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miércoles, 29 de mayo de 2013

¿EL ASESINO BONDADOSO DE OLOT? NO ME CREO NADA

Durante muchos años he estado convencido que eso de los asesinos en serie era algo que pasaba más en Hollywood que en la realidad.  El asesino de la residencia de Olot me hizo ver hace un par de años, cuando todo salió a la luz, que también por estas latitudes teníamos nuestra parte de escoria humana.

Ahora que se está celebrando el juicio, los medios de comunicación han encontrado una buena dosis de carnaza en la que revolcarse y lo están haciendo fijándose en ángulos "interesantes".  Parece que Joan Vila era una bellísima persona, que sus compañeros le consideraban un buen empleado, los residentes y familiares estaban contentos con él y que, según el medio, o bien estaba loco o lo que hizo lo hizo para evitar sufrimientos a sus víctimas.

No me creo nada.

Un médico inglés llamado Harold Shipman, encantador con sus pacientes mató a entre 200 y 250 de ellos con sobredosis de insulina.  Todo se destapó cuando intentó quedarse con la herencia de una de sus víctimas.  Cuando se supo que era un asesino mucha gente se sorprendió: "era tan amable".

A mí hay algunas cosas, de las que he leído, que me parecen muy llamativas.  Una es el arma que utilizaba para matar.  En algunos casos eran sobredosis de insulina pero en otras introducía lejía en la garganta de sus víctimas.  Me estremezco al pensar lo que se debe notar, demente o no, cuando ese líquido cáustico te quema las entrañas, y sólo me estremece más el suponer que, si Joan Vila hubiese seguido utilizando las sobredosis de insulina, con casi toda seguridad habría seguido matando impunemente.

Ahora, en el juicio, resulta que Joan Vila sólo quería ahorrarles sufrimiento a unos pobres ancianos y lo peor es que, parece que las salvajadas de este hombre para algunos son un buen motivo para empezar a hablar de eutanasia, o de la dignidad de los que sufren, o de las medidas de control que deberían aplicar las residencias geriátricas.

Vayamos por partes:

La dignidad de las personas se refiere al valor de la vida humana en sí misma.  Un ser humano es valioso en sí y debe ser respetado con independencia de cómo sea o cómo lo veamos.  Es porque creo en la dignidad de las personas que me parecería aberrante que ahora hiciesen beber lejía a Joan Vila (algo que prevén algunos ordenamientos, como el del "civilizado Irán") o que lo sometiesen a apedreamiento o tortura.

La autonomía es otro principio en el que creo bastante y por eso veo interesante que se puedan plantear conflictos cuando una persona considera que su vida ya no es digna de ser vivida y decide racionalmente finalizarla.  Nada de eso pasó en Olot.

Joan Vila decidió que podía ser Dios.  El daría y quitaría la vida.  Y le gustó.  Le gustó tanto que lo hizo una y otra vez.  Supongo que se aburrió de matar con insulina y probó con lejía.

En su camino dejó la muerte de diez residentes y un daño, aún por evaluar a los profesionales que trabajan en residencias.

He leído que algunos familiares de los fallecidos cuestionan la forma en que la residencia guardaba y administraba la medicación.  Incluso que se quejan de la falta de controles en la residencia.  Supongo que acabarán pidiendo que la residencia les indemnice.

Lo cierto es que una residencia para mayores cuenta con un equipo interdisciplinar y una serie de protocolos, registros y programas orientados a prestar un servicio de calidad a los residentes y no para evitar que un empleado psicópata los mate.

Aprovechando la atención que provoca el suceso podríamos caer en la tentación de exigir que las residencias tengan muchos más controles y supervisiones.  Que se firme cada vez que una pastilla sale de la caja o cada vez que una botella de lejía entra o sale del almacén.  Sería un error.

Lo más importante cuando una persona ingresa en una residencia geriátrica es la confianza que está depositando en un equipo de profesionales que van a suplir aquéllo que él ya no puede hacer por sí mismo y le van a dar el apoyo necesario para que siga su proyecto de vida.

La tendencia en nuestro sector es la de que el mayor cada vez se sienta más dueño de su vida, tome más decisiones "haga más cosas" de las que quiera, lo que supone asumir riesgos.

