miércoles, 2 de abril de 2014

POR QUÉ TODOS LOS PARTIDOS CATALANES DEBERÍAN APOYAR LA ILP DE LA DEPENDENCIA

Hace algunos meses, una asociación que agrupa a directores de residencia en Cataluña (ASCAD) decidió poner en marcha una Iniciativa Legislativa Popular que, de llegar a buen puerto, supondría modificar la Ley de forma que se garantizase el pago de los servicios que reciben los grandes dependientes.

A priori parece una tontería, ¿no están acaso garantizados todos los pagos que debe realizar la administración por servicios que contrata?.  Si bajamos a la realidad vemos que no lo es en absoluto.

En Cataluña, las entidades y empresas que gestionan residencias que ofrecen plazas a la administración, en forma de gestión, colaboración o concierto.  Han visto en los últimos años como el cobrar o no por los servicios prestados depende de las prioridades que en cada momento tenga el gobierno de la Generalitat.  Así, cabe la posibilidad de que un mes sencillamente “no se pague” y las residencias tengan que esperar hasta catorce meses para cobrar un servicio prestado.

Por otro lado, en el caso de las plazas conocidas como “de colaboración”, sucede algo peculiar:  el usuario ingresa en la residencia con un papel de la Generalitat pero sin tener todavía regularizada su situación (o sea, sin tener todavía un Plan Individual de Atención – PIA).  La residencia empieza a cobrar  del residente una parte del precio de la estancia (de media alrededor del 25% del coste total) y la administración, en algunos casos no paga nada hasta meses después o paga una cantidad mensual a cuenta (adelantos o “vestretes”).

Las residencias quedan totalmente en manos de la Generalitat ya que ésta puede pagar o no, atrasarse más o menos y, si además tiene la opción de avisar o no.

Sería injusto no decir que últimamente los pagos están mejorando pero, aún así, es la sensación de inseguridad la que más preocupa a los propietarios de las residencias (empresarios o entidades), ya que, como el 60% o un poco más, de su cuenta de resultados corresponde a gastos de personal, un atraso en el pago puede suponer no poder pagar las nóminas o ingresar el dinero correspondiente a seguros sociales y retenciones del IRPF.

Por supuesto que las residencias sufren “voluntariamente” ya que nadie las obliga a acoger a usuarios financiados por la administración.  Lo que pasa es que, en la situación actual, renunciar a intentar acoger plazas concertadas o de colaboración resulta aún peor (especialmente cuando las Prestaciones Económicas Vinculadas llevan paradas desde Agosto).

Total, que en este contexto, un grupo de directores de residencia plantean una ILP que, de prosperar supondría que las facturas de las residencias tendrían una especia de “prioridad en el pago” de forma que, después de pagar sus propias nóminas y alguna cosa más, las primeras en la cola de pago serían ellas.

El gobierno de la Generalitat se ha resistido durante todo el proceso a que la iniciativa prospere ya que de alguna forma se vería con menos capacidad de maniobra a la hora de ejecutar el presupuesto.  Hoy, si no tiene dinero puede preguntarse “¿a quién no pago este mes?”, y allí, delante suyo tiene unas cifras correspondientes a lo que debe a las farmacias, a las residencias o a los colegios concertados, entre otros.

Pero, a pesar de la resistencia del Govern, la ILP comenzó su andadura, se recogieron más de 50.000 firmas y ahora tiene que tramitar en el Parlament.

Por supuesto que 50.000 personas no pueden aprobar una Ley.  La ILP lo que obliga es a discutir la proposición en el Parlament, pero, una vez dentro, los parlamentarios pueden aprobarla, no hacerlo o modificarla.

Durante los próximos días veremos si los grupos políticos deciden apoyarla o presentar enmiendas que podrían desvirtuarla del todo.

Por eso creo que es el momento de preguntarse:  Sabemos que si la ILP prosperase las cosas serían diferentes, pero, ¿sería peores?

Si nos creemos que las personas que están ocupando una plaza pública, de colaboración o concierto en una residencia, son beneficiarias de un derecho subjetivo que le reconoce la Ley de Dependencia, y entendemos que el hecho de dejar de pagar o atrasarse significativamente en los pagos pone en riesgo ese derecho.  Entonces sólo podemos estar de acuerdo con que la iniciativa es buena y debería ser aprobada.

Además resulta que, como mínimo una parte de lo que se debe a las residencias viene de la a administración del Estado en aplicación del sistema de financiación de la dependencia, por lo que, como mínimo esa parte sólo debería ser gastada en atender a los dependientes.  Es cierto que esa parte es pequeña en relación al total pero aún así, existe.

