Mostrando entradas con la etiqueta centrada en la persona. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta centrada en la persona. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de diciembre de 2013

LA NUEVA ATENCIÓN A MAYORES ¿CENTRADA EN LA PERSONA O CENTRADA EN EL INSPECTOR?

Hace unos días impartí a los directores de un grupo de residencias de mayores dos cursos sobre cómo afrontar inspecciones y cómo preparar un protocolo de actuación ante la inspección.  Una muy buena experiencia ya que pude volver a palpar en directo cómo viven los profesionales el hecho de que alguien externo a la organización llegue para mirar todo de forma exhaustiva.  Para quien no lo sepa, durante casi diez años fui inspector de residencias de forma que es un tema que me despierta cierta sensibilidad.

Durante uno de los cursos surgió un debate que ya he escuchado en varias ocasiones.  El hecho de que los inspectores valoren muy positivamente la aplicación en las residencias de modelos de atención centrados en la persona, directamente o mediante la utilización de programas para eliminar sujecciones u observar sistemáticamente a los residentes con demencia (Dementia Care Maping o DCM).  Tanto les gusta a los inspectores esa nueva forma de atención, que según me comentaban, se vuelven más tolerantes con otras cosas.  La situación no me resultó nueva ya que, en las últimas Jornadas Interdisciplinarias de Residencias que se celebraron en Barcelona en primavera de 2013, una ponente que trabajaba en una residencia donde se aplicaban técnicas de atención centrada en la persona dijo ante unas 300 personas que, a las inspectoras les gustaba tanto que "hacían la vista gorda".

Pero, ¿es necesario que los inspectores hagan la vista gorda si se quieren aplicar modelos de atención de los conocidos como "centrados en la persona"?  Por desgracia, hoy por hoy, parece ser que sí.

Esa peculiaridad me parece muy relevante ya que creo que, con esto de los nuevos modelos de atención está pasando algo curioso.

Llevo unos cuantos años visitando residencias en diferentes países.  Primero asistí a los viajes que organiza la patronal catalana ACRA y así pude conocer los modelos Sueco, Danés y Noruego.  Después me animé a organizar viajes desde Inforesidencias.com, portal que dirijo, y hemos podido acompañar a empresarios y profesionales del sector geroasistencial español a Suecia, Alemania, Francia y Holanda  (por cierto, en Mayo de 2014 iremos a Suiza y Austria).

Las primeras veces que fuimos a Suecia me sorprendió mucho que casi todas las residencias que visitábamos se organizasen en unas unidades de entre ocho y doce residentes, cada uno en su habitación individual, que pasaban el día en un espacio común, mezcla entre comedor, sala de estar y cocina americana haciendo lo que las personas mayores suelen hacer en su casa.  O sea, cocinar, limpiar, leer y, básicamente, pasar el rato.  Cuando les preguntábamos sobre cuál era el programa individual que seguían, sobre protocolos, registros y equipos interdisciplinares nos contestaban que tenían muy poca documentación y que, básicamente trabajaban enfermeras y dos niveles de auxiliares de enfermería.  En algunas tenían algún apoyo externo pero, en muchas, esas mismas enfermeras y auxiliares cocinaban con los residentes, comían con ellos, hacían las camas, limpiaban... Vamos, que hacían vida con ellos en un espacio que parecía más una casa grande decorada con muebles de IKEA que una residencia.  En algunos centros veíamos personas con demencia, incluso en fase avanzada de forma que no estábamos en una residencia para personas válidas como nos podía parecer al principio.  Cuando les dijimos que en España teníamos en las residencias equipos interdisciplinares formados por médicos, enfermeras, fisioterapeutas, psicólogos, terapeutas ocupacionales, educadores sociales y trabajadores sociales, en una ocasión nos contestaron:  "Así lo hacíamos nosotros en los años setenta.  Después vimos que no son enfermos, son personas que necesitan un sustituto de su hogar y eso es lo que les damos" (ver lo que escribí en 2008 sobre la desprofesionalización de los servicios de atención a mayores)

¿Estaban locos los suecos?  No.  Ese modelo lo he visto casi replicado en Dinamarca y con ciertas variaciones en Alemania y sobre todo en Holanda.    En Alemania, vimos unos pisos compartidos por personas mayores que preferían "algo diferente" que las residencias no les podían ofrecer, como poder fumar (ver lo que escribí en 2010 sobre ese viaje).  Lo más original, hasta el momento, y en mi opinión, ha sido la residencia Akropolis en Rotterdam, donde Hans Becker aplica la cultura del sí en residencias: un lugar donde los residentes pueden, si quieren, fumar y beber alcohol mientras realizan actividades y en el que la "felicidad es el objetivo" (ver vídeo del modelo).  Destaco lo  de fumar porque se trata uno de esos puntos en los que la diferencia entre una institución y un domicilio se hace más patente debido a la intervención administrativa.

