martes, 8 de septiembre de 2015

Acabo de regresar del III Congreso internacional de residencias y servicios para adultos mayores que ha tenido lugar estos días en Mérida (Yucatán-México).


Estos congresos son una muy buena ocasión para complementar los viajes geroasistenciales que organizamos en Inforesidencias y que nos suelen llevar a visitar países europeos de los que consideramos “más avanzados” (Suecia, Holanda o Suiza).

La primera vez que fui a México a impartir un curso hace ocho años fui con la idea de llegar a un país en el que todo estaba por hacer desde el punto de vista gerontológico.  México es un país joven en comparación con España (9% de mayores de 60 años frente a 23%) y el sector de atención a mayores dependientes no está muy desarrollado.

No obstante, en las cinco ocasiones siguientes en las que me han invitado a impartir clases o conferencias he conocido experiencias, proyectos y realidades que me han hecho entender que los europeos también tenemos cosas que aprender de México y de América Latina en general.

Durante este último viaje he conocido a profesionales de la atención a mayores de Colombia, Argentina, Brasil y Ecuador, además de muchas ciudades mexicanas.  Por ejemplo al director de una residencia cerca de Bogotá donde la mayor parte de los residentes conviven con sus mascotas en la habitación sabiendo que la residencia les ofrece el servicio de paseo de los animales así como la supervisión de que cumplan todos los requisitos sanitarios. He conocido el caso de una residencia creada con un modelo hotelero y que se ha transformado en un verdadero centro sociosanitario; un grupo de empresas y administraciones que han creado un clúster de turismo sanitario en una zona cercana a la frontera estadounidense para atraer a mayores de ese país que quieran recibir tratamiento o realizar la convalecencia en hospitales y residencias de la zona; además de haber podido ver proyectos de residencias que no tendrían nada que envidiar a las que he conocido en diferentes países europeos.

Por supuesto que muchos de esos profesionales se quejan de dejadez por parte de los políticos o de un cierto desinterés por parte de una sociedad que no ve todavía el envejecimiento como problema social.  Pero las quejas contrastan con la cantidad de proyectos nuevos que he ido conociendo, alguno de los cuales cuentan con la participación de cadenas de residencias españolas que han encontrado a aliados mexicanos para implantarse allí.

A mí, en estos años se me ha caído la venda de los ojos y voy a México con la misma ansia de aprender cosas nuevas que cuando voy a Estocolmo.

Durante el congreso impartí una conferencia sobre cómo ha ido evolucionado el modelo de residencia en los últimos años; sobre los requisitos de personal/ recursos humanos y su repercusión en la calidad y; sustituyendo a Karin Palmlöf, una profesional sueca de la que vamos a oír hablar mucho en los próximos tiempos, participé en una ponencia sobre jardines terapéuticos exponiendo modelos de los que hemos visto en los viajes geroasistenciales en Estocolmo, Viena o Zürich.

El próximo congreso se celebrará en Ciudad Juárez (Chihuahua – México) en Septiembre de 2017 y, al tener lugar en una ciudad que está en la frontera con Estados Unidos, se centrará de forma importante en la jubilación de estadounidenses en México y las oportunidades de negocio para empresas extranjeras en ese país.


Si todo sale como está previsto, aún volveré a tierras mexicanas antes de finalizar el año para asesorar en un proyecto de envejecimiento activo.  Lo cierto es que el desplazamiento se hace un poco pesado pero es un place trabajar con los profesionales que hasta ahora he conocido.

Si a alguien le interesa el tema puede ver lo que escribí en 2012 después de volver de otro congreso en México, o sobre una residencia mexicana y lo que escribí en 2009 después de volver de Chile.