Si, como parece, las cosas a partir de ahora no han de ir peor sino mejorando lentamente, es posible que las tensiones de tesorería  acuciantes de los últimos dos años no se repitan de forma que, aprobada la ILP no supondría menoscabo para la discrecionalidad de la Generalitat, como mínimo de momento.  Así las cosas, el gobierno podría colgarse la medalla de apoyar, en un momento en el que reclama que la sociedad se manifieste sobre su proyecto estrella (el proceso soberanista), una iniciativa salida directamente de la sociedad civil.

Si el gobierno y la coalición que le apoya (CiU) sencillamente consiguen apoyos (posiblemente ERC) para tumbar la propuesta.  Habrán realizado una maniobra perfectamente democrática y ostensiblemente antipopular.  Además, una opción que puede tener repercusiones imprevisibles.

La Asociación de directores ASCAD era desconocida para casi todo el mundo hasta que hace dos años, coincidiendo con un impago del ICASS, presentaron una denuncia ante la Fiscalía indicando que se podría estar cometiendo un delito contra los residentes.   El revuelo mediático  fue impresionante y cuando al cabo de un tiempo el entonces conseller fue cesado, a muchos les fue imposible no ver la relación entre ambos hechos.

Ahora nos podemos encontrar ante otra situación similar.

Aprobar la ILP no tendrá un coste demasiado elevado para la Generalitat, dará la imagen de una administración que escucha a la sociedad y se preocupa por los débiles y la situará en la cabeza de las administraciones autonómicas en lo que a apoyo a las personas dependientes se refiere.

En un momento en el que la administración catalana anuncia que piensa tramitar una  Ley Catalana de Autonomía Personal (o sea una Ley Catalana de Dependencia), la ILP le ofrece la posibilidad de crear un pedestal diferenciado del sistema estatal, o sea, un elemento que dé a la Ley un verdadero carácter de “derecho garantizado”.


Sinceramente veo muchos motivos para que Convergència i Unió apoyen  la ILP.  ¿Por qué entonces oigo una vocecita que me dice que no lo harán?

martes, 25 de marzo de 2014

EL MONSTRUO DEL LAGO NESS Y LAS GEROCULTORAS

Hace poco he leído que con algunas cosas pasa como con el monstruo del lago Ness, muchos hablan de él pero muy pocos lo han visto.

Aunque el artículo donde leí la frase no trataba de nada remotamente relacionado con atención a mayores, quizás por deformación profesional me trajo a la cabeza lo que lleva un tiempo pasando con la cualificación profesional de las gerocultoras en residencias.

Hay un monstruo acechando a las gerocultoras que a finales de 2015 no hayan conseguido regularizar su situación consiguiendo un titulo oficial que les habilite o un certificado de cualificación profesional que les permita seguir trabajando en atención a personas mayores dependientes (en residencias geriátricas, centros de día para mayores o servicios de ayuda a domicilio).

Llevamos unos cuantos años, concretamente desde 2008, oyendo hablar de ese ser terrible.  Al igual que en Escocia, alrededor de la existencia de Nessy (nombre que recibe allí el supuesto habitante del lago), se ha creado un sector económico en forma de consultores, asesores y centros de formación que acompañarán a los gerocultores en su esfuerzo para no ser devorados a finales del año que viene.  Pero, también al  igual que en Escocia, cuando alguien quiere convencerse de la existencia de la criatura mirándole a los ojos, nos encontramos que ésta es tan esquiva que incluso resulta difícil encontrar testigos fiables que nos permitan tener convencimiento de su existencia.

Lo cierto es que , aunque la obtención de un reconocimiento en forma de cualificación profesional es algo positivo, a finales de 2015 no tiene que pasar nada ya que esa fecha no es más que otro de los trastos rotos que la Ley de Dependencia ha ido dejando por el camino.

Lo expliqué en este blog hace tres años en una entrada que llevaba por título “La leyenda urbana de la cualificación profesional de las geroculoras” y voy a intentar volverlo a explicar de forma sucinta ahora que algunos vuelven a agitar el espantajo del 2015 ante no pocas gerocultoras temerosas que creen que van a ver  peligrar su puesto de trabajo:

Dentro del proyecto inicial de la Ley de Dependencia, algún optimista patológico pensó que el Estado podría dictar unos criterios comunes de acreditación que todas las comunidades autónomas integrarían en su reglamentación de forma que todas las residencias para mayores, centros de día o servicios de ayuda a domicilio de España acabarían pareciéndose en lo esencial.  Como a aquel “alguien” lo que le sobraba de optimismo le faltaba de capacidad técnica, los criterios comunes de acreditación se acabaron plasmando en papel en un “Acuerdo” de 2008 que establecía unos criterios muy vagos y sólo dos aportaciones de peso: la primera, la obligación de las comunidades autónomas de establecer unas ratios mínimas de personal para atender a los dependientes en residencias, la segunda, la obligación de exigir al personal gerocultor una cualificación profesional en un proceso paulatino que concluiría en 2015.   El resto eran referencias genéricas a la calidad, titulación de los directores de residencias y poca cosa más.

