martes, 1 de septiembre de 2015

Cómo hemos cambiado. Los precios de las residencias privadas en 1998 y en 2015

Buscando entre papeles de hace unos años para preparar una clase me he encontrado con una presentación que hice el 2 de marzo de 1999 en la III Jornada de Derechos y Obligaciones de Residencias organizada por la Universidad de Barcelona en el Palau de les Heures.

Por aquél entonces yo trabajaba en la Generalitat y los datos que presenté (y que tendrán todos los que asistieron al acto) se referían al precio medio de los cinco últimos ingresos en residencias geriátricas catalanas.

Los precios entonces se mostraban en pesetas, pero los he convertido en Euros para facilitar las cosas.

Los datos se referían a  residencias de mayores mercantiles en 1998 y, se habían ponderado dando más peso a las residencias más grandes.

La conclusión fue que el precio medio era de 139.475 Pesetas +IVA, o sea  838€ al mes.

Esta es una de las transparencias que utilicé en la presentación y muestra como la mayor parte de las residencias tenían precios entre los 700€ y los 900€




Hace diecisiete años las residencias más económicas eran aquellas que tenían menos de 25 plazas, tal como  muestra este otro gráfico.


Lo interesante para entender la situación del sector entonces es relacionar estos precios con la capacidad adquisitiva de una persona.

Tomando datos del INE, en 1998 el salario medio en España era de 1.322 Euros al mes y en Cataluña de 1.496 Euros al mes.  El salario base de una gerocultora era de 553€.

O sea que en 1998, con un mes de salario medio se podían pagar 1,8 meses de estancia en una residencia de tercera edad privada.  Se necesitaba, en cambio el salario de una gerocultora y media para pagar esa misma estancia en el geriátrico.

Veamos que pasa ahora:

En 2014 (datos publicados) el salario medio mensual en España es de 1.634 Euros, en Cataluña sube hasta los 1.715€.  El salario base de una gerocultora es de 959,27€/mes

El precio medio de una residencia geriátrica privada es de 1.829,81€ mes en el conjunto de España y de 1.847,60€ en Cataluña.

O sea que, con un salario medio no alcanza a pagar el precio medio de una residencia (alcanza para el 93%) y hace falta, casi, el salario de dos gerocultoras para poder afrontarlo.

Sin ningún género de dudas, una residencia de 2015 tiene una estructura de gastos totalmente diferente a una de 1998:  Para empezar cuenta con más personal, con un equipo de profesionales más extenso; si es de nueva construcción, con más metros cuadrados y con otros costes administrativos que hace diecisiete años no existían vinculados con requisitos de protección de datos, riesgos laborales, legionela...  Por lo que en realidad, el hecho de que haya subido el precio de la residencia por encima del de los salarios, no comporta  necesariamente que hayan aumentado los beneficios sino que lo han hecho los costes.

Como prueba de ello, la normativa de residencias calatana aplicable a  los centros que acogían usuarios "de colaboración" en 1998 exigía únicamente una rátio de 0,27 de atención directa y una del 0,12 de atención indirecta, con la obligación de disponer de un director y un responsable higiénico sanitario (médico o enfermera).  El equivalente de 2015 requiere, para acoger a usuarios de alta dependencia una ratio de atención directa del 0,42 con presencia, además de gerocultoras, de médico, enfermera, fisioterapeuta, trabajador social, educador social, terapeuta ocupacional y psicólogo.

Sabiendo que eso es así, se produce un problema importante para las residencias de tercera edad privadas que no financian las estancias de sus clientes con fondos públicos, y es un progresivo divorcio entre oferta y demanda.

Aunque, para hacer el cálculo hemos tenido en cuenta el salario base de las gerocultoras, sabiendo que el salario real suele ser superior.  El hecho de haber considerado el mismo dato en 1998 y 2014 da más solvencia a la comparación.

La pregunta es clara.  ¿Podremos mantener un sistema de atención residencial de calidad si se ensancha mucho más la diferencia entre los ingresos individuales y el coste/precio  del servicio?

Una primera adaptación a la nueva situación lleva unos años produciéndose.  Las familias retrasan la decisión de ingresar a un ser querido en una residencias de tercera edad.  Hace unos años, cuando con la pensión y "poniendo un poco cada hijo" muchos podían asumir el coste de una residencia, había ingresos de personas con un determinado grado de dependencia.  Ahora la mayor parte de familiares esperan hasta que les resulta totalmente imposible continuar ofreciendo el cuidado por lo que ingresan en los centros personas con unas necesidades de atención mucho más elevadas.

Las residencias se han ido adaptando a esa situación y muchas son verdaderos centros sociosanitarios que ofrecen servicios cuasi hospitalarios, pero ¿podrán ofrecer servicios cada vez más complejos sin incrementar sus costes?

Creo que estas son algunas de las preguntas que se deberían ir planteando en los próximos meses.

He utilizado datos de de residencias geriátricas de Cataluña porque son los que tengo más a mano y me gustaría mucho que alguien pudiera aportar los de otras comunidades, especialmente los referidos a 1998 para que pudiéramos crear ese mapa del "coste real" o sea, lo que le cuesta a un salario medio pagar la estancia en una residencia de mayores.