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lunes, 15 de diciembre de 2014

CUATRO MITOS A DESTERRAR SOBRE RESIDENCIAS GERIÁTRICAS

Uno de los factores que influyen a la hora de encontrar una residencia geriátrica adecuada es el vencer algunos prejuicios que existen.  Verdaderos mitos a desterrar.  Aquí hay cinco.

Si no puedo cuidar de mí mismo en casa, una residencia es la única opción. 

La verdad es que hoy en día, hay muchas opciones para ayudar a personas mayores para que puedan quedarse en su casa.  Éstas van desde ayuda a domicilio que incluye apoyo con las compras o el lavado de su ropa así como el acompañamiento fuera de casa para hacer gestiones o visitas médicas.

Si las opciones de cuidado en el hogar ya no son factibles. Dependiendo del caso, la persona mayor podría considerar ir a vivir a una vivienda con servicios, también conocidas como apartamentos tutelados.  La verdad es que existen pocos establecimientos de este tipo y no están bien distribuidos por lo que es una opción que en muchos casos no se podrá ni tener en cuenta.

Las residencias geriátricas son para las personas cuyas familias no se preocupan por ellos

Muchas personas creen firmemente que es deber de la familia cuidar a los "ancianos de casa". Sin embargo, en el mundo actual las familias son más reducidas, viven alejadas entre sí y ven como los mayores cada vez viven más años y, en muchos casos, con un estado de salud delicado que obliga a recibir atenciones.  Eso complica el cuidar "en familia" y hace que puedan aparecer  conflictos debido a que lo que se cree que se debería hacer y lo que se puede hacer resulta incompatible.

Que alguien ingrese en una residencia geriátrica no significa que su familia no se preocupe por él o ella.  Saber hasta cuándo se puede cuidar "en familia" y cuando, si llega el momento, hay que optar por el ingreso demuestra aprecio y responsabilidad.

Lo cierto es que sólo el 5% de las personas mayores acaban necesitando ingresar en una residencia. Las familias de ese 5% decidirán el ingreso demostrando que quieren y se preocupan por sus mayores.

La gente mayor no vive bien en las residencias 

Muchas personas creen que las residencias son "lugares de abandono" donde no se cuida bien y a las que sólo se va si no se tiene más remedio.

La verdad es que el funcionamiento de las residencias ha cambiado mucho en los últimos años. Antes eran establecimientos asilares para pobres y desamparados que ofrecían poco más que la subsistencia de los ancianos.  Hoy las residencias funcionan como una organización profesional de atención que tiene en cuenta las necesidades y deseos de los mayores.

La actividad de las residencias está muy reglamentada y supervisadas por parte de las administraciones.  Las normativas exigen unas condiciones arquitectónicas estrictas, unas exigencias de personal que pasa por la existencia de un equipo interdisciplinar y un sistema de trabajo basado en protocolos, registros y programas de atención.

Cuando ingresas en una residencia, es para siempre

Aunque muchas personas ingresan en residencias sufriendo enfermedades o afecciones de las que no podrán recuperarse pero que pueden mejorar su calidad de vida en un establecimiento residencial; muchas otras buscan una residencia después de una hospitalización repentina, ocasionada por una caída o un accidente cerebrovascular.  En esos casos, los servicios de rehabilitación, terapia ocupacional y la atención especializada permiten en muchos casos la recuperación y el regreso al domicilio.

Si, se consigue que las personas que necesitan una residencia no teman por cosas que no tienen fundamento podríamos conseguir que los que de verdad necesitan ingresar en una pudieran hacerlo viviendo la experiencia con la mayor normalidad posible.

A ver si llegamos a verlo.

Autor del post:  Josep de Martí

miércoles, 21 de agosto de 2013

DIEZ CLAVES PARA ELEGIR UNA RESIDENCIA DE PERSONAS MAYORES

Desde diferentes lugares de plantean diferentes consejos a la hora de elegir una residencia para personas mayores.  Desde un check list para comparar residencias de ancianos, a una lista de errores más comunes al elegir residencia, y otros por el estilo.

Hoy he llegado a ver un decálogo que plantean desde  A.Va. F. U. R.Ce.G (ya sé que el nombre suena un poco raro pero responde a Asociación Valenciana de Familiares de Usuarios-Residentes de Centros Geriátricos"),  una asociación que, según he podido leer nació para denunciar las “graves negligencias” que se cometen en algunas residencias, con la firme intención de que “si los vigilamos y denunciamos, la cosa cambiará". 