Nadie nos dijo en esos países que aplicasen el modelo centrado en la persona o que las residencias fuesen tipo "housing" pero, habiendo leído ahora los libros sobre Atención Centrada en la Persona (ACP) creo que lo que hacían y lo que ahora se está empezando a aplicar en España son cosas bastante parecidas.

En esos países, que vivieron el baby boom unos cuantos años antes que nosotros, las personas que ahora envejecen no aceptan modelos demasiado "institucionalizados" y prefieren algo más parecido a un domicilio.   Los hijos de esas personas también prefieren que sus padres vivan en ese tipo de residencia por lo que al final los centros se han ido adecuando a lo que las personas han ido pidiendo.   En cada país están en un momento diferente pero parece que la tendencia va hacia allí.  Dicho de otra forma, la demanda ha ido cambiando y la oferta se ha adaptado.  Como el sector de la atención residencial a mayores requiere de una gran inversión en infraestructura, la adaptación de los edificios ha tardado pero, en países como Suecia casi todo es ya "como una casa", mientras en otros países "van haciendo".

Llevo un tiempo dándole vueltas a qué es lo que está pasando aquí.

Después de haber leído dos de los libros sobre ACP y documentos sobre DCM, más los programas Liberager y "desatar al anciano", creo que en España vamos a  intentar un cambio de modelo que partirá no de la demanda sino de la oferta.  Quiero decir que vamos a ver cómo en primer lugar un grupo de profetas nos van a decir, cosa que ya está sucediendo, que el modelo de atención que se utiliza en las residencias está obsoleto, resulta poco respetuoso con los derechos de los residentes y es poco ético, por lo que debemos orientarnos hacia otro, más respetuoso con esos derechos y con los principios éticos.  El modelo ya nos lo están ofreciendo y, para alegría de los partidarios del cambio, los primeros adeptos que están encontrando no han sido las propias residencias sino algún servicio de inspección y la propia administración.

En los veintitrés años que llevo trabajando en este sector, si consigo ver el final del proceso, será la segunda vez que veo un cambio de modelo establecido "de arriba a abajo" o sea, generado desde la oferta.

Cuando empecé a trabajar  en 1991 las residencias no estaban obligadas a llevar protocolos, registros ni programas (salvo uno de actividades).  Su documentación obligatoria se centraba en un libro de registro, unos contratos y la documentación relativa a la medicación y los menús.   El personal obligatorio con titulación era un médico o enfermera. Con el tiempo, y a diferentes velocidades en distintas comunidades, se fue imponiendo el modelo que hoy tenemos más extendido que podría llamarse  "el paradigma del plan de intervención".   En este modelo la residencia es una estructura arquitectónica adaptada que se sitúa en un punto intermedio entre un hotel y un hospital, en la que trabajan un grupo de profesionales entre el que destaca el "equipo interdisciplinar" formado por no  menos de cuatro o cinco perfiles profesionales.  Este equipo redacta al ingreso del mayor un plan de intervención individualizado  (PAI o PIAI) en el que aparecen los déficits que presenta la persona y qué se va a hacer en la residencia al respecto.  El centro dispone además de gerocultores con una cualificación profesional y  de toda una serie de protocolos, registros y programas que permite llevar a cabo una gestión de calidad en la atención.

Por supuesto esta es una descripción general.  Existen residencias en las que el propio residente o sus familiares participan en la redacción del PAI, en algunas lo hacen las gerocultoras; algunas cuentan con más personal que otras, con más protocolos o con mejores instalaciones pero, veinte años de cambios normativos, de actuaciones de la inspección y, sobre todo, de imponer este sistema a la hora de concertar plazas, han conseguido que el modelo sea aceptado como el "correcto", "profesional" y de "calidad".

En el modelo que utilizamos hasta ahora cabe la contención de los residentes siempre que se haga dentro de las bases del paradigma, o sea, siempre que intervenga en la decisión un profesional cualificado (el médico) y se haga siguiendo una serie de protocolos (que incluirán el consentimiento de los familiares), anotándose además en el programa individual del residente y en unos registros.   Como todo dentro del modelo basado en el plan de intervención, una contención "deja traza", o sea que puede ser comprobada y evaluada, tanto por el propio equipo como por parte de la inspección.

