martes, 22 de enero de 2013

"DAOS PRISA Y MORID"

Imaginen a un político que, ante el creciente gasto en pensiones y en atención sanitaria a personas mayores dijese, "que se den prisa y se mueran" para aliviar así la carga que suponen para la sociedad.

Ese cafre existe y se llama Taro Aso, ministro de finanzas de Japón.

Según el periódico inglés "The Guardian"  ha dicho "Dios no lo quiera, verte obligado a vivir si quieres morir. Yo me despertaría muy mal sabiendo que mi tratamiento está pagado por el gobierno"  "El problema no se resolverá a menos que (a los mayores) les apremiemos a morir".

La noticia no tiene desperdicio.  El personaje, que tiene 72 años, se refiere a los mayores con sonda nasogástrica como la "gente del tubo" ("tube people") y destaca lo carísimo que sale mantener a personas en los últimos momentos de su vida.

Es cierto que en Japón, un país con 128 millones de habitantes hay un 25% de personas de más de 60 años y se espera que en 2050 la mitad de la población esté en esa edad.  Eso planteará serios problemas, sin duda, pero ¿Es la solución animarles a morirse para no generar tanto gasto? ¿Es la muerte de nuestros familiares mayores la solución?

La respuesta la podemos encontrar en la historia ya que no es la primera vez que alguien ha planteado que hay vidas que no son lo suficientemente dignas como para ser vividas, especialmente cuando mantenerlas sale caro a las arcas públicas.


En 1937 un  libro exponía los gastos que suponían a la administración mantener a niños según tuviesen o no alguna discapacidad, estos son algunos de los resultados:

      - Alumno normal: 1/3 de Marco
      - Alumno retrasado: 1.5 Marco.
      - Alumno enfermo mental: 2 y 4/5 Marco
      - Alumno ciego o sordo: 4 Marco

El libro es "Ciencia y raza para escuelas elementales y secundarias" (Erblehre und Rasenkunde fur die Grund-und Hauptschule) y en él se pretendía justificar ante los estudiantes arios el porqué los discapacitados físicos y psíquicos suponían una carga para el estado alemán.

Este póster viene a ser una expresión gráfica de la misma idea, y, por supuesto, corresponde a la misma época y entorno nazi.



El texto dice "60.000 Marcos es lo que nos cuesta este discapacitado a lo largo de su vida. Este dinero es también vuestro". Lee "El Pueblo Nuevo" Nuevo Periódico de la Oficina Política del Partido Nazi.

Si entonces el argumento se hubiese quedado en un nada, quizás hoy alguien podría defender que es cierto, que gastar tanto dinero de todos en algo así resulta exagerado.  Pero si vemos lo que pasó después la cosa cambia.

De los nazis hemos aprendido que no todo lo que aparenta racionalidad es correcto. Que las cosas deben ser analizadas con humanismo y sentido crítico para no caer en aberraciones.

Los nazis consideraban que algunas vidas eran indignas de ser vividas y que, si, además de esa indignidad suponían un gasto para la comunidad, el acortamiento o finalización de esas vidas era algo correcto y recomendable.

La idea, como algo "científico" ya se había planteado unos años atrás en un libro:  "La legislación de la destrucción de la vida indigna de ser vivida” (Die Freigabe der Vernichtung lebensunwerten Lebens) publicado en Leipzig en 1920, y escrito por el psiquiatra Alfred Hoche y el respetado juez Karl Binding. En ese libro, que tuvo mucho éxito se defendía que existen vidas indignas y se llega a reclamar "la eliminación de aquellos que no tienen salvación y cuya muerte es una necesidad urgente". Los autores se referían a  aquéllos que estaban por debajo del nivel de las bestias y que no tienen "ni la voluntad de vivir ni de morir". Evocaban a los "mentalmente muertos" y que forman "un cuerpo ajeno a la sociedad de los hombres". Hablaban también de “muertos en espíritu” (Geisting Tote) o “existencias cargantes” (Ballast Existenzen). Insistían los autores especialmente sobre el factor económico, el "despilfarro" de dinero y trabajo en la asistencia médica a los retrasados. Reclamando una "actitud heroica" .

No hizo falta mucho más para que alguien pasase de los libros a la acción y la consecuencia fue, como se dice en el libro, La Psicología del Genocidio, que se fueran quemando etapas, empezando con  la esterilización coactiva de enfermos y personas "problemáticas". Siguiendo por el asesinato de niños «discapacitados» en  hospitales y luego también el de adultos, en su mayor parte procedentes de manicomios. Lo siguiente fue la muerte de internos «discapacitados» de campos de concentración y exterminio, para finalmente alcanzar los asesinatos en masa perpetrados dentro de los propios campos.

Es un tobogán en el que, una vez has empezado a bajar, resulta muy difícil pararse.

Es cierto que los nazis nunca hablaron del exterminio de los mayores pero no hay que hacer un esfuerzo demasiado intenso para imaginar la opinión que Hoche y Binding hubieran manifestado sobre las personas con demencia avanzada que viven en residencias costando dinero a las arcas públicas, sobre todo cuando la ratio de envejecimiento sube cada año.

Por eso, debemos estar alerta cada vez que alguien hable de algo remotamente parecido a que existen "vidas indignas" o que resulta muy caro para la sociedad cuidad a determinado colectivo.

La base de nuestra civilización es el humanismo.  "Reconocemos el valor de la vida humana en sí misma y defendemos la dignidad de las personas.  Respetamos la autonomía de la voluntad y de los principios éticos".

Ese debería ser nuestro credo civil y esa debería ser la letanía interior en que deberíamos concentrarnos cada vez que alguien plantee que la vida de los otros no vale la pena.

Señor Taro Aso, no meta prisa a nadie para que se muera. Intente ver las oportunidades que surgirán en una sociedad envejecida que se acerca sin remisión, y si no es capaz de vislumbrarlas, váyase y deje su lugar a otro que sí pueda.  Nos hará un favor.