viernes, 12 de octubre de 2012

UNA RESIDENCIA EN QUERÉTARO (MÉXICO)


Sigo en México en el II Congreso internacional de residencias,  ya he impartido la conferencia, “Los retos de una sociedad superenvejecida” y he particiado en una mesa sobre cuándo es la residencia una solución adecuada.

Lo estoy pasando bien.  Estar aquí, aunque pueda resultar sorprendente es un bálsamo de positividad.  Estoy hablando con mexicanos que están emprendiendo en el sector de atención a personas mayores.  En pocas horas he hablado con un médico que está creando un centro de rehabilitación de referencia, otro empresario que trabaja en un sistema de “turismo sanitario” orientado principalmente hacia Estados Unidos, pero sin descartar otros países, para que puedan venir aquí a operarse, por ejemplo de una fractura de cadera a una fracción del precio.  Eso sí, en un hospital certificado por la Joint Comission (ente estadounidense que certifica los centros sanitarios y sociales), y con la intervención de profesionales acreditados.

Entre todas estas personas, he pasado un rato con Alejandro Ruiz de la Vara, gerente de la residencia Las Gardenias de Querétaro.  Me explica que el proyecto fue la idea de un emprendedor de 31 años que un día visitó una residencia, tipo asilo, en la que vivía una conocida suya, no le gustó y decidió crear algo que le gustase.  Viajó por Estados Unidos, Canadá, Argentina y España.  Buscó inversores para después construir y poner en marcha esta residencia.

El arquitecto está especializado en paisajismo por lo que la residencia tiene integrados los jardines en diferentes zonas, no sólo en el exterior.  Instalaron energía solar, suelos radiantes y otros elementos para hacer el centro sostenible.

Ahora es una residencia con 64 habitaciones dobles  que lleva casi dos años en funcionamirnto y que tiene 30 residentes ingresados.

Cuando le pregunto algunos datos operativos, me contesta que es un centro dirigido a personas con un nivel económico “medio/alto” o “alto”, personas sin demencia y que no necesiten asistencia total.  Cuando alguien ingresado ve deteriorado su estado, les ofrecen ingresar en otra residencia más asistida.
Trabajan en el centro 46 empleados a jornada completa (¡para 30 residentes!) , en plantilla cuentan con una doctora, una enfermera, fisioterapeuta, personal de actividades, musicoterapeuta, y otro personal de atención y servicios varios. Los precios rondan los 1.500€ al mes (Iva del 16% incluido).
Este precio les incluye una visita diaria de la enfermera del centro, los servicios hoteleros (los residentes pueden optar entre las tres comidas que se ofrecen o comer en el restaurante del centro, pagando lo que consumen).

La atención médica se la paga cada uno o les viene cubierta por algún seguro que tengan contratado.
Cuando le pregunto si el precio no es muy alto para el nivel de vida Mexicano me comenta que, normalmente lo que pagan viene a representar una tercera parte de los ingresos de forma que no le parece exagerado.

Sobre la ocupación, dice que con la que tienen ahora pueden mantenerse pero intentan crecer lo más rápido posible cosa que les enfrenta con una percepción según la cual las residencias son lugares donde los familiares abandonan a sus viejitos para que puedan “bien morir”.

Así, es esa percepción social el mayor obstáculo.

En el futuro esperan que se vayan estableciendo seguros de atención a la dependencia y figuras como la hipoteca inversa que supongan ampliar la base de posibles clientes.  Si las cosas van así, no descartan abrir nuevos centros.
A ver si les va bien.