Precisamente esa es una de las virtudes del modelo.  En una sociedad que desconfía profundamente de los empresarios que se dedican a cuidar a personas mayores, un sistema en el que participan varios profesionales y en el que todo debe anotarse se considera el mejor.  El inspector no tiene necesidad de fiarse de nada: puede comprobar el registro de caídas, ver si los cambios de pañales coinciden con lo que está anotado en el registro de incontinencia, comprobar las actas de la reunión del equipo interdisciplinar y después ver si lo anotado coincide con lo que se ve a simple vista.

El problema del sistema basado en el plan de intervención es que se orienta demasiado hacia la administración y los familiares y no tanto al residente.  O sea, funciona con los mayores y los familiares de hoy, pero difícilmente será el que querremos para nosotros los que ahora tenemos entre 45 y 55 años.

Recuerdo de cuando era inspector una conversación con un residente que compartía habitación con tres hombres más (a principios de los 90 no eran excepcionales las residencias con habitaciones de tres o cuatro camas).  Le pregunté  si no se le antojaba raro eso de compartir su espacio más íntimo.  Su respuesta me ha hecho pensar mucho desde entonces y, a quien haya sido alumno mío le resultará familiar:  "Aquí no paso hambre, frío ni miedo, o sea que no tengo de qué quejarme".

Al hilo de esa anécdota me gustaría hacer un paréntesis y plantear unos casos que suelo utilizar en los cursos y seminarios en que participo. Primero: "Supongamos una residente a quien no le gusta una residencia porque no quiere seguir la dieta pautada, no quiere que la duchen tan a menudo, quiere poder tener su medicación en la habitación y no quiere participar en actividades que no le gustan.  Los hijos de esa señora están contentísimos:  desde que sigue el menú pautado ha mejorado de su enfermedad; desde que la duchan más ya nunca tiene "ese olor"; además se sienten muy felices con el control que lleva la residencia con la medicación y las quejas de su madre sobre las actividades les parecen chiquilladas.  He aquí la pregunta:  ¿Cambiará de residencia esta señora?.   Segunda:  "En la misma residencia hay otra residente que está contentísima.  Le gusta la comida y el orden que ve en la residencia.  Lleva un tiempo y considera que fue un gran acierto venir a vivir al centro.  Sus hijos por el contrario están muy enfadados.  Dos veces han tenido problemas con los recibos, un día se sintieron tratados sin el suficiente respeto por parte de una gerocultora y no se sintieron apoyados por la directora.  Encima, ahora se sienten incómodos cuando van a ver a su madre porque saben que son vistos como "problemáticos".  Están convencidos de que lo mejor es que su madre cambie a otra residencia donde les traten  mejor.  De nuevo, he aquí la pregunta:  ¿Cambiará de residencia esta señora?.

Pido a quien lea esta entrada que responda con sinceridad a las preguntas y después se plantee una
 tercera opción:  una residencia en la que una señora opta por no seguir estrictamente la dieta, no ducharse tan a menudo como sus hijos considerarían adecuado, ella misma tiene la medicación en su habitación (con una discreta supervisión) y sólo realiza actividades que le gustan:  por ejemplo se hace la cama, limpia su propia habitación y participa en un grupo de costura.   Sus hijos están indignados porque les parece que no están pagando porque "no le hagan nada a su madre" pero ella les ha dicho que la dejen tranquila, que ya es mayorcita y que no olviden que ella manda sobre su vida.  Los hijos, apoyados por los profesionales de la residencia,  la entienden, se dan cuenta del error, la apoyan en su decisión y todos quedan felices.

¿Ven posible la tercera opción?  Cuando la mayoría de profesionales, padres e hijos comulguen con ella sólo existirán residencias que apliquen modelos de los que hoy llamamos centrados en la persona.  Hasta que ese día llegue deberán romperse algunos elementos que hoy parecen muy sólidos (en mis clases les llamo "paredes de cristal laminado")


Centrar la atención en la persona, con los modelos que se intentan introducir requiere hacer unos cambios arquitectónicos que acerquen "la residencia" a la "vivienda", o sea, requiere "desinstitucionalizar".    El problema es que llevamos casi treinta años creando normativas para que las residencias sean instituciones:  barandillas, señalizaciones, espacios delimitados para actividades diferentes, anchuras mínimas de pasillos...  Tal como están viendo los defensores del modelo "housing", para poder hacer algo tan sencillo como "humanizar los pasillos", en muchas ocasiones hay que empezar por quitar los pasamanos y poner sofás y  mesitas en los mismos lo que puede suponer incumplir la norma de accesibilidad (barandillas) e incendios (material inflamable en vías de evacuación).

Centrarse la atención en la persona requiere dotar de significado las actividades que realizan los residentes.  Eso implica en muchas ocasiones cocinar o planchar.  Pero que  un residente participe en la elaboración de comida que consumirán otros residentes choca con las normativas de comedores colectivos que se aplica en las residencias y que regula al detalle cómo debe ser el espacio en el que se cocina, quién puede manipular alimentos, etc...