El “Acuerdo de acreditación” no tenía la finalidad de ser aplicado directamente por los prestadores de servicios sino únicamente, la de servir de base para que cada comunidad autónoma dictase su propia normativa de acreditación.  Para hacerlo, el propio acuerdo establecía un plazo que finalizaba en 2009.

Corría el año 2008 y 2015 parecía tan lejano…

Supongo que el optimista debió tener un súbito despertar a la realidad cuando acabado 2009 casi ninguna comunidad había aprobado su normativa de acreditación.  Pero no pasó nada, el sopor de autocomplacencia era lo que imperaba en casi todo lo relacionado con la Dependencia.

Sólo hay que considerar qué ha pasado en tres comunidades autónomas con bastante peso demográfico para que salte a la vista el fracaso del proceso de acreditación previsto en la Ley:

Andalucía promulgó su Decreto de Acreditación antes de que el Consejo Territorial del Sistema de la Dependencia aprobase los criterios comunes por lo que, difícilmente los pudo tener en cuenta.  Cataluña y la Comunidad de Madrid, a día de hoy todavía no han aprobado los suyos. 

O sea, que la obligación de los prestadores de servicios de tener a todas sus gerocultoras “cualificadas” antes de acabar 2015 está en un “acuerdo estatal” de 2008 que cada comunidad autónoma debería haber convertido en Decreto autonómico antes de acabar 2009 pero que la mayoría ha ignorado ostensiblemente.

No creo que haya que ser un eminente jurista para entrever que sólo existirá obligación y fecha límite en las comunidades autónomas que hayan regulado la acreditación conteniendo esos requisitos.

Dicho esto, hay que tener en cuenta que la velocidad con la que ha sido posible obtener la cualificación ha sido muy diversa en diferentes comunidades.   En algunas resulta casi imposible hacer nada hoy, en otras el proceso está muy avanzado existiendo la posibilidad de acceder a la cualificación mediante un sistema estatal y otro autonómico.  

Mi consejo a los empresarios del sector y a las gerocultoras que reciben información preocupantes es que intenten obtener la cualificación.  Allí donde ésta es posible, adelante.  Allí donde es difícil, sería bueno dirigirse por escrito al Departamento competente en servicios sociales pidiendo instrucciones y exponiendo los esfuerzos que se están haciendo.

Llevo unos cuantos años explicando en clases y conferencias lo mismo que he expuesto en estas líneas y suelo acabar diciendo que no me creo que nadie vaya a ser despedido el uno de Enero de 2016 por no tener la cualificación profesional.  Tal es mi convencimiento que me juego una cena con quien quiera  a que tengo razón.

Por cierto, 2013 ha sido el primer año desde los primeros avistamientos en el que nadie ha dicho haber visto a Nessy.



miércoles, 5 de marzo de 2014

FINALMENTE SALIÓ EL LIBRO

Llevo unos cuantos años escribiendo artículos en revistas y capítulos de libros pero nunca había conseguido escribir todo un libro yo solo.  Hasta ahora.

Hoy, tras arduos esfuerzos, ha visto la luz "Cómo nos engañaron con la Ley de Dependencia" en el que digo básicamente lo que llevo escribiendo desde hace años aquí en el blog, pero de una forma más ordenada, limpia y, espero, convincente.


Los pocos que lo han visto me han dicho que les ha gustado (todos eran amigos y a casi todos les invité a comer).

Al escribirlo me ha movido, por un lado (no lo niego) el amor propio, las ganas de ver un libro de papel con mi nombre, pero, principalmente un gusanillo que tengo dentro y que con esto consigo expulsar:  me gustaría que dentro de muchos años, cuando alguien estudie lo que pasó en España entre 2005 y 2015 y vea que hubo una cosa llamada Ley de Dependencia, no se quede con la idea de que fue una muy  buena idea que por culpa de la crisis salió mal.  Espero que ese investigador del futuro pueda encontrar entre documentos laudatorios y críticas explosivas, una reflexión que le dé una visión algo diferente de lo que ha pasado.

Me gustaría mucho saber lo que pensáis quiénes leéis este blog pero, para leerlo tendréis que comprarlo.  Son 200 páginas y el precio es de 18 Euros.  Espero que lo consideréis adecuado y os lancéis a comprarlo  y a ayudarme a difundirlo en las redes sociales.

Yo mientras tanto seguiré escribiendo aquí y preparando otro libro para el año que viene.