Poner más controles para que otro loco no mate a los residentes supone limitar los derechos de aquéllos residentes que todavía mantienen margen para poder "hacer más cosas".  Por eso, en vez de más controles lo que deberíamos es tender a que más residentes pudieran autoadministrarse la medicación con una supervisión discreta.

Joan Vila es un asesino que resulta trabajaba en una residencia geriátrica de Girona.  Podría haber sido médico, notario o antenista pero era gerocultor y esto hizo que matase a personas en una residencia.

Reflexionemos sin obsesionarnos si se puede mejorar el control de la medicación, que condenen al asesino, y sigamos en lo que nos ocupa: ver cómo la atención a personas mayores en residencias puede mejorar a pesar de la crisis y los impagos de la administración.

miércoles, 24 de abril de 2013

LOS CINCO ERRORES MÁS COMUNES AL ELEGIR RESIDENCIA GERIÁTRICA

El proceso de búsqueda de una residencia geriátrica suele ser doloroso para los familiares del mayor.  Normalmente la persona anciana ha ingresado en un hospital y al darle el alta no puede volver a su casa; ha empeorado súbitamentede una dolencia previa o ha visto agravado un proceso de demencia (Alzheimer o de otro tipo)  y los familiares no se ven con fuerzas para cuidarle.

Sea como sea, casi siempre los momentos previos al ingreso son difíciles y la familia de la persona mayor se ve obligada a tomar decisiones rápidas.

Esto hace que, en ocasiones la elección de residencia no sea la más adecuada, algo que puede generar con el tiempo preocupaciones y  problemas aún más graves.

Lo mejor sería pensar que se está contratando un servicio muy cualificado que comporta depositar confianza tanto en la residencia como en el equipo de profesionales, y en consecuencia hacerlo de forma tranquila y sosegada.  Por desgracia eso no siempre es posible.

Estos son los cinco errores más comunes que pueden llevar a tomar una decisión inadecuada y que, con un poco de cuidado podrían evitarse (os ofrezco una doble versión en vídeo y en texto, si os gusta, compartidla):


1. Optar por una residencia para la tercera edad cuando  realmente no es la mejor opción.


Resulta muy normal que, una vez el mayor ingresa en la residencia geriátrica la familia se sienta culpable.  En el fondo  piensan que podrían haber cuidado al padre (o madre, o abuela anciana) en casa, y se sienten mal por lo que perciben como un abandono.

Este sentimiento suele ser infundado:  Si tomamos a todas las personas de más de 65 años y los datos de dependencia y discapacidad, alrededor de un 5% recibirán la mejor atención en una residencia, el resto podría vivir perfectamente en un domicilio, si cuenta con apoyo de su familia y/o servicios como teleasistencia, ayuda a domicilio o asiste a un centro de día.  En España hay, más o menos 4 plazas en residencias por cada 100 personas mayores.

Vale la pena dedicar unos minutos a reflexionar.  ¿Es verdaderamente la residencia la mejor solución?

Si piensa sinceramente que no lo es y que el sentimiento de culpa que va a tener está fundamentado, es mejor que intente encontrar otras soluciones ya que, de otra forma, puede acabar sufriendo, haciendo sufrir a su familiar mayor y convirtiéndose en lo que en las residencias conocen como “familiar problemático”, aquél que se queja de todo por sistema,  normalmente sin una causa contrastable.

Los que opten por la residencia deben saber que un cierto sentimiento de culpa es normal y que, una vez depositada la confianza en el equipo de profesionales,  y al ver que la persona mayor se encuentra bien y recibe atenciones que en casa hubiesen sido imposibles, la culpa irá cediendo.

2. “Quedarse con la primera”


Cuando el problema es vivido de forma acuciante los familiares de la persona mayor pueden caer en la tentación de tomar el camino fácil: pedir consejo a algún amigo o a un profesional y quedarse en la primera residencia que visitan.

En España hay más de 4.000 residencias geriátricas con un gran abanico de tamaños, servicios, sistemas de cuidado y precio. Por eso, sería conveniente utilizar, además de los contactos y amistades, una herramienta de búsqueda de plazas libres en residencias como www.inforesidencias.com que nos permita conocer de antemano algunos elementos, precios y servicios de varias residencias de una zona.  Pensemos que no es lo mismo buscar residencia en Barcelona, en Madrid o Valencia que hacerlo en una ciudad mediana o en una zona rural.

Para tomar una decisión adecuada sería recomendable seleccionar y visitar como mínimo tres centros residenciales antes de tomar la decisión.

La visita a los diferentes centros geriátricos es así fundamental por lo que recomendamos bajarse de internet algún guión de ayuda para comparar residencias que nos permita anotar lo que verdaderamente es relevante.
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3. Las falsas expectativas


A pesar de que la mayor parte de personas que viven en una residencia geriátrica en España se encuentran bien y así lo manifiestan en las encuestas de satisfacción, en ocasiones los familiares se sienten defraudados porque la residencia no son lo que ellos esperaban.

Una residencia para la tercera edad es un sustituto del hogar donde las personas mayores reciben servicios de apoyo a las actividades de la vida diaria (AVD).  Aunque muchas ofrezcan algún servicio médico y sanitario, las personas mayores que viven en una residencia para la 3ª edad no están en un hospital.

Las familias que piensen que su familiar será visitado diariamente por un médico o controlado en todas sus constantes de forma continuada deberán asegurarse de que la residencia que elijan ofrece esos servicios o acabarán sintiéndose defraudados.

La familia continua teniendo un papel fundamental una vez el anciano dependiente ingresa en la residencia de mayores.  Es muy importante que visite lo más a menudo posible a su familiar mayor, que atienda los requerimientos de la residencia y que disponga quién acompañará al residente si hay que acudir a visitas médicas hospitalarias o de otro tipo fuera de la residencia.

Salvo que la residencia  lo ofrezca de forma expresa, los acompañamientos fuera del centro no están incluidos en sus servicios.

Además, la residencia geriátrica es un centro abierto de forma que, con excepción de casos en que el mayor sufra demencia u otra afección que haga peligrosas las salidas, los residentes pueden entrar y salir del centro a voluntad.  En la medida en que el centro es abierto, la residencia deberá seguir unos trámites que pueden requerir la intervención de un Juez, cuando alguien, por su propio bien, no pueda salir.

Es muy importante saber qué es una residencia de mayores yqué no es, así nos evitaremos problemas.

4. No leer elcontrato y el reglamento de régimen interior

Todas las residencias (da igual que se presenten como geriátricos, para la tercera edad, mayores, ancianos o con cualquier otra denominación) están obligadas a firmar un contrato con los residentes y sus representantes/familiares (si  los mayores no pueden decidir por sí mismos).

Dependiendo de la residencia, el contrato puede tener más o menos página y puede estar escrito de una forma más clara o compleja.

Sea como sea, el contrato establece cuestiones tan importantes como:

El precio de la residencia.

  • Cómo se incrementará el precio en el tiempo.  Esto puede incluír el IPC o cláusulas que permiten cobrar más si la persona empeora en su estado.
  • Qué incluye el precio y qué no:  Suele haber servicios no incluidos como la peluquería, la podología, el lavado de alguna ropa delicada, las salidas fuera del centro.
  • Si se aplica algún descuento durante el tiempo que el residente pueda estar ingresado en un hospital o desee irse de vacaciones fuera del centro.

Las condiciones de alta y baja en el centro

  • Cuáles son las causas que pueden generar que el residente pueda ser expulsado del centro.
  • Si existe obligación de pre avisar con antelación la decisión de dejar el centro.

La existencia de un periodo de prueba

Además hay un Reglamento de Régimen Interior que contiene, entre otras cosas el horario de vida del centro; el horario de visitas y otros aspectos de funcionamiento.

No haber leído y entendido estos documentos antes de ingresar puede provocar malentendidos ya que la residencia considerará que lo que hay en el Reglamento es conocido por los residentes y familiares.

Un buen consejo es leer conjuntamente con el director de laresidencia, o la persona que nos esté atendiendo, ambos documentos  y plantear en ese momento las dudas.

5. No tener en cuenta la voluntad de la persona mayor que ingresará


Aunque parezca una tontería ya que mucha gente lo daría por supuesto, lo más importante a la hora de decidir el ingreso en una residencia geriátrica es la decisión de la persona mayor que va a ingresar.

Sin embargo, puede suceder que todos vean claro que hay que ingresar a la abuela menos la abuela misma.

Hay que entender que dejar el domicilio para ingresar en un centro geriátrico es un cambio importantísimo y es lógico que la persona lo vea como algo negativo e irreversible.

La solución, como en casi todos los problemas, es hablar sinceramente y entenderse.  El mayor debería visitar la residencia antes del ingreso, debería explicarse en detalle las condiciones de vida y deberíamos entender que la decisión le cueste.  Sabemos que en el fondo lo que le gustaría es “no necesitar una residencia”.

Cuando la persona anciana sufre alguna demencia, como la enfermedad de Alzheimer, debemos saber qué piensa “en la medida de lo posible”.  Es bueno ofrecer opciones siempre que se pueda y, cuando no, pensar en lo que le preferiría si mantuviese la capacidad.

El engaño o el chantaje emocional son muy malos sistemas ya que el mayor que ingresa en la residencia pensando que sólo parará un mes porque “se lo han dicho los hijos”, acabará sufriendo cuando descubra que le han mentido.

Decíamos antes que una buena residencia geriátrica es la mejor solución en un 5% de los casos.  Que cada uno de los que forman parte de ese porcentaje encuentren la adecuada es posible pero hay que intentar evitar los errores y pensar que al final de lo que se trata es de depositar confianza.

Para quien lea este post, un último consejo.  Las normativas, exigencias y requisitos sobre atención a msyores varía de una comuunidad autónoma a otra de forma que las residencias geriátricas de Madrid tienen diferente exigencia de personas, por ejemplo que las residencias de Barcelona.  Esto complica un poco la cosa pero.. es así.

Autor del post Josep de Martí

sábado, 16 de octubre de 2004

PLAZAS LIBRES EN RESIDENCIAS

Últimamente, cada vez que hablo con un propietario de residencia sale a la conversación el que, por primera vez en mucho tiempo, casi todos los centros tienen plazas vacantes. Quizá esto es más cierto en capitales como Madrid o Barcelona, pero es algo que se va extendiendo por otras ciudades.

Es cierto que se está produciendo la apertura casi simultánea de todas las residencias que se proyectaron hace unos cinco años, cuando la opinión dominante era que debían construirse establecimientos de alta calidad en las capitales de provincia, pero también lo es que, muchas de las personas que hoy hubiesen sido clientes de una residencia, murieron a causa de la guerra civil por lo que, durante unos años y, por motivos puramente demogràficos, se produce una pasajera contracción de la demanda.

También influye en la situación actual el que algunas comunidades autónomas embarcadas en proyectos de aumento de la cobertura pública (léase “plan velocidad”, “sistema alemán”, “plan 9.000” o “Acogimiento residencial”) se planteen hacer reajustes en el más tradicional sistema de concierto, lo que para muchas residencias asentadas supone una reducción en un tipo de ingresos que ya se consideraban seguros.

Un síntoma de la preocupación existente es la convocatoria que hace la patronal catalana ACRA a todos sus asociados a una reunión que lleva por título “¿Está en peligro el futuro de nuestro sector?”. Otro, el gran movimiento que se produce en las estructuras accionariales del sector. Y no me refiero sólo a cadenas que cambian de manos o que se reestructuran a fondo, sino también del floreciente mercado de la compra/venta/traspaso de residencias de pequeño y mediano tamaño. Al menos tres empresas se dedican, casi en exclusiva a la intermediación (con más éxito en comunidades autónomas cuya legislación no obligue a adaptarse a nuevas normativas cuando se cambia de dueño) y sólo hay que leer con atención esta publicación o portales como Inforesidencias.com para ver que las transacciones crecen.

Con toda seguridad, cuando se abran las residencias que están en estado avanzado de construcción (700 en 2005 según el estudio de la Federación Nacional) habrá un parón en el aumento de oferta ya que en muchos círculos se habla de la necesidad de reflexionar.

¿Será la situación una travesía del desierto en que quedarán cuerpos por el camino? No lo creo, pero si es así, esperemos que pronto nos llueva el maná de la Ley que prevea la financiación de la dependencia.

Autor del post Josep de Martí