También, el nuevo modelo supone aceptar que la persona tome decisiones cuando tenga la capacidad y la competencia para hacerlo y, lo que resulta más difícil, respetar esas decisiones.

Cuando la persona es razonable y decide lo que todos consideramos como lógico y bueno no hay problema pero ¿Y si la persona es una insensata que reclama su derecho a equivocarse?  Aquí pueden plantearse problemas que hasta ahora se resolvían con la intervención de un equipo interdisciplinar que redacta un Plan con el que están de acuerdo los familiares.  En muchas ocasiones, la intervención de esos profesionales y de la familia son suficientes para que el diabético que no quiere pincharse la insulina o seguir una dieta adecuada acabe haciendo "lo correcto".  El problema es que hay residencias que han visto como la inspección de servicios sociales les abre un expediente sancionador porque algunos residentes no cumplen los menús establecidos, a pesar de que los mismos residentes hayan manifestado su voluntad de incumplir.

Un problema que detecto en el discurso de los profetas de la Atención Centrada en la Persona  (ACP) es que no ponen suficiente énfasis en estas paredes de cristal laminado aunque lo cierto es que la tienen.

En este punto es en el que entran algunos inspectores que, tras acudir a un curso sobre cómo disminuir o evitar el uso de contenciones o, directamente sobre ACP "ven la luz" y empiezan a aconsejar a todas las residencias que visitan a partir de entonces, que se adecuen a los principios del "nuevo modelo".   El problema es que, cuando las residencias empiezan a aplicarlos se encuentran con que chocan con obstáculos establecidos en la propia normativa que el inspector debe comprobar.  Si el inspector decide hacer "la vista gorda" el problema pasará desapercibido pero, salvo que hayan cambiado de verdad las perspectivas de los profesionales, residentes y familiares; el problema continuará allí.  Eso es lo que hace que algunas residencias se preguntan si deben estar centradas en la persona o en el inspector.

Si de verdad queremos que el cambio de modelo sea posible, hay que empezar a pensar en cambiar las normativas.  Y hasta que eso suceda hay que intentar que cambie la perspectiva que todos tenemos de lo que se hace en una residencia.  Tal como he defendido antes, ese cambio se acabará produciendo hagamos lo que hagamos ya que yo no viviré mi vejez igual que la vivió mi abuela.  Pero podemos intentar encauzarlo y, hasta cierto punto acelerarlo.  Para ello, creo que sería bueno que existiese algún modelo que, huyendo de querer obtener el "todo", se plantease cambios pequeños que quepan en la norma de hoy y que comporten poder mantener las estructuras arquitectónicas existentes.  Algo que no requiera que nadie tenga que hacer la vista gorda sino que quienes trabajan hoy con mayores vean al mayor desde otra perspectiva.  Si conseguimos eso, lo otro irá viniendo por sí solo.

Y lo que digo puede ser aplicable a una residencia geriátrica de Madrid, Barcelona, Valencia o de cualquier lugar de España

Autor del post:  Josep de Martí

También puedes opinar sobre esta entrada en Google+


viernes, 21 de junio de 2013

UN MODELO POR FAVOR

Navegando hoy por la  blogosfera he llegado a un post que me ha hecho sonreír y que os invito a leer, se llama Quién cuida las gallinas y viene a ser una visión algo afilada sobre las experiencias que empiezan a surgir de atención centrada en la persona en unidades de convivencia dentro de residencias.

Hace unos días coincidí con Pilar Rodríguez, una de las propulsoras del sistema en unas jornadas en Alicante, organizadas por Novaire, en las que tuvimos la ocasión de tratar del tema de una forma muy interesante.  Yo veía (y sigo viendo) que esas son las residencias que quiero tener cuando yo las necesite.  Ella me insistía que no quiera esperar tanto, que las podemos tener mucho antes.  También a Pilar le recomiendo la lectura del post.

Y al hilo de esa idea, os planteo esta reflexión que escribí hace unos meses para una patronal:


Inforesidencias.com organiza cada año, desde hace siete, un viaje geroasistencial a un país europeo.  Hemos ido tres veces a Suecia, dos a Alemania, y una a Francia y Holanda.  Siempre se trata de más o menos lo mismo:  un grupo de profesionales y propietarios de residencias viajan juntos a otro país para que les expliquen cómo funcionan allí las cosas,  poder ver en directo alguna residencia y centro de día de día y volver con ideas que puedan ayudar de regreso a casa.