Aunque en principio una asociación que nace para denunciar corre el riesgo de transmitir una imagen del sector injustamente sesgada, me ha parecido que el hecho de plantear un decálogo puede resultar interesante.  Esto es lo que dicen:

1. Hable con el director de la residencia y el personal directivo del centro para conocer su funcionamiento, pero no deje de hacerlo también con algún familiar de otro residente que vaya todos los días. Pregúntele, por ejemplo, si su allegado tiene habitualmente infecciones de orina: eso puede ser síntoma de que la frecuencia en los cambios de pañal es precaria, o puede existir falta de higiene por limitación de personal o recortes presupuestarios.

2. Obtenga información sobre la facilidad de acceso a la persona que dirige el centro ¿hay que pedir cita con días de antelación o se puede conseguir el mismo día?

3. Es importante elegir una residencia de puertas abiertas, es decir a la que se pueda acudir sin avisar, y en la que se pueda entrar a cualquier sala. Eso garantiza la transparencia.

4. Pregunte sobre la comida pero teniendo en cuenta que a los pacientes diabéticos o hipertensos no suele gustarles las comidas de dieta, lo que no significa que esté mal cocinada o sea escasa. El familiar también debería tener acceso a la supervisión del menú, sobre todo si el residente tiene deficiencias cognitivas.

5. Es recomendable que haya un médico de lunes a sábado, al menos media jornada y una enfermera 24 h al día. Cada comunidad autónoma tiene sus propios ratios en cuanto a los  profesionales necesarios por número de residentes.

6. Infórmese sobre el plan de trabajo del fisioterapeuta y del técnico de animación cultural (TASOC). Un buen plan de trabajo del primero sería que aplique una terapia individual, según las necesidades de cada mayor, aunque también se puedan realizar por grupos. El TASOC suele actuar según las indicaciones del psicólogo o incluso del fisioterapeuta, ofreciéndoles actividades de animación y ejercicios variados.

7. El asistente social debe informar correctamente de las subvenciones, tramitando con rapidez  los informes y  haciendo seguimientos de ellos.

8. El psicólogo es otro de los profesionales clave para el bienestar del residente, aunque la ratio que marca la legislación autonómica es muy baja (en la Comunidad Valenciana, por ejemplo, se cifra en 6 h semanales de trabajo para atender hasta 50 residentes). En este contexto lo que se debe esperar es que el psicólogo informe a los familiares periódicamente (cada 3-6 meses) para orientar sobre la evolución del paciente o si surge alguna variante importante en su salud psíquica.

9. La administración de medicamentos debe realizarla una enfermera/o y no un auxiliar o  gerocultor. Esto es muy importante para tratar de evitar errores en su administración.

10. Al entrar por primera vez en una residencia es importante observar la limpieza del espacio, no percibir olores desagradables, y darse cuenta de si los residentes van bien vestidos y aseados, además de que el trato con el personal sea amable.

Aunque me parece que se basa mucho en la presencia de una serie de profesionales y deja algunos aspectos importantes (comprobación del contenido del reglamento de régimen interior, el contrato, los horarios de vida del residente y no sólo de las visitas, la posibilidad de elegir...), me parece interesante que surjan herramientas de ayuda a quienes tienen que buscar una residencia de mayores para un ser querido.

lunes, 22 de julio de 2013

¿HACIA DÓNDE, POR FAVOR?

Aunque mi labor en el  portal www.inforesidencias.com debería ser la de mantener una relación "virtual" con las casi setecientas residencias asociadas, lo cierto es que últimamente no dejo de hablar por teléfono con gestores y profesionales de centros que se encuentran, según me comentó uno hace unos días, "cómo si me hubiesen dado un golpe en la cabeza y por un momento no reconociese nada de lo que hay alrededor".

Llevo veintiún años trabajando en este sector, tanto desde la administración como desde la empresa y recuerdo haber vivido momentos en los que la gente estaba "relativamente contenta", a veces "bastante enfadados" pero nunca como ahora.

Durante muchos años el sector gerontológico ha pedido unas reglas del juego claras y estables.  Algo que parecía que la Ley de Dependencia nos podía traer.  El sueño ha durado poco y ahora parece que más que haber hecho bien, la Ley ha sido como un chute de una droga de esas que crean una sensación de euforia sin fundamento que viene seguida de la lógica depresión.


Hace pocos días leía que la renombrada consultora DBK publicaba su informe anual sobre el sector de las residencias para personas mayores en España.  Como lo lleva haciendo desde hace unos cuantos años, puede compararse el de 2012 ("El sector geroasistencial nota la crisis") con lo que ha dicho en el último ("Las residencias para mayores bajan su facturación un 2% en un año").  Como los informes llevan datos del año anterior, podemos decir que el último año en que el sector creció fue 2011.  En 2012 las cosas fueron mal y en 2013...

Esto son sólo dos noticias aparecidas en los medios las últimas semanas:


Si lo queremos ver por el lado positivo podríamos pensar que quien buscar residencia para mayores en Burgos o quien busca residencias en Vizcaya ahora podrá encontrar precios más bajos debido a que la competencia y la existencia de vacantes habrá hecho abaratar el servicio.

Si bien eso es cierto en parte, también lo es que la estructura de costes de una residencia viene marcada de forma profunda por el capítulo de personal y que, debido a que muchos centros llevan muchos años funcionando la antigüedad de la plantilla hace difícil adaptar los costes a una bajada de ocupación.  Por eso, si la situación se alarga en el tiempo, el cierre de residencias y consecuente despido de personal dejará de ser una realidad anecdótica.  O sea, que esas residencias a buen precio de ahora pueden convertirse en edificios cerrados mañana.

Ahora que nuestros gobernantes, por enésima vez nos dicen que lo peor de la crisis ya ha pasado y que vamos a empezar a salir del hoyo habría que pedirles que, de una vez por todas se den cuenta de que gastar en servicios de atención a mayores, sobre todo si éstos son residencias para mayores dependientes, centros de día y servicios de ayuda a domicilio, es algo positivo en sí mismo.  Sé que no lo creen o no lo entienden pero hay que hacérselo ver.

Cuesta mucho dinero construir una residencia de tercera edad y mantenerla hasta que su funcionamiento cubre los costes y permite empezar a recuperar la inversión.  Sería desastroso perder el tejido empresarial, y benéfico que actualmente cubre nuestro país.

Alguien me dijo que la crisis era como estar en el fondo de una piscina, tienes que aguantar la respiración e intentar subir a la superficie para tomar aire.  Tienes que esforzarte para subir aunque te duela todo. Puedes ahogarte a dos metros de tu meta o a dos centímetros, además, si lo haces tan cerca del final estarás igual de ahogado que si no te hubieras esforzado.

Creo que el sector de las residencias (ya se les llame de tercera edad, geriátricas, para ancianos, o como cada cual quiera), ha hecho esfuerzos importantísimos estos años.  Sería tan tonto dejar que se ahogue cuando parece que la superficie esta cerca que no quiero no imaginármelo.

Hoy las residencias para mayores privadas (mercantiles y de iniciativa social) piden a la administración lo mismo que hace cinco años: un marco estable y una financiación acorde con las exigencias.  Si tienen esto pueden vender sus plazas a la administración y al cliente privado.

A quien corresponda, pues, la pregunta ¿Hacia dónde, por favor?

Autor del post Josep de Martí

martes, 12 de febrero de 2013

¿DESATAR O LIBERAR?

Dejé de ser inspector de residencias hace casi trece años y uno de los recuerdos que conservo de los últimos que pasé en ese trabajo es el de una colaboración que tuvimos con la Fiscalía de Girona, sería, calculo hacia 1998, que consistía en hacer visitas conjuntas a las residencias, una fiscal y un inspector, con la finalidad de saber si se aplicaban correctamente las comunicaciones al juzgado de los ingresos de presuntos incapaces y las contenciones.

Por entonces la normativa no mencionaba expresamente las contenciones físicas ni farmacológicas de forma que las inspecciones se limitaban a pedir que hubiese una pauta médica y que se utilizase un medio homologado para aplicarlas.  Después vendrían las prescripciones pautadas, los protocolos, los registros y la conciencia de que, "eso de usar contenciones en residencias" tenía un cariz especial que merecía un control y supervisión exhaustivos.

Quince años después.  La normativa sobre residencias en muchas comunidades autónomas establece unos requisitos restrictivos para el uso de contenciones en residencias y tipifica el uso indebido como una infracción merecedora de sanción.

El trayecto entre la situación de antaño y la de ahora me lleva a pensar en dos cosas.  

La primera es que resulta sorprendente ver cómo en la cabeza de nuestros legisladores existe un ánimo regulador sobre esta cuestión cuando las contenciones se realizan en residencias pero no cuando se ponen en un hospital.  Recientemente me comentaba el director de un centro que un usuario, que en la residencia no tenía ningún sistema de sujeción prescrito, cuando fue trasladado a un hospital vio como, cuando le pusieron una sonda nasogástrica, de forma casi automática le aplicaron una contención en la mano para que no se la arrancase.  Lo curioso es que en el hospital, donde habían pedido a la familia el consentimiento escrito para la sonda, no les hicieron firmar nada sobre la contención.

Estoy seguro que los profesionales que trabajan en hospitales tienen, como mínimo tanta preocupación como los que trabajan en residencias por mantener el bienestar de sus pacientes.  Pero aún estoy más seguro de que no entenderían que un "inspector de hospitales" les hubiera sancionado por la aplicación, sin prescripción y consentimiento expreso, de la contención de la mano.

Así, para empezar tenemos dos realidades.  En la residencial se tiende a la limitación del uso de contenciones, en parte porque los responsables de los centros consideran que es algo bueno, pero sobre todo porque si no lo hacen se enfrentan a posibles sanciones.  En un entorno hospitalario, la reducción en el uso de contenciones surgirá siempre de un ánimo de "hacer mejor" pero no del miedo a ser sancionado.

La segunda cosa que me sorprende es el surgimiento no de uno sino de dos modelos que permiten a las residencias "andar el camino" hacia la reducción y/o eliminación de sujeciones.  Me refiero, por supuesto a "Desatar al anciano" de CEOMA y a "Libera Ger" de la Fundación Cuidados Dignos.

Hace dos años, cuando organizamos las Jornadas anuales de Inforesidencias.com intenté hacer un cara a cara entre el Dr. Burgueño y la Dra. Urrutia, las caras visibles de cada uno de los modelos, pero el primero excusó su participación con lo que no pude obtener la respuesta a la pregunta que buscaba: Si una residencia quiere "andar el camino" ¿que modelo le conviene más escoger?

La respuesta no es baladí ya que ninguno de los dos es barato.  En ambos casos, supone contratar una consultoría, una formación del personal, un acompañamiento y, si se desea, finalmente una certificación.  En ambos casos no se trata únicamente de "quitar contenciones" sino de trabajar de otra forma en la que las contenciones no tienen lugar.  O sea que valdría la pena que alguien pudiese hacer una evaluación de ambos sistemas y la explicase al mundo.

Para complicar un poco más las cosas hay formas nuevas de trabajar y afrontar la atención de los mayores en residencias como la planificación (o atención) centrada en la persona o la Dementia Care Maping (DCM).  Estas no tienen por objetivo principal reducir las contenciones aunque sus promotores dicen que puede ser una consecuencia de su aplicación.

Y en medio de toda esta marea de ideas están los profesionales que, hasta hace poco pensaban que trabajaban bien con sus equipos interdisciplinares, sus programas, protocolos y registros y que, ahora, cuando van a una jornada o curso de los que abundan tanto, se sienten un poco menospreciados ya que salen con la sensación que desde la mesa de ponentes les están diciendo que cuidan mal.

Yo creo que resulta muy enriquecedor para el sector que finalmente aparezcan diferentes "escuelas de pensamiento" tal como sucede en todos los ámbitos de actividad humana mínimamente evolucionados. Es más, me parece que sería positivo que apareciesen más

En algunas jornadas he escuchado defender que las contenciones son tratamientos médicos y cómo tal deberían se tratados, este argumento suele dar de sí ante un foro pero me gustaría, si es que es una tendencia científica, poder leer sobre ella como puedo leer sobre "desatar" o "liberar".  En otros países se  apuesta por modelos de atención a personas mayores en residencias mucho más "desprofesionalizado" que el nuestro pero nadie ha traído un modelo que pueda contrastarse con otros.

El problema para muchos gestores de residencias es que este "florecimiento doctrinal", coincide con una época de grave sequía económica, lo que para muchos es causa de desasosiego.

Creo que la clave para que los diferentes modelos se pudieran contrastar y valorar sería, como en muchas otras ocasiones, pasar el protagonismo a los ciudadanos.  Si de verdad la aplicación de estos modelos producen formas diferentes de atender con distintos resultados sobre la calidad de vida de los usuarios (y quizás con diferentes precios), lo importante será que exista una gran transparencia, que se publiquen estudios y comparaciones.  Que se discuta y se compita y, al final se planteen los modelos a quiénes los van a pagar.

Hasta que llegue esa transparencia los gerentes de centros tendrán que seguir preguntándose ¿desatar, liberar... o quizás racionalizar desde dentro sin ayuda exterior?

Autor del post:  Josep de Martí