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viernes, 30 de enero de 2015

¿FUNCIONAN ASÍ LAS RESIDENCIAS? UNA RESPUESTA A LA ENTRADA

Hace unos días escribí un post en el que hablaba sobre un texto que me había llegado y que hablaba sobre hacia dónde podía ir un cambio de modelo en la atención a personas mayores.  Titulé el post ¿Funcionan así las residencias de mayores hoy?.

Al cabo de unos días he recibido por mail una comentario sobre el post que me envía Eva.  Le he pedido si me deja publicarlo en el blog y me ha dicho que sí.

Como me parece que el contraste de pareceres es la mejor herramienta para generar conocimiento, aquí está su opinión:

Hace 23 años que trabajo en el mundo de la sanidad de los cuales 13 directamente en el sector de la geriatría, asumiendo el cargo de enfermera y responsable higiénica sanitaria de una residencia de 25 usuarios; durante este tiempo, cada día ha sido diferente al siguiente puesto que quienes son el objeto de nuestras atenciones son personas únicas, con unas necesidades individuales y distintas de la del resto de usuarios, son personas con derecho a decidir qué quieren hacer cada día, y nosotros, el equipo, estamos obligados moralmente a escucharlos a entenderlos y a ofrecerles unas atenciones personalizadas con SENTIDO COMÚN.

Las características de la sociedad han ido cambiando, de forma que nuestras atenciones también se han tenido que adaptar a las nuevas demandas; y como no, las normativas han ido variando, con lo cual si nos ha interesado continuar en el sector de la geriatría hemos tenido que asumir nuevas directrices que se adaptasen a la normativa legislativa.

Realizada dicha afirmación queda evidencia del desacuerdo absoluto hacia el artículo de Vicente Botella del Cid sobre “la diferenciación como elemento de calidad”.

En dicho artículo se comenta que “ser diferente no se lleva ni se contempla como elemento innovador y de calidad, más bien penaliza y complica a quien lo intenta, y que la verdadera razón para no diferenciarnos los unos de los otros es nuestra pereza, nuestra apatía y nuestra falta de confianza en el sector”.

Las personas que trabajamos en una residencia no nos ha de mover el hecho de intentar ser diferente, sino el intentar atender a los  usuarios según las necesidades del propio usuario, basándonos siempre en la observación, escucha, empatía, bondad, compasión y alegría. El equipo interdisciplinar se ha de adaptar a las necesidades de los residentes, y no al revés, y dicho equipo ha de demostrar a la Administración  el camino que queremos seguir.

También se dice en el artículo que “La diferenciación ha caído en manos de la especulación del marketing, en portales de internet para vender plazas o en totalitarismo filosóficos que pretenden hacer el blanco negro y viceversa”, pero por suerte NO todos los centros han de moverse por dichos motivos, sino todo lo contrario, por equipos guiados por un líder que motiven, impliquen, den alegría y ganas de hacer cosas nuevas siempre en base a mejorar y atender con calidad a las personas mayores.

Es obvio entender que todos los centros residenciales hemos de seguir unos patrones estándares y dar unos servicios generales, pero, también es obvio entender que  somos diferentes en cuanto a la organización y la forma de convivir y atender a los usuarios y hay centros que optamos porque sean los

propios usuarios los que decidan qué tipo de actividades quieren realizar, como son por ejemplo “los huertos urbanos”. En nuestro caso, ya hace años que lo llevamos a la práctica, y no con el objetivo de “ser diferente y hacer campaña de marketing”, sino porque parte de los usuarios que tenemos provienen de ambientes rurales, formando parte de su historia de vida todo lo relacionado con el cultivo de la tierra. Esta actividad es una de las preferidas y que más refuerzos positivos nos da, ya que es compartida tanto por los familiares, residentes y propio personal, los cuales aprendemos qué plantar, cuándo y cómo recoger los frutos de nuestro trabajo, compartiéndolos en las comidas.