Suele suceder que las circunstancias son tan diferentes en los países que visitamos con respeto a España que, aunque se puedan traer ideas concretas, resulta difícil inspirarse en el modelo.  Así, en el primer viaje que organizamos, al que asistieron varios miembros de la entonces AMRTE, pasó algo curioso: Cuando entramos en la primera residencia nos dijeron que para atender a grandes dependientes tenían enfermeras, ayudantes de enfermeras y auxiliares.  Nos sorprendió que no hubiese otros profesionales por lo que preguntamos insistentemente.  Cuando nos confirmaron que no, les dijimos que en España las residencias tenían médico, enfermera, fisioterapeuta, animador, trabajador social, terapeuta ocupacional, etc..  Ellos nos respondieron sorprendidos: “Así eran aquí las residencias hace treinta años.  Después fue cambiando porque resultaba demasiado caro y se vio que tampoco hacía tanta falta”.

En Suecia las residencias suelen estar constituidas por varios módulos en los que hay entre ocho y doce habitaciones alrededor de una sala común en la que hay una cocina.  Cada residente tiene una habitación individual amplia con baño y otra cocinita.  Si la persona tiene demencia la cocinita está desconectada.  La clave es que se parezca a un domicilio.  Los mayores conviven con las cuidadoras en la sala común.  Allí mismo se cocina, comen juntos mayores y gerocultoras y hacen actividades de las que haría alguien en su casa.

Nuestro segundo viaje a Suecia tuvo unos asistentes peculiares:  Ni más ni menos que el consejero y la gerente de servicios sociales de una Comunidad Autónoma.  Las cosas de la vida han hecho que estas personas, con el paso del tiempo, hayan acabado siendo, uno, director general del IMSERSO, la otra, consejera de servicios sociales de esa comunidad.  Y mira tú por dónde, parece que les gustó tanto el modelo que vieron durante el viaje, que han querido traerlo para acá.

Aunque los suecos no hablen literalmente de atención “centrada en la persona” ni de “housing” parece que es lo que hacen. Cada vez que leo los documentos que ha publicado el IMSERSO o asisto a alguna de las múltiples sesiones explicativas sobre el “nuevo” modelo, me parece que me están explicando lo de Suecia con alguna variante.  Es más, en algunas de esas conferencias, veo fotografías que corresponden a residencias suecas.

Vaya por delante que, cada vez que visito las residencias “tipo sueco” pienso que, si alguna vez necesito ingresar en una, me gustaría que fuese de este tipo.  Pero, dicho esto, cuando vuelvo a España me encuentro con nuestra realidad y me pregunto ¿Serán así las residencias aquí alguna vez?
Pensemos que una clave del “nuevo modelo” es dar un gran protagonismo a la gerocultora, lo que comporta necesariamente  que lo pierda el equipo interdisciplinar.  En ese  “nuevo modelo”, si se acaba pareciendo a Suecia, sobran algunos de los profesionales que hoy forman parte reglamentaria del sistema.  ¿De verdad alguien está pensando en que tenemos que entrar ya en el camino de la desprofesionalización?

Ahora en Castilla León y en el País Vasco están empezando a trabajar desde la administración en la implementación de modelos basados en lo “centrado en la persona”.  Se empiezan a adecuar residencias piloto  y  a evaluar cuál será el coste de funcionamiento una vez adaptadas.    En ambos casos se están encontrando con alguna dificultad de tipo normativo.

Cuando hayan avanzado un poco en el experimento habrá que plantearse algunas preguntas: Si es este el sistema hacia el que queremos encaminarnos ¿Podremos, como hizo Suecia en los años 80  y sucesivos, ir transformando las residencias existentes con el enorme costo que ello supone? ¿Es creíble que esto llegue a ser algo más que una “experiencia piloto” en un entorno tan duro de restricción presupuestaria? ¿Si no hay dinero para transformar las casi 300.000 camas que existen hoy en las residencias, qué haremos con ellas?

Sería muy importante que empecemos a buscar respuestas a estas preguntas,  ya que detrás de cada residencia de las que existen hoy hay una inversión, un proyecto de trabajo, un equipo de profesionales y una experiencia que nos demuestra que, aunque las cosas podrían ser mejores, hoy no son malas.
Tenemos una experiencia reciente en la que nos planteamos cambiar el modelo de atención a la dependencia:  escribimos una carta a los Reyes Magos y actuamos como si nos hubieran traído el regalo que habíamos pedido.  Hoy estamos pagando todavía el error de no haber calculado bien cuántos dependientes había, cuánto costaría atenderlos y quién pagaría la factura.


