martes, 9 de abril de 2013

LA FELICIDAD ES EL OBJETIVO DEFINITIVO: LA CULTURA DEL SÍ PARA ALCANZARLA

Llegamos a Holanda treinta personas en el viaje geroