viernes, 21 de junio de 2013

UN MODELO POR FAVOR

Navegando hoy por la  blogosfera he llegado a un post que me ha hecho sonreír y que os invito a leer, se llama Quién cuida las gallinas y viene a ser una visión algo afilada sobre las experiencias que empiezan a surgir de atención centrada en la persona en unidades de convivencia dentro de residencias.

Hace unos días coincidí con Pilar Rodríguez, una de las propulsoras del sistema en unas jornadas en Alicante, organizadas por Novaire, en las que tuvimos la ocasión de tratar del tema de una forma muy interesante.  Yo veía (y sigo viendo) que esas son las residencias que quiero tener cuando yo las necesite.  Ella me insistía que no quiera esperar tanto, que las podemos tener mucho antes.  También a Pilar le recomiendo la lectura del post.

Y al hilo de esa idea, os planteo esta reflexión que escribí hace unos meses para una patronal:


Inforesidencias.com organiza cada año, desde hace siete, un viaje geroasistencial a un país europeo.  Hemos ido tres veces a Suecia, dos a Alemania, y una a Francia y Holanda.  Siempre se trata de más o menos lo mismo:  un grupo de profesionales y propietarios de residencias viajan juntos a otro país para que les expliquen cómo funcionan allí las cosas,  poder ver en directo alguna residencia y centro de día de día y volver con ideas que puedan ayudar de regreso a casa.

Suele suceder que las circunstancias son tan diferentes en los países que visitamos con respeto a España que, aunque se puedan traer ideas concretas, resulta difícil inspirarse en el modelo.  Así, en el primer viaje que organizamos, al que asistieron varios miembros de la entonces AMRTE, pasó algo curioso: Cuando entramos en la primera residencia nos dijeron que para atender a grandes dependientes tenían enfermeras, ayudantes de enfermeras y auxiliares.  Nos sorprendió que no hubiese otros profesionales por lo que preguntamos insistentemente.  Cuando nos confirmaron que no, les dijimos que en España las residencias tenían médico, enfermera, fisioterapeuta, animador, trabajador social, terapeuta ocupacional, etc..  Ellos nos respondieron sorprendidos: “Así eran aquí las residencias hace treinta años.  Después fue cambiando porque resultaba demasiado caro y se vio que tampoco hacía tanta falta”.

En Suecia las residencias suelen estar constituidas por varios módulos en los que hay entre ocho y doce habitaciones alrededor de una sala común en la que hay una cocina.  Cada residente tiene una habitación individual amplia con baño y otra cocinita.  Si la persona tiene demencia la cocinita está desconectada.  La clave es que se parezca a un domicilio.  Los mayores conviven con las cuidadoras en la sala común.  Allí mismo se cocina, comen juntos mayores y gerocultoras y hacen actividades de las que haría alguien en su casa.

Nuestro segundo viaje a Suecia tuvo unos asistentes peculiares:  Ni más ni menos que el consejero y la gerente de servicios sociales de una Comunidad Autónoma.  Las cosas de la vida han hecho que estas personas, con el paso del tiempo, hayan acabado siendo, uno, director general del IMSERSO, la otra, consejera de servicios sociales de esa comunidad.  Y mira tú por dónde, parece que les gustó tanto el modelo que vieron durante el viaje, que han querido traerlo para acá.

Aunque los suecos no hablen literalmente de atención “centrada en la persona” ni de “housing” parece que es lo que hacen. Cada vez que leo los documentos que ha publicado el IMSERSO o asisto a alguna de las múltiples sesiones explicativas sobre el “nuevo” modelo, me parece que me están explicando lo de Suecia con alguna variante.  Es más, en algunas de esas conferencias, veo fotografías que corresponden a residencias suecas.

Vaya por delante que, cada vez que visito las residencias “tipo sueco” pienso que, si alguna vez necesito ingresar en una, me gustaría que fuese de este tipo.  Pero, dicho esto, cuando vuelvo a España me encuentro con nuestra realidad y me pregunto ¿Serán así las residencias aquí alguna vez?
Pensemos que una clave del “nuevo modelo” es dar un gran protagonismo a la gerocultora, lo que comporta necesariamente  que lo pierda el equipo interdisciplinar.  En ese  “nuevo modelo”, si se acaba pareciendo a Suecia, sobran algunos de los profesionales que hoy forman parte reglamentaria del sistema.  ¿De verdad alguien está pensando en que tenemos que entrar ya en el camino de la desprofesionalización?

Ahora en Castilla León y en el País Vasco están empezando a trabajar desde la administración en la implementación de modelos basados en lo “centrado en la persona”.  Se empiezan a adecuar residencias piloto  y  a evaluar cuál será el coste de funcionamiento una vez adaptadas.    En ambos casos se están encontrando con alguna dificultad de tipo normativo.

Cuando hayan avanzado un poco en el experimento habrá que plantearse algunas preguntas: Si es este el sistema hacia el que queremos encaminarnos ¿Podremos, como hizo Suecia en los años 80  y sucesivos, ir transformando las residencias existentes con el enorme costo que ello supone? ¿Es creíble que esto llegue a ser algo más que una “experiencia piloto” en un entorno tan duro de restricción presupuestaria? ¿Si no hay dinero para transformar las casi 300.000 camas que existen hoy en las residencias, qué haremos con ellas?

Sería muy importante que empecemos a buscar respuestas a estas preguntas,  ya que detrás de cada residencia de las que existen hoy hay una inversión, un proyecto de trabajo, un equipo de profesionales y una experiencia que nos demuestra que, aunque las cosas podrían ser mejores, hoy no son malas.
Tenemos una experiencia reciente en la que nos planteamos cambiar el modelo de atención a la dependencia:  escribimos una carta a los Reyes Magos y actuamos como si nos hubieran traído el regalo que habíamos pedido.  Hoy estamos pagando todavía el error de no haber calculado bien cuántos dependientes había, cuánto costaría atenderlos y quién pagaría la factura.


A la vez que planteamos grandes cambios, sepamos valorar lo que tenemos y no lo arriesguemos todo....  otra vez.