A la vez que planteamos grandes cambios, sepamos valorar lo que tenemos y no lo arriesguemos todo....  otra vez.

miércoles, 1 de mayo de 2013

ALGO MÁS SOBRE LA CULTURA DEL SÍ EN RESIDENCIAS

Después de varios intentos he conseguido ver un vídeo que Has Becker me dió durante la visita a la residencia Akropolis del grupo Humanitas.  Es la residencia de la que escribí hace unos días.

Este es el vídeo.



En los diferentes viajes que hemos organizado desde www.inforesidencias.com, "el buscador de residencias para mayores", hemos visto muchas cosas originales, la verdad es que ésa es de las que más.

Fijaos en el vídeo y veréis como una señora residente se está fumando un cigarrillo tranquilamente en la sala de actividades, cómo beben alcohol o cómo una señora choca su silla de ruedas contra una pared y, a pesar de todo le animan a que la siga controlando ella misma.

En Holanda tubieron el baby boom veinte años antes que en España, además tienen una cultura muy diferente a la nuestra por lo que sería tonto querer hacer una traslación directa.  No obstante, cuando aquí hablamos de planificacion o atención centrada en la persona ¿no pensamos un poco en cosas así?

Autor del post:  Josep de Martí

martes, 9 de abril de 2013

LA FELICIDAD ES EL OBJETIVO DEFINITIVO: LA CULTURA DEL SÍ PARA ALCANZARLA

Llegamos a Holanda treinta personas en el viaje geroasistencial de Inforesidencias.com, el buscador de residencias geriátricas, que este año hemos organizado con la empresa holandesa Transfer Consultancy.  Como en viajes anteriores a Suecia, Alemania o Francia, sabemos que el modelo que vamos a encontrar es muy diferente al nuestro pero buscamos aquéllo, aunque sea pequeño que nos permita aprender y mejorar.

 La  cultura del síAl llegar a la residencia Humanitas Akropolis en Rotterdam nos encontramos varias cosas que a todos los vistiantes nos resultan llamativas:  un complejo formado por cuatro equipos interconectados que en total acogen a 600 personas mayores en un conjunto de apartamentos con servicios y una unidad de residencia.  Lo primero que llama nuestra atención es que en el jardín que se sitúa entre los edificios hay una especie de Zoo con cabras, conejos, cerdos y otros animales.  Cuando entramos dentro no es lo que nos esperábamos.  El aspecto es el de un restaurant self-service, en el que, de hecho hay personas que están comiendo o tomando un café.  Aquí y allá algunos objetos que más podrías encontrar en un rastrillo que en una tienda de antigüedades pero que, sin duda, tienen años.

Nos recibe un personaje peculiar.  Se llama Hans Becker y nos empieza a explicar que hace años le preocupaban cómo eran las residencias así que decidió crear un nuevo modelo basado en lo que él llama "la cultura del sí".  El sr Beckers no es contenido en sus expresiones.  Dice que las residencias antes eran "islas de miseria"  en las que las personas no eran felices por lo que él quiso aportar felicidad.  La verdad es que nos ha explicado muchas cosas.

Me hubiese parecido un profeta desvariado si no fuese porque tiene una realidad que le respalda en forma de 30 residencias repartidas por Holanda y 3.500 empleados.
Un pequeño zoo/granja a la entrada del complejo

Me resulta difícil cuando le oigo hablar no pensar en conceptos como la planificación centrada en la persona.

En vez de escribir yo lo que sigue, voy a traducir un poster que nos han entregado y que no he sido capaz de encontrar en internet.  Se llama "La nueva filosofía para el sector del cuidado:  La felicidad es el objetivo definitivo y la cultura del sí es el vehículo para alcanzarla".

El punto de partida, así como el objetivo de la filosofía del  sistema holandés de atención es la consecución de la felicidad humana para los clientes con alguna discapacidad física o social.  Curar y cuidar  ya no son nuestra principal actividad (core business).

El lugar donde vive la persona (living arrangements)  y la consecución de una sensación de bienestar son elementos igualmente importantes o incluso más que los de atención sanitaria y cuidados (curar/cuidar). Estos últimos ya no deberían ser los aspectos que definan la atmósfera  y aspecto general.

La felicidad humana se forma de dos aspectos: 
Junto con Hans Becker, un visionario de la atención gerontológica

Uno individual:  La persona, aunque tenga una discapacidad, desea tener control sobre su propia vida.

Uno comuntario: Las personas tenemos la necesidad de pertenecer a un grupo (algo que le pasa a muchos animales que viven en manadas).