Así mismo, el ejemplo supuestamente real que se explica en dicho artículo sobre las atenciones que recibe un usuario, me han producido una extrema tristeza y me han dado a entender el poco sentido común que se aplica en sus cuidados, dando prioridad a los intereses del propio centro antes que a las necesidades y deseos reales de dicho usuario. A mí siempre me enseñaron que “no hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti”, así que me pregunto:

·       ¿Tan difícil es adaptar el horario del personal a los de los residentes, y no hacerlo al revés? ¿por qué este señor tiene que levantarse y acostarse a horas que él no desea? Una residencia no es un hospital mas al contrario, es el centro substitutorio del hogar y no ha de seguir los horarios hospitalarios, ha de ofrecer a sus usuarios horarios de levantarse y acostarse según las preferencias o costumbres de ellos. Dicha situación puede corregirse, consiguiendo  que el personal de atención directa entre a diferentes horas, para así dar la posibilidad a los residentes de ir levantándose a diferentes horas, y entre los diferentes turnos ha de haber unos objetivos de trabajo en común, siempre orientados a mejorar la vida de los usuarios, con lo cual se ha de dar la opción que los residentes que así lo verbalicen puedan acostarse a otras horas y que sea el turno de noche quien los ayude a acostarse.
·       ¿Por qué ha de hacer actividades que no quiere? ¿Dónde está la profesionalidad y sentido común del equipo interdisciplinar? Si escuchamos al usuario y conocemos su historia de vida, podremos hacer juntos un plan de actividades y acciones encaminadas siempre a respetar sus deseos e intentar mantener o mejorar su calidad de vida.
·       ¿Por qué ha de comer cosas que no le gustan? Si seguimos las recomendaciones de la atención centrada en la persona tendremos en cuenta sus gustos dietéticos y hábitos nutricionales, y será responsabilidad del equipo el negociar, dialogar y llegar a un acuerdo con el usuario, ofreciéndole la posibilidad de realizar un menú equilibrado que sí sea de su gusto. ¿tan malo es cenar un día a la semana un bocadillo de jamón, sino le gusta la verdura, tan difícil es ofrecerlas de otra manera, como pueden ser cremas? También es nuestra misión informar a la Administración que los menús propuestos, a pesar de no ser los más perfectos, sí son los que han decidido los usuarios.

En fin, dicho artículo me anima a continuar trabajando para mejorar las atenciones a esas personas mayores, las cuales representan la memoria histórica de nuestro país, son el pasado y el  presente, y forman parte del futuro al interrelacionarse con las nuevas generaciones; son personas  a las que continuamente hemos de aprender, escuchar y respetar. El equipo interdisciplinar ha de trabajar para ver a los residentes como personas individuales, con unas necesidades biopsicosociales y espirituales únicas, y a los que se les han de ofrecer unas atenciones integrales con sentido común, ayudándoles en esta nueva etapa de su vida, y no por ello menos importante.


Hemos de ser valientes, adaptando la organización del centro a las atenciones de los usuarios, logrando unas atenciones reales acordes a los deseos de los residentes, en las que lo prioritario no sean los registros que después se les enseñarán a la Administración, sino donde lo real sea “La Alegría de los residentes” y satisfacción del personal y familiares.

A mí (vuelvo a ser Josep de Martí) me parece que el futuro al que aspiran Vicente Botella y Eva no es tan diferente, lo que sí les separa es la visión de cómo son las residencias de mayores y los directores hoy.

viernes, 16 de enero de 2015

¿FUNCIONAN ASÍ LAS RESIDENCIAS DE MAYORES HOY?

Hace unos días me llegó un texto de la Asociación de Pequeñas y Medianas residencias de Cataluña UPIMIR.  La verdad es que al leerlo me quedé muy parado ya que yo pensaba que la realidad que describe como común era excepcional en la actualidad.

Este es sólo un fragmento:

Observen dejando de lado durante unas horas su despacho y su pantalla con tablas de excel a un usuario cualquiera, durante una jornada en el centro. Pónganse en su piel y empaticen su día en la residencia. Les citaremos  aquí cosas que verán y que tal vez ya conozcan, pero no tengan en cuenta por todas las circunstancias anteriormente mencionadas.

Nuestro usuario se levanta a una hora más hospitalaria que de su casa (no olvidemos que la residencia es, o debería ser, la sustitución del hogar). Le visten con una ropa que no desea y lo obligan a afeitarse cuando a él hoy no le apetecía. Acto seguido le dan de desayunar sin que la mitad de tal desayuno le apetezca ni lo desee (jamás toma EKO cereales, ni zumo de multifrutas).

Tras el desayuno lo llevan a una clase en la cual deben pasarse una pelota unos a otros y moverse al son de una canción de Julio Iglesias (odia a tal cantante). Se siente ridículo y desearía leer el periódico tranquilo. Más tarde, y tras un descanso mínimo, la psicóloga (sabe bien que es una psicóloga) le hace preguntas sobre la muerte de su esposa y si lo ha superado, cuando él jamás pensó en comentar con extraños temas tan íntimos.

Cuando por fin le dejan tranquilo, aparece la enfermera a tomarle la tensión más por obligación de ella que por necesidad de él. En su casa la mesuraba cada quince días o una vez al mes cuando quería.

Por fin llega la hora de comer: menú dietéticamente testado, nutricionalmente perfecto, adaptado a una estricta normativa de oligoproteinas y nutrientes pero, para él, un asco… En casa jamás comía dos platos y postre y menos lo que le obligan a comer aquí. Después de comer, como si en avión fuésemos, toca reducir la intensidad de las luces y descansar… ¿Descansar de qué? si no está cansado y quiere ver la tele. Cuando las luces son de nuevo aptas para ver, “ostras” no lo recordaba toca partida de bingo con caramelos de premio, que nunca le gustaron. Desea hojear una revista y oír la radio, no jugar al bingo.

Por fin, y a una hora más propia de bebes que de adultos, a cenar de nuevo menú perfecto, pero preferiría un bocadillo de jamón y no sopa de pasta y barritas de merluza. Y tras la cena a la cama, ¡Pero si hoy juega el Barça y quería verlo en la tele! Pues nada, a oírlo en la radio y flojito no se moleste su compañero… Y llame a la auxiliar de noche para que le retire la radio.

Punto y final un día, más o uno menos según quien lo mire, para nuestro usuario. Uno más de existencia y uno menos vivido (en el sentido que el entiende lo que es vivir que no subsistir). Nuestro usuario piensa en su silencio que no cree que nadie pague tal cantidad de dinero cada mes para estar tan disconforme con su vida. Parece que resida en un convento o en un cuartel militar, y no en lo que debería ser su hogar.


Una descripción tan cruda sirve para plantear como alternativa un modelo propio, para centros de pequeño y mediano tamaño, centros que se diferencian por ser el hogar de sus residentes y no el hotel en que residen en su vejez, centros que ofertan un claro compromiso de servicios y asistencia. 

Una diferencia entre quien ha escrito el texto y yo es que él ha dirigido una residencia durante muchos años y yo no por lo que estoy seguro que a ese respecto puede tener más conocimiento que yo.  Aun así, creo que hay bastantes residencias de mayores con diferentes tamaños en las que la percepción vital del residente es hoy bastante diferente de lo que se describe.

Creo que este sería un tema de debate interesantísimo y en el que muchos gerentes y directores de residencia debieran participar, sin olvidarnos de los propios mayores, que podrían venir representados por una asociación como FATEC que en 2011 decidió poner en marcha una iniciativa interesante:  Un grupo de personas mayores visitaron residencias de mayores en una campaña titulada "¿Cómo debe ser la residencia de mayores en que me gustaría vivir?"  y lo que vieron no les resultó tan desagradable como lo que describe el texto más arriba.  Es cierto que sólo visitaron 10 residencias de mayores de la provincia de Barcelona y alguna en la Garrotxa, pero lo que encontraron y cómo lo vivieron sería una buena experiencia para compartir.  


viernes, 19 de abril de 2013

DONDE DIJE DIGO DIGO ME EQUIVOQUÉ

Cuando la Generalitat hizo público su Acuerdo de Gobierno (GOV/19/2003) en el que reducía las pagas extras de los funcionarios y aplicaba una rebaja equivalente a los conciertos y contratos de gestión del Institut Català d'Assistència i Serveis Socials me pareció que algo muy malo estaba a punto de pasarles a las residencias de mayores de Cataluña.

Cuando las patronales se fueron posicionando al respecto, emitiendo comunicados, reuniéndose y denunciando públicamente lo que estaba haciendo la administración, mi preocupación fue en aumento.  Incluso llegué a hablar con alguien de la administración que me dijo que estaban trabajando para corregirlo, con lo que deduje que el problema existía.

Sólo una patronal, ACRA, parecía anormalmente tranquila.  Ellos habían encargado un informe jurídico del qual se deducía que el acuerdo de la Generalitat no era de aplicación al sector y concentraban sus argumentos e indicaciones a la administración, no tanto en si había o no una rebaja de los conciertos del 7% sino en que no se debía bajar la cantidad presupuestada para este fin en los presupuestos de 2013.

Me parecieron unos insensatos.

Leí diez veces el acuerdo de gobierno y el informe jurídico encargado por ACRA y no podía más que estar en desacuerdo con su interpretación.

La cosa siguió adelante y todo el sector, menos ACRA escribió conjuntamente a tres consellers  avisándoles de lo desastroso que sería aplicar la rebaja prevista en el acuerdo.  De nuevo, ACRA actúo según su criterio y escribió al president Mas advirtiéndole de lo terrible que sería plantearse rebajas en los conciertos (sin entender que ya estuviesen planteadas) o reducir el presupuesto de servicios sociales para el año que viene. Todos estos movimientos fueron apareciendo en sucesivas noticias en Inforesidencias.com, portal de las residencias geriátricas.

El día 18 de abril la Consellera Neus Munté ha comunicado a ACRA que el acuerdo de gobierno y la consiguiente rebaja no le es de aplicación a los "proveedores privados de servicios sociales vinculados por un contrato de gestión de servicio público en sus diferentes modalidades".

Al leerlo me he quedado felizmente de piedra.

Feliz porque bien está lo que bien acaba.  De piedra porque el argumento de la Comisión de Retribuciones y Gastos de Personal de la Generalitat (Comissió de Retribucions i Despeses de personal) , según aparece en la carta de la consellera, es el mismo que defendía ACRA en su informe jurídico.

Parece que no fueron insensatos después de todo y que su posición era la más ajustada a lo que pensaba hacer la Generalitat.  Yo me equivoqué en la interpretación y, lo que siento es que, si volviese un mes atrás, creo que, con la información que tenía, volvería a equivocarme.  Pero eso ya da igual.

Lo más importante, por supuesto es que las residencias concertadas y las públicas gestionadas seguirán estando, en su relación con la administración, tan mal cómo hasta ahora, pero no peor.  Una buena noticia que en estos momentos sólo puede alegrarnos.


miércoles, 28 de septiembre de 2011

UNA REFLEXIÓN SOBRE LA SUSPENSIÓN DEL PAGO DE LOS CONCIERTOS

Desde que la Generalitat anunció que dejaría de pagar durante dos meses las plazas que tenía contratadas con las residencias geriátricas privadas mediante el sistema de concierto y que sólo pagaría una parte de lo que tenía comprometido con otras residencias para personas mayores dependientes mediante el sistema conocido como “de colaboración”, el enfado y la confusión se instaló en el sector.

Ese día hablé con varios medios de comunicación que me pedían aclarar conceptos y conseguir cifras: ¿qué diferencia hay entre colaboración y concierto?, ¿cuántas plazas hay de cada tipo en residencias? ¿de cuánto dinero estamos hablando?.  No era yo el primero a quien llamaban.  Antes habían intentado obtener respuesta en organizaciones patronales, asociaciones o en la propia administración.  Lo que consiguieron fue saber que el sistema es artificialmente complicado y que la Generalitat convergente no ha mejorado la opacidad estadística a que nos tenía acostumbrado el anterior gobierno.

Voy a intentar explicar en pocas líneas de qué va la cosa y qué puede suponer la medida adoptada por la Generalitat.

Lo primero es destacar que en Cataluña existe una tupida red de mil residencias asistidas para mayores con un tamaño medio de unas 55 plazas de las que más de dos terceras partes corresponde a una activa iniciativa privada (mercantil y sin ánimo de lucro) que lleva años invirtiendo y trabajando en el cuidado a personas mayores.

Una peculiaridad del sector de las residencias geriátricas en Cataluña, antes de la entrada en vigor de la Ley de Dependencia es que, cuando la administración quería financiar estancias de personas mayores en residencias, en vez de utilizar el sistema del concierto (compra de plazas) utilizaba el sistema de “colaboración”: una ayuda económica al mayor para ayudarle a pagar el precio de la residencia geriátrica privada “colaboradora” en la que ingresaba.  El usuario podía elegir en qué centro geriátrico ingresaba y, si no le gustaba podía cambiar.  Las residencias geriátricas privadas que querían ser colaboradoras se acreditaban cumpliendo unos requisitos y se comprometían a ingresar a un cierto número de residentes “del programa” cobrando como máximo un precio que determinaba la Generalitat.  El sistema de “copago” era también bastante equitativo ya que, alguien con capacidad adquisitiva podía llegar a pagar más del 90% del precio y, si los hijos de la persona mayor tenían capacidad adquisitiva se les hacía participar  con aportaciones que en muy pocas ocasiones superaban los 120€ al mes.  La verdad es que era un sistema que funcionaba bastante bien.  Yo diría que, si se hubiese ajustado la tarifa y agilizado la tramitación burocrática hubiera sido perfecto, y lo mismo pensaba casi todo el mundo.  El problema es que desde determinado posicionamiento ideológico se veía como un “cheque” y,   el “cheque es de derechas”.  Así que se tomó un sistema que funcionaba y se decidió cambiarlo por otro, el concierto, dejando el sistema de colaboración como algo “a extinguir”.

A todo ello, la Ley de Dependencia (LAPAD) creó dos nuevas modalidades de financiación: la Prestación Económica Vinculada, que supone más o menos lo mismo que la “colaboración” (una ayuda económica para ingresar en una residencia de tercera edad privada mientras se encuentra plaza en una pública o concertada) y la Prestación para el cuidado en el entorno familar (una ayuda de hasta 525€ al mes para que el mayor se quede en casa cuidado por un familiar) de forma que, en cuestión de poco tiempo se pasó de un  sistema a cuatro.

¿De qué depende hoy que un ciudadano acabe cuidado en su casa, en un centro residencial geriátrico público, privado, concertado o de prestación económica vinculada?.  La respuesta es ruborizante ya que no existe una clara. Teóricamente son personas con idéntico derecho pero si uno acaba atendida en una residencia geriátrica pública gestionada por la propia administración costará a las arcas públicas unos 4.000 Euros al mes, si se le atiende en una residencia geriátrica pública gestionada por una empresa o en una concertada el coste baja a menos de la mitad, si se utiliza el sistema de colaboración o el de prestación vinculada, difícilmente pasará de los 1.200 euros; si se opta por dar la ayuda para el cuidado en casa no subirá de 525 euros.  Por supuesto las cifras son estimaciones ya que en Cataluña no se hacen públicos los datos de coste per cápita según sistema de prestación.

Así las cosas, durante los últimos años la Generalitat ha mantenido unas cuantas residencias geriátricas públicas gestionadas por la propia administración, ha construido residencias públicas contratando a empresas para gestionarlas,  ha ido firmando conciertos de miles de plazas y ha reconocido prestaciones económicas vinculadas dejando el sistema de colaboración como algo residual pero numéricamente importante. Pero también desde la entrada en vigor de la Ley de Dependencia, la misma Generalitat ha permitido que el 70% de las personas que piden prestaciones de la Ley de Dependencia sean cuidados por sus familiares a precio de saldo. Durante estos mismos años los costes de las residencias han crecido (nuevos requisitos administrativos, creciente costes de personal) mientras la “tarifa pública” se ha congelado o a crecido por debajo de los costes  llevando a una situación difícil a muchas empresas.  También durante este tiempo la administración ha seguido relacionándose con el sector privado desde la desconfianza, ha reglamentado hasta el detalle el funcionamiento de las residencias (hoy es más meticulosa la reglamentación de personal y espacios que se aplica  a una residencia que a un hospital) y se ha aprobado  una ley  super-sancionadora no comprensible si no es desde la desconfianza.

Un último elemento nos servirá para entender el intríngulis de la situación actual: la forma de actuar de la Generalitat:  dejando aparte un proceso de concertación transparente en 2008 en que, se concertaron 1.500 plazas permitiendo concurrir a todas las residencias de tercera edad privadas, se ha utilizado sistemáticamente un sistema del cual el nombre lo dice todo: “sistema negociado sin publicidad”.  También la administración ha ido convirtiendo en “informal” su relación con el sector.  En vez de dictar resoluciones y normas publicándolas en el diario oficial y notificándolas a los interesados, la Generalitat ha ido optando por “colgar” documentos en su página web o informar a las patronales de asuntos que, legalmente requerirían de unos requisitos y formalidades que permitiesen un grado de seguridad jurídica.

Sólo la falta de visión general o el “cortoplacismo político” pueden explicar que se haya dejado llegar la situación hasta aquí, pero aquí estamos.

Veamos ahora lo que parece que ha hecho la Generalitat, digo “parece” porque hasta hoy (28 de septiembre) no ha entregado un documento escrito a nadie en  el que se explique qué  ha decidido exactamente:

Dejar de realizar dos de los pagos periódicos que reciben los centros concertados y las empresas que gestionan residencias públicas 

y que deberían hacerse el 30 de septiembre y el 30 de octubre.  Estos pagos corresponden a las estancias producidas en la residencias los meses de julio y agosto.  Cuando las residencias reciban el 30 de noviembre un pago, éste corresponderá a las estancias de septiembre, por lo que los dos pagos no realizados quedarán en una especie de limbo que, según han asegurado, se liquidará antes de finalizar el año.  La Generalitat sabe que muchas de las empresas que gestionan residencias públicas tienen como mayor cliente a la propia Generalitat  por lo que espera que, si se quejan lo hagan con la boca pequeña.  Más o menos puede esperar lo mismo de aquéllas empresas que hayan concertado mediante un sistema negociado sin publicidad ya que, al fin y al cabo, muchas hubieran querido tener ese concierto pero no fueron llamadas.  Así, las que se quejarán con más fuerza serán las que concurrieron al concierto de 1.500 plazas, ajustaron su precio, constituyeron la fianza que se les pedía y ahora se enteran de que no van a cobrar.  Algunas  de estas empresas pueden tener verdaderos problemas para hacer frente a sus gastos corrientes si no reciben más ingreso que el copago de los usuarios (que difícilmente alcanzará al 30% del total). 

Pagar únicamente el 65% a las colaboradoras en los libramientos que reciban en Septiembre y Octubre.  


Estas residencias tienen una connotación diferente ya que teóricamente la cantidad no la van a dejar de recibir las residencias sino los usuarios. La “colaboración” es una ayuda económica al ciudadano para que pague la residencia, lo que pasa es que desde hace años, para facilitar las cosas, la administración ingresa directamente las cantidades al centro.  O sea que, en teoría, las residencias colaboradoras podrían comunicar a la Generalitat que ya no quieren cobrar directamente y que prefieren cobrar el 100% del usuario y que sea éste quien cobre la ayuda de la Generalitat.  No creo que haya demasiadas residencias que lo hagan  ya que, en muchos casos los familiares no podrán pagar o, sencillamente se negarán, trasladando el problema al propio centro.

¿Por qué no ha afectado la suspensión a las prestaciones económicas vinculadas o a las prestaciones para el cuidador familiar?   


No le veo ninguna lógica ya que son cantidades que vienen a sufragar exactamente la misma contingencia relativa exactamente a las mismas personas.  Además, si se busca salvar un problema de tesorería, porqué no afectar a la prestación que se está prestando en el 70% de los casos.  Imaginemos que se hubiese dicho que los cuidadores familiares recibirán en septiembre y octubre el 65% o el 80% de la ayuda. Esta medida podría haber permitido atemperar las otras o incrementar su efecto sobre “la falta puntual de tesorería”.  Quizás el problema es que, después del desgaste que tuvo el Departament durante el verano con la PIRMI, no les ha parecido correcto abrir un nuevo frente.  Si este ha sido su razonamiento, ha sido erróneo ya que la polémica estaba servida y no hubiese sido mucho más ruidosa habiendo acabado de hacer el trabajo.
Decía más arriba que no sabemos exactamente en qué quedará todo esto, pero vayamos a lo que sí sabemos:

Hablando con directores y gerentes de residencias para mayores saco la conclusión de que, muchos de ellos estaban esperando que se produjese “algo” y en la medida de sus posibilidades se estaban preparando.  Sólo quien no lea ningún periódico podía pensar que la restricción pasaría de largo del sector de mayores.  Lo que les ha indignado es el alcance de la medida y las formas:

-          Anunciar el varapalo cuatro días antes de que tenga efecto.
-          Encargar el anuncio a la Directora General del ICASS sin la presencia del conseller ni de nadie de Economía.  Es más, algunos de los asistentes al anuncio me comentaron que parecía que la Directora General estuviese anunciando una especie de imposición “de fuera” como si no fuese tan Generalitat Benestar y Familia como Economía y Finanzas.
-          No comunicar nada a los interesados directamente y por escrito sino de forma informal a las patronales (no olvidemos que muchas residencias no están adscritas a ninguna de estas patronales).  Esto ha producido que la reunión se haya convertido en una especie de “aparición” de la que cada testigo tiene su versión.
-          Anunciar la suspensión sin acompañarla de alguna medida que permitiese aligerar sus efectos y que demostrase un mínimo de empatía con el sector.  Estas medidas, que no tendrían efecto presupuestario podrían ser, entre otras, la flexibilización en la forma de exigir los requisitos de personal a los centros concertados y colaboradores; permitir cobrar los servicios hoteleros extras o aplicar directamente el IPC a la cuota que pagan los usuarios.
-          Incrementar la falta de empatía cuando el Conseller aparece en televisión y quita importancia a la medida.

A principios de octubre y de noviembre, cuando se tengan que pagar las nóminas (el personal supone más del 60% de los gastos de una residencia) conoceremos el alcance de la medida y veremos en qué medida los empleados y proveedores de los centros la sufren como las empresas prestadoras de servicios a personas ancianas dependientes.

El sector privado de la atención a mayores es un tesoro para Cataluña en el que conviven fundaciones, asociaciones y órdenes religiosas con empresarios de diferente tamaño y naturaleza que durante años, y mucho antes de que la administración adquiriese protagonismo, ya invertían y prestaban servicios.  Quizás debería tenerse esto en cuenta antes de tomar otras decisiones o antes de pensar cómo comunicarlas.

Mientras tanto.  Los que están buscando plaza en una residencia para personas mayores privada, ya sea que piensen o no pedir una ayuda pública, tardarán un poco en sufrir las consecuencias de este impago, pero de alguna forma, la sufrirán.