece acompañada por Mari Sanpere) y no hace falta insistir demasiado para que, con una voz que conserva la calidad de quien fue profesional, te regale una aria de Aida o un cuplé de después de la guerra.
Las primeras veces que fui al centro, dedicaba un rato a hablar con ella y preguntarle cómo iba todo. La última, cuando estaba a punto de irme una voz desde una silla de ruedas me preguntó "¡Qué! ¿Ya no quiere saber nada de mí?". Aquel día, imperdonable, había hablado con otros residentes y me había olvidado de la señora Pepita.
También me viene al recuerdo ese hombre de 93 años que pensaba que lo estaban envenenando porque últimamente se olvidaba de algunas cosas y se le iba la cabeza. Me decía que había luchado en Marruecos, en la guerra civil, había vivido en el exilio y nunca ¡Nunca! había olvidado nada por lo que seguro que sus olvidos se debían a algo que le ponían en la comida.
También el personal de las residencias tienen un lugar en el mosaico. Es cierto que algunos empresarios miran más la peseta que la asistencia, pero hay muchos más que han modernizado las instalaciones, preparado al personal y dan servicios de calidad. En más de una ocasión he visto centros privados que mantienen a usuarios que no podían pagar el precio establecido y personal de residencia que ha pasado días en un hospital acompañando, fuera de su horario y sin cobrar, a un residente sin familia.
Las residencias, por ignorancia o por desinterés tienen un grado de mala fama que es injusta y no responde a la situación real. Los medios de comunicación sobredimensionan lo que es extraordinario y, casi nunca hacen público lo que pasa con más frecuencia. Por eso, cuando, con más o menos fortuna han reflejado una situación límite, han transmitido a la sociedad la sensación de que las residencias son todas malas.
Repasando mentalmente lo que he conocido, sólo puedo pensar que en cinco años, las cosas han cambiado mucho en el mundo de las residencias, y casi todas a mejor.
La adminstración, que ha hecho un considerable esfuerzo en la creación de plazas públicas, se ha visto acompañada por una sociedad civil que, en forma de órdenes religiosas, fundaciones, cooperativas y asociaciones han tejido una tupida red de servicios para los que no pueden permanecer en su casa. Y, al lado de la iniciativa no lucrativa, disponemos actualmente de un sector privado que entiende que el futuro se sitúa en la prestación de servicios de calidad.
Hace cinco años muchos titulares de centros desconocían la existencia de la normativa. Hoy es el propio sector el que empuja a la administración hacia el reciclaje y la profesionalización.
Creo que el cambio hacia mejor no se ha hecho gracias a alguien en concreto. Es un proceso de esfuerzo común que continua y del que, hoy, acompañado por los habitantes de mi memoria, me siento orgulloso de poder formar parte.
Cuántas vueltas da la vida.
Al releer lo que escribí hace dieciocho años me he dado cuenta de que me había olvidado del señor que había luchado en Marruecos. La señora Pepita Riera, que vivió en la residencia (hoy cerrada) Mas Ricart, sigue allí en el recuerdo.
Opiniones sobre atención a personas mayores, Ley de Dependencia y políticas públicas. Cooperación público privada. Residencias, centros de día y servicios de ayuda a domicilio.
domingo, 17 de febrero de 2013
martes, 12 de febrero de 2013
¿DESATAR O LIBERAR?
Dejé de ser inspector de residencias hace casi trece años y uno de los recuerdos que conservo de los últimos que pasé en ese trabajo es el de una colaboración que tuvimos con la Fiscalía de Girona, sería, calculo hacia 1998, que consistía en hacer visitas conjuntas a las residencias, una fiscal y un inspector, con la finalidad de saber si se aplicaban correctamente las comunicaciones al juzgado de los ingresos de presuntos incapaces y las contenciones.
Por entonces la normativa no mencionaba expresamente las contenciones físicas ni farmacológicas de forma que las inspecciones se limitaban a pedir que hubiese una pauta médica y que se utilizase un medio homologado para aplicarlas. Después vendrían las prescripciones pautadas, los protocolos, los registros y la conciencia de que, "eso de usar contenciones en residencias" tenía un cariz especial que merecía un control y supervisión exhaustivos.
Quince años después. La normativa sobre residencias en muchas comunidades autónomas establece unos requisitos restrictivos para el uso de contenciones en residencias y tipifica el uso indebido como una infracción merecedora de sanción.
El trayecto entre la situación de antaño y la de ahora me lleva a pensar en dos cosas.
La primera es que resulta sorprendente ver cómo en la cabeza de nuestros legisladores existe un ánimo regulador sobre esta cuestión cuando las contenciones se realizan en residencias pero no cuando se ponen en un hospital. Recientemente me comentaba el director de un centro que un usuario, que en la residencia no tenía ningún sistema de sujeción prescrito, cuando fue trasladado a un hospital vio como, cuando le pusieron una sonda nasogástrica, de forma casi automática le aplicaron una contención en la mano para que no se la arrancase. Lo curioso es que en el hospital, donde habían pedido a la familia el consentimiento escrito para la sonda, no les hicieron firmar nada sobre la contención.