En esto es en lo que se debe concentrar la actuación de nuestra organización y, sólo en la medida en que el cuidado sanitario y la atención contribuyan a ello, deben ser considerados como algo beneficioso.  Pero en ese caso siempre se deberá considerar si el hecho de tomar una aproximación médico/higiénica tiene efectos negativos sobre lo que verdaderamente es importante.  Si lo que se gana es mayor a lo que se pierde es mejor abandonar  el curar/cuidar y concentrarse en el bienestar que hace que la persona se olvide de sus discapacidades y "aprenda a vivir" con una discapacidad crónica.  Así las cosas, el bienestar, como alternativa a curar/cuidar se puede implementar en un número razonablemente alto de ocasiones.

Sobre el lugar donde vive la perosna:  Humanitas, teniendo en cuenta el deseo individual de independencia, ha desarrollado los "apartamentos para toda la vida".  Estos tienen un mínimo de 72 m2, y tres estancias (la exigencia de vivienda social en Holanda) y pueden ser comprados o alquilados según sea el nivel de ingresos de la persona.

El hecho de tener su propio apartamento hace que la persona sea un verdaderamente un "residente", no alguien que simplemente ocupa una habitación en una institución.  El lugar donde vive la persona y las atenciones a la persona deben ser considerados aspectos totalmente separados.  Por eso, alguien que vive en Humanitas podría elegir, si necesita alguna atención que se la preste una empresa que no sea Humanitas.

Los apartamentos se diseñan de forma que se pueda vivir cómodamente en ellos incluso en una silla de ruedas.  La pila de la cocina y el lavamanos son regulables en altura; los enchufes el buzón están alcance de la persona.  Las barreras se evitan.
Hans Becker explica a los asistentes al viaje su modelo

El lugar donde se vive no sólo contribuye al concepto individual de felicidad sino que también apoya el aspecto grupal ya que puede aumentar el sentido de pertenencia a un grupo.  Para poder considerarte una "persona entre personas" necesitas encontrar a gente, mezclarte con ellos y compartir algo:  comer una manzana, hablar de algo o tomar una copa en un bar; ir a la peluquería o visitar la granja de la residencia con tus nietos; el jardín de las escuturas o jugar a bridge con otros.  Para todas estas cosas necesitas unos espacios para lo que Humanitas ha creado "la plaza del pueblo cubierta", una gran zona comunitaria dividida en muchos espacios en la planta baja de uno de los edificios.

Por supuesto, los antiguos elementos de curar/cuidar como cuidados personales, enfermería, fisioterapia, psicología, trabajo social, dietista, logopeda, o monitor se actividades físicas son importantes.  Estos servicios también se pueden encontrar en la "plaza de pueblo" pero de ninguna manera como elementos dominantes:  no verás a nadie con bata blanca caminando por el edificio, ni muchos carteles recordando múltiples reglamentaciones internas, ni mobiliario que parezca de una institución  ni luz fluorescente. El motivo es que hay muy poco que curar o regular en enfermedades crónicas como el Alzheimer, el Parkinson o la esclerosis múltiple.

Muy a menudo lo que tenemos que hacer es apartar el curar/cuidar de esas personas y es la organización la que debe preocuparse por enfocar la atención en la consecución de lo placentero de la vida que todavía se pueda disfrutar.  La actual preocupación por  aspectos médicos e higiénicos,  el establecimiento de reglas, la discusión en todos los niveles (enfermería, médicos, dietistas, trabajadores sociales, psicólogos...)  sobre estos sujetos, ocasiona una atmósfera negativa.   Si se acentúan las cuestiones médicas la imagen positiva de la vida tiende a desaparecer y las instituciones donde se cuida a esas pesonas se cinvoerte en lo que Becker llama "Islas de Miseria".

Sobre el modelo de gestión, Humanitas ha elegido uno que no se basa en la estructura jerarquizada de mando de "arriba a abajo" sino en lo que se conoce como "Operación cultural colectiva" (collective cultural operation) definida por el profesor  Karl Weick, de estados Unidos, en el que  los que participan (mandos, empleados, clientes, voluntarios, familias y proveedores) necesitan sen conscientes  de cuáles son los valores principales de la organización y actuar en consecuencia.  De esa forma se da poder (empowerment) a los niveles bajos de la organización generando innovación "de abajo a arriba".

En este modelo los valores principales de la organización tienen una importancia primordial.  Estos son:

PODER DE DECISIÓN (ESTAR EN CONTROL):

Cualquiera cuyo cerebro  funcione  debe decidir por uno mismo que es importante para sí, incluso si eso comporta decisiones que no serían normalmente aceptadas por los demás (como emborracharse en el bar cada día, ducharse cada tres semanas o querer tener cinco gatos cuando se ve claramente que no es posible)

PARTICIPACIÓN ACTIVA:

Es algo importantísimo que se olvida si sólo nos centramos en curar/cuidar.  Si las  funciones básicas (caminar, prepararse un café, controlar el propio dinero, preparar la ropa que te vas a poner o cocinar) se dejan de utilizar, desaparecen sin darnos cuenta.  Si uno deja de caminar durante dos meses, recuperar esa capacidad será casi imposible.  Por eso uno necesita mantenerse activo ya que "si no lo utilizar lo pierdes" (use it or lose it).  Hans Beckers dice que hay que llegar al límite del dolor.  Por eso en Humanitas se utilizan eslóganes como  "Demasiado cuidado es peor que demasiado poco cuidado", o "No atiendas a la persona, preocúpate por que cada persona se atienda a sí misma".   Por supuesto que esto tiene sus límites y que el personas se mantiene vigilante, sería absurdo pedir a un residente con parálisis que se lavase los pies.

