lunes, 20 de agosto de 2012

POR SUS FRUTOS LOS CONOCEREIS



En Julio de 2010, cuando gobernaba en España el PSOE y en Cataluña el  segundo tripartito, se produjo una modificación en el régimen del IVA.  Hasta entonces las estancias en residencias para mayores pagaban un 7%.  A partir de entonces se bajó el IVA de las plazas concertadas y de gestión al 4% y se subió el resto al 8%.

Como el sector llevaba mucho tiempo reclamando una bajada general del tipo para los servicios de atención a la dependencia al 4% y, en algún momento parecía que podía obtenerse, lo llamé la “Bajada Interrupta”.   Escribí en mayo de 2010 que me parecía muy mal que los poderes públicos se bajasen a sí mismos el IVA mientras se lo subían a los ciudadanos por recibir exactamente el mismo servicio.  Esa crítica iba dirigida contra el Gobierno de España.    La actuación del gobierno de la Generalitat me pareció perversa de una forma especial ya que, no sólo aprovechó la bajada que le ofrecía el nuevo sistema, sino que además obligó a las residencias colaboradoras a “comerse” la subida.  Lo expliqué en “Preparados para la subidilla” en Julio de 2010: En Cataluña, los usuarios de "plazas colaboradoras" pagan una cantidad que viene determinada en una resolución de la Generalitat. Ésta a su vez paga la diferencia entre lo que paga el usuario y una cantidad que se determina "IVA incluido" que oscila entre los 1.500 y 1.850 aproximadamente. El hecho de que el precio se determine "IVA incluido” hace que las residencias colaboradoras hayan tenido que facturar por una cantidad total equivalente al precio establecido por la Generalitat o sea que, al subir el IVA, han tenido que rebajar la base.

Creo que la Generalitat entonces debería haber considerado que lo que determina la cantidad que corresponde recibir al prestador por la atención a la persona es el precio que se establece en la Cartera de Servicios y que éste es “IVA aparte”.  Si lo hubiese hecho así, las residencias sólo tendrían que haber trasladado a la factura el aumento de un punto del IVA y éste lo habrían pagado, bien la Generalitat y el usuario según su participación en la cantidad total, bien el usuario directamente en su totalidad.   Si la Generalitat hubiese tomado la decisión y lo hubiera trasladado a los centros, se habría aplicado y, estoy seguro que la aplicación habría sido pacífica.   La subida de entonces era de un punto, o sea que oscilaba entre los 15 y los 18 Euros al mes por residente. Para una residencia con 50 plazas colaboradoras esto ha supuesto desde entonces una merma en los ingresos de 10.000 Euros al año.

Como mi fe en el tripartito era bastante limitada, que en aquél momento mostrase una actitud “anti empresa” me pareció mal pero no me sorprendió.

Ahora tenemos gobiernos diferentes.  En Madrid uno que prometía austeridad y contención fiscal como vías para sacarnos de la crisis.  En Cataluña, uno con un Conseller que proclama, siempre que tiene la ocasión, el importantísimo papel que cumplen las empresas en el campo de los servicios sociales (sin olvidar que también lo tiene la iniciativa pública y  la social, por supuesto) y como la relación entre el sector público y privado debe basarse en la confianza y la flexibilidad.

Ambos gobiernos están teniendo la ocasión de mostrar la solidez de sus creencias cuando éstas se convierten en actos.  El de España ha subido en pocos meses el IRPF y el IVA, el de Cataluña ha dejado en el aire el pago de una mensualidad de los conciertos, PEVS, gestión y colaboraciones siendo incapaz de ofrecer alguna medida que pueda paliar el terrible efecto que su impago pueda producir.

Ahora a la Generalitat se le ofrece una nueva oportunidad para que nos muestre su verdadera naturaleza.
Es un hecho que todo el mundo sabe en España que el uno de Septiembre se aplicarán nuevos tipos incrementados de IVA.  Esto hace que, si pago unos céntimos más cuando compre algo en una tienda o unos euros más cuando me corte el pelo, sabré exactamente que no es el tendero o el peluquero quiénes han subido precios sino Hacienda.  Por eso, el hecho de permitir que las residencias colaboradoras trasladen la subida del IVA al consumidor (idea esencial en la que se basa en impuesto) no generaría ningún problema.
Otro argumento que hay que tener en cuenta a la hora de valorar cómo debe aplicarse el IVA en centros colaboradores es que, en esencia el Programa de Apoyo al Acogimiento Residencial (Programa de Suport a l’Acolliment Residencial), que es la base sobre la que se asienta el sistema de colaboración, no es muy diferente de lo que actualmente son las Prestaciones Económicas Vinculadas (PEV), o sea, una ayuda a la persona para pagar la residencia.  La diferencia principal es que en el caso de la colaboración siempre ha existido un precio máximo que se puede cobrar y en las PEV ese “tope” en el precio no existe en la Ley (es un invento de la Generalitat).  Cuando se trata de PEV, el tipo de IVA que se aplica depende de si la prestación cubre más o menos del 75% del precio de la plaza (4% si es de menos y 10% si es de más), o sea que queda claro que una cosa es el precio de la estancia y otra el IVA.  Si mañana vuelven a subir el tipo, en lo que respecta a las PEV estará claro que quien asume la subida es el consumidor final.

¿Es tan difícil considerar que a efectos del IVA la plaza de colaboración es como la de PEV?  Yo creo que no. Sólo hace falta convenir que lo que estábamos entendiendo como  “IVA incluido” era efectivamente “Con el tipo de IVA vigente en el momento de la concesión de la prestación, incluido”

Por lo que me dicen los propietarios y directores de residencias con los que estoy hablando, tal como pasó en 2010, cuando ahora llaman a la Generalitat les dicen que  “no hay ningún cambio.  Las residencias seguirán cobrando lo mismo”.  Detrás de esta respuesta telefónica, que no escrita, se oculta la verdadera naturaleza.  Parece que, a pesar de todas las palabras, a pesar de ser personas diferentes de partidos diferentes, los actos van por el mismo camino que hace dos años.

Quedan pocos días, estamos en Agosto, pero la Generalitat tiene una ocasión muy buena de actuar correctamente.  Si no lo hace, nadie escuchará sus palabras y cuando hablen pensaremos “por sus frutos los conoceréis”.