Estoy seguro que los profesionales que trabajan en hospitales tienen, como mínimo tanta preocupación como los que trabajan en residencias por mantener el bienestar de sus pacientes. Pero aún estoy más seguro de que no entenderían que un "inspector de hospitales" les hubiera sancionado por la aplicación, sin prescripción y consentimiento expreso, de la contención de la mano.
Así, para empezar tenemos dos realidades. En la residencial se tiende a la limitación del uso de contenciones, en parte porque los responsables de los centros consideran que es algo bueno, pero sobre todo porque si no lo hacen se enfrentan a posibles sanciones. En un entorno hospitalario, la reducción en el uso de contenciones surgirá siempre de un ánimo de "hacer mejor" pero no del miedo a ser sancionado.
La segunda cosa que me sorprende es el surgimiento no de uno sino de dos modelos que permiten a las residencias "andar el camino" hacia la reducción y/o eliminación de sujeciones. Me refiero, por supuesto a "Desatar al anciano" de CEOMA y a "Libera Ger" de la Fundación Cuidados Dignos.
Hace dos años, cuando organizamos las Jornadas anuales de Inforesidencias.com intenté hacer un cara a cara entre el Dr. Burgueño y la Dra. Urrutia, las caras visibles de cada uno de los modelos, pero el primero excusó su participación con lo que no pude obtener la respuesta a la pregunta que buscaba: Si una residencia quiere "andar el camino" ¿que modelo le conviene más escoger?
La respuesta no es baladí ya que ninguno de los dos es barato. En ambos casos, supone contratar una consultoría, una formación del personal, un acompañamiento y, si se desea, finalmente una certificación. En ambos casos no se trata únicamente de "quitar contenciones" sino de trabajar de otra forma en la que las contenciones no tienen lugar. O sea que valdría la pena que alguien pudiese hacer una evaluación de ambos sistemas y la explicase al mundo.
Para complicar un poco más las cosas hay formas nuevas de trabajar y afrontar la atención de los mayores en residencias como la planificación (o atención) centrada en la persona o la Dementia Care Maping (DCM). Estas no tienen por objetivo principal reducir las contenciones aunque sus promotores dicen que puede ser una consecuencia de su aplicación.
Y en medio de toda esta marea de ideas están los profesionales que, hasta hace poco pensaban que trabajaban bien con sus equipos interdisciplinares, sus programas, protocolos y registros y que, ahora, cuando van a una jornada o curso de los que abundan tanto, se sienten un poco menospreciados ya que salen con la sensación que desde la mesa de ponentes les están diciendo que cuidan mal.
Yo creo que resulta muy enriquecedor para el sector que finalmente aparezcan diferentes "escuelas de pensamiento" tal como sucede en todos los ámbitos de actividad humana mínimamente evolucionados. Es más, me parece que sería positivo que apareciesen más
En algunas jornadas he escuchado defender que las contenciones son tratamientos médicos y cómo tal deberían se tratados, este argumento suele dar de sí ante un foro pero me gustaría, si es que es una tendencia científica, poder leer sobre ella como puedo leer sobre "desatar" o "liberar". En otros países se apuesta por modelos de atención a personas mayores en residencias mucho más "desprofesionalizado" que el nuestro pero nadie ha traído un modelo que pueda contrastarse con otros.
El problema para muchos gestores de residencias es que este "florecimiento doctrinal", coincide con una época de grave sequía económica, lo que para muchos es causa de desasosiego.
Creo que la clave para que los diferentes modelos se pudieran contrastar y valorar sería, como en muchas otras ocasiones, pasar el protagonismo a los ciudadanos. Si de verdad la aplicación de estos modelos producen formas diferentes de atender con distintos resultados sobre la calidad de vida de los usuarios (y quizás con diferentes precios), lo importante será que exista una gran transparencia, que se publiquen estudios y comparaciones. Que se discuta y se compita y, al final se planteen los modelos a quiénes los van a pagar.
Hasta que llegue esa transparencia los gerentes de centros tendrán que seguir preguntándose ¿desatar, liberar... o quizás racionalizar desde dentro sin ayuda exterior?
Autor del post: Josep de Martí
Y en medio de toda esta marea de ideas están los profesionales que, hasta hace poco pensaban que trabajaban bien con sus equipos interdisciplinares, sus programas, protocolos y registros y que, ahora, cuando van a una jornada o curso de los que abundan tanto, se sienten un poco menospreciados ya que salen con la sensación que desde la mesa de ponentes les están diciendo que cuidan mal.
Yo creo que resulta muy enriquecedor para el sector que finalmente aparezcan diferentes "escuelas de pensamiento" tal como sucede en todos los ámbitos de actividad humana mínimamente evolucionados. Es más, me parece que sería positivo que apareciesen más
En algunas jornadas he escuchado defender que las contenciones son tratamientos médicos y cómo tal deberían se tratados, este argumento suele dar de sí ante un foro pero me gustaría, si es que es una tendencia científica, poder leer sobre ella como puedo leer sobre "desatar" o "liberar". En otros países se apuesta por modelos de atención a personas mayores en residencias mucho más "desprofesionalizado" que el nuestro pero nadie ha traído un modelo que pueda contrastarse con otros.
