jueves, 1 de diciembre de 2016

Se acerca el décimo cumpleaños de la Ley de Dependencia: ¿Felicidades?

A medida que se acerca el uno de Enero de 2017, o sea el décimo aniversario de la entrada en vigor de la Ley de Dependencia, no puedo evitar pensar en cómo han cambiado las cosas en este último decenio y en lo poco que ha influido en ese cambio el nacimiento del “cuarto pilar del Estado de bienestar”.

Pensar en que, mientras se redactaba algunos se empeñaron en que se llamase de “autonomía personal” mientras otros quisieron, fuese como fuese, que diese cobertura a personas con dependencia provocada por problemas de salud mental.  Ambos consiguieron su propósito, entraron en la Ley, para ver lo conseguido convertirse en nada.

Pensar que llevamos diez años escuchando “lo bueno” que ha sido que se aprobase una ley que “reconoce un nuevo derecho de ciudadanía” y la cantidad de personas que han recibido alguna prestación que, sin ley de Dependencia no les hubiese llegado.

Yo llevo años diciendo que si queríamos más personas recibiendo servicios sociales sólo hacía falta haber mejorado el sistema de financiación de las comunidades autónomas y haber dejado que cada una siguiese con su modelo de cobertura.  Supongo que soy demasiado ingenuo.  

Los que de verdad saben cómo deben hacerse las cosas decidieron crear un sistema en el que bajo la gran estatua del “derecho de ciudadanía de la Dependencia para todos y todas” existiese un sistema, en apariencia común, de valoración de la dependencia, acreditación de servicios, copago y asignación de recursos mientras en la realidad continuaban existiendo diecisiete sistemas diferentes (uno por cada comunidad autónoma), con sus burocracias, reglamentaciones y legiones de funcionarios.    La clave estaba en un redactado tan deficiente que permitiese entender una cosa y la contraria y en un gobierno del estado que de ninguna forma fuese a intentar unificar o armonizar nada.

El resultado: un sistema “de papel” y una realidad contradictorios, muchas personas dispuestas a defender el gran avance que ha supuesto la Ley y la tendencia a mirar con extrañeza cuando no desconfianza a quienes decimos que la Ley estaba mal hecha desde el principio.

Escuchar a alguien que defiende la Ley me hace recordar lo que Orwell define como “doble pensamiento” en  su obra maestra, 1984.

Doblepensar significa el poder, la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias albergadas a la vez en la mente. El intelectual del Partido sabe en qué dirección han de ser alterados sus recuerdos; por tanto, sabe que está trucando la realidad; pero al mismo tiempo se satisface a sí mismo por medio del ejercicio del doblepensar en el sentido de que la realidad no queda violada. Este proceso ha de ser consciente, pues, si no, no se verificaría con la suficiente precisión, pero también tiene que ser inconsciente para que no deje un sentimiento de falsedad y, por tanto, de culpabilidad. El doblepensar está arraigado en el corazón mismo del Ingsoc, ya que el acto esencial del Partido es el empleo del engaño consciente, conservando a la vez la firmeza de propósito que caracteriza a la auténtica honradez.”



Hace cinco años, tras asistir a un congreso de Edad y Vida escribí un post en este blog que se titulaba “No estaba muerta, estaba de parranda (La Ley de Dependencia)”.  En el congreso había escuchado como altos representantes de instituciones y organizaciones de mayores hacían algo que se me antojó bastante curioso:  por un lado se congratulaban de que se hubiese aprobado la ley y consagrado el nuevo derecho  para, acto seguido, denunciar sus defectos, lo mal que se aplicaba y la falta de presupuesto.

Esto es sólo un extracto del post os lo dejo para que vayáis preparando el cumpleaños de la Ley:

Sea cual sea el objetivo de la Ley, en cuatro años se ha pervertido o ha sido sencillamente olvidado. Lo único bueno es que se ha gastado más dinero en dependencia: No como la Ley pretendía hacerlo, pero el dinero se ha gastado y se sigue gastando. Así que muchas personas que antes no recibían prestación hoy la reciben: no como la Ley preveía que la recibiesen, pero la reciben. Da igual que al lado haya otras miles de personas que no reciben lo que la Ley preveía, eso palidece ante lo anterior.


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Si no fuese porque esas miles de prestaciones se han reconocido diríamos que la Ley está muerta, pero, después de escuchar a los representantes de los mayores y al de Edad y Vida sólo nos queda salir cantando: No estaba muerta, estaba de parranda. ¡Gracias Peret! (http://www.youtube.com/watch?v=G9lOlS3eGOs&feature=related)

Sobre la Ley de Dependencia
Libro de Josep de Martí Cómo nos engañaron con la Ley de Dependencia