LA IDEA DE LA FAMILIA EXTENSA

Este valor implica que las personas deberían considerarse a sí mismas como parte de una familia y no simplemente como "ellos".     Los discapacitados, los mayores a punto de morirse que no se enteran de nadas y "nosotros" y nosotros los profesionales de bata blanca que hemos estudiado unos cuantos años y que ahora pensamos que lo sabemos todo mejor que "ellos".  Esos "ellos" junto con su pareja y famiiliares, si lo pensamos llevan años siendo expertos prácticos sobre su propia discapacidad.

El cuarto valor definitivo es 

LA CULTURA DEL SÍ

Significa  que todos los que intervienen (mandos,  empleados, familia, clientes y voluntarios) deben tener una actitud positiva  en relación a cualquier petición, demanda o deseo que manifieste el cliente para mantener el control sobre su vida.
Una parte del museo de la reminiscencia.  Prohibido no tocar

Si la petición no puede ser cumplida, se iniciará un diálogo con la persona.  No una discusión que se pretenda ganar sino una conversación  abierta en la que busquemos los motivos que generan la demanda e intentemos, junto con ella, encontrar alternativas que permitan llegar a un acuerdo  con el cliente que sea positivo.

Aplicando esos principios nos llevan a tener un restaurante en el que los clientes piden su comida y la pagan con su propio dinero, el museo de la reminiscencia, que ofrece temas de conversación  para el día a día, la peluquería y el salón de belleza, la granja, etc... Todos  buscan potenciar lo positivo y mejorar el ambiente. La suma total de curar/cuidar, bienestar y lugar donde vivir es un producto integral que no puede existir si no existen todos los elementos.

Cuando alguien entra en un establecimiento de Humanitas se siente sorprendido  por el calor, la estimulación y la alegría que produce una cultura empresarial basada en generar actividad.  Nada de lo que vemos, olemos, oímos o sentimos nos hace pensar en que vamos a recibir atención.  Normalmente  relacionamos a las empresas que ofrecen cuidados con médicos, higiene, medicación, reglas y muerte.  Eso elementos, por supuesto también existen en Humanitas pero  se presentan de una forma velada.  Lo que verdaderamente se ven son los aspectos felices de la vida.
Todo se puede tocar aquí.  Planchando como antes

Uno de los últimos aspectos en la lista de elementos a mencionar es la mezcla.  En principio discapacidad y miseria no deberían juntarse.  Las islas de miseria son fáciles de crear aunque no sea de forma deliberada.  Por eso en Humanitas hacemos un esfuerzo positivo por mezclar:  los sanos con los enfermos (al menos un tercio de nuestros clientes no tienen ninguna necesidad de atención), jóvenes con mayores; ricos con probres; nativos con minorías étnicas; homosexuales con heterosexuales.  Esta mezcla se extiende a nuestro entorno ya que el centro está abierto.  El "truco" consiste en ofrecer precios muy razonables en el restaurante, un buen fisioterapeuta, un supermercado que puede utilizar el vecindario, una peluquería y salón de belleza también abiertos a la comunidad, un café de internet; un club de bridge e incluso una guardería para la comunidad.

Creando un conjunto feliz, Humanias atrae a empleados fácilmente, consigue menos abandonos y bajas laborales.

Además de que los familiares visitan más a los clientes, Humanitas es como un imán para los voluntarios; los clientes tienden menos a la depresión, se ayudan más entre ellos en vez de pedir ayuda a los empleados y de esta forma todo nuestro esfuerzo tanto profesional como financiero  se puede concentrar en lo realmente útil mientras se evitan peticiones de cuidado que se producían a menudo en las islas de miseria tradicionales.





Esto sí que es una forma original de atender a personas mayores y convivir con la demencia.

Esto es sólo una de las visitas llevadas a cabo durante el viaje geroasistencial a Holanda 2013 organizado por www.inforesidencias.com

Traductor del texto original y comentarista: Josep de Martí

Enlace relacionado: Jardín terepéutico para mayores