El problema para muchos gestores de residencias es que este "florecimiento doctrinal", coincide con una época de grave sequía económica, lo que para muchos es causa de desasosiego.
Creo que la clave para que los diferentes modelos se pudieran contrastar y valorar sería, como en muchas otras ocasiones, pasar el protagonismo a los ciudadanos. Si de verdad la aplicación de estos modelos producen formas diferentes de atender con distintos resultados sobre la calidad de vida de los usuarios (y quizás con diferentes precios), lo importante será que exista una gran transparencia, que se publiquen estudios y comparaciones. Que se discuta y se compita y, al final se planteen los modelos a quiénes los van a pagar.
Hasta que llegue esa transparencia los gerentes de centros tendrán que seguir preguntándose ¿desatar, liberar... o quizás racionalizar desde dentro sin ayuda exterior?
Autor del post: Josep de Martí
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viernes, 25 de enero de 2013
EL AYUNTAMIENTO DE BARCELONA SE APUNTA AL "BAILE DEL ENDOSE DE LAS PEVS"
Las Prestaciones Económicas Vinculadas (PEV), esas prestaciones económicas que reciben los dependientes para que puedan pagarse servicios acreditatos, llevan un tiempo siendo centro de atención por un pequeño matiz: ¿Quién debe cobrarlas?.
Según el texto de la Ley de Dependencia parece que es el ciudadano quien debiera hacerlo ya que se trata de una prestación económica y lo más lógico es que la cobre el beneficiarios. Ahora bien, existe la posibilidad de que, si este beneficiario se encuentra viviendo en una residencia, en vez de pagarle a él (o ella) para que a su vez pague a la residencia, la administración pague directamente a la residencia.
Los que levan unos años en el sector recordarán que esta discusión se tuvo hace unos quince años cuando se implantó el sistema de "colaboración" (Programa de Suport a l'Acolliment Residencial), que se parece mucho a la PEV. Entonces algunas residencias se quejaban de que algunos residentes cobraban la ayuda pero no la pagaban a la residencia. Se pensó entonces en que los residentes podían "endosar la prestación" como si fuese un cheque de forma que cobrase directamente el centro. Fue pasando el tiempo y, con el sistema de entonces, en el que cada año había una convocatoria, el sistema de pago directo se acabó imponiendo.
A medida que se ha ido desarrollando y aplicando la Ley de Dependencia (LAPAD) y que en Cataluña las PEV han ido tomando relevancia estadística la cuestión se vuelve a plantear: Algunas residencias, que han visto como en casos puntuales un residente o sus familiares no les pagaban la PEV, preferirían cobrarla directamente pero muchos otros temen que si se efectua el endose la Generalitat puede dejar de ser diligente en los plazos de pago. Tienen cierto fundamento ya que, en las ocasiones en que la Generalitat ha anunciado una suspensión en el pago (Septiembre de 2011 y Julio de 2012), ésta no ha afectado a las PEV com sí lo ha hecho con la colaboración, concierto y contratos de gestión. Ver lo que dije en Agosto de 2012.
La situación se plantea peculiar. ICASS ha invitado mediante carta a las residencias acreditadas a dar los datos bancarios para recibir directamente el dinero. Algunas residencias lo han entendido como una presión, pero desde ICASS nos han asegurado de que no hay presión sino opción.
El resultado es que existe algo de confusión. Las residencias están optando pero las que prefieren no endosar se sienten un poco intranquilas.
Ahora el Ayuntamiento de Barcelona entra en el baile enviando a las residencias que acogen a usuarios de un programa de atención urgente a personas mayores un mail en el que les dicen textualmente "Entendemos que es importante para nuestro servicio que las residencias donde se ubican las plazas de SAUV hayan aceptado el endose".
¿Que quiere decir que "es importante"? ¿Y por qué puede ser importante para el Ayuntamiento de Barcelona un aspecto burocrático de gestión de una prestación sobre la que no tiene ninguna competencia? Si, "es importante" lo te dice una persona corriente se puede entender una cosa, si te lo dice quien, en una situación como la actual, te está ocupando algunas plazas de la residencia es fácil entender "Como no aceptes el endose olvídate de las plazas de SAUV".
Entiendo que ante "lo importante" que es para el Ayuntamiento las residencias receptoras del mensaje hayan corrido a aceptar el endose.
Lo que no acabo de entender es cómo pueden lCASS, el Ayuntamiento o las residencias decidir cómo se cobran o dejan de cobrar las PEVs. En mi ignorancia creo que de alguna manera habría que hacer participar al beneficiario de la ayuda y que deberían ser el o la dependiente quien decidiese cobrar directamente o que se pague al centro. ¿Escuchar la opinión del beneficiario de la prestación? Eso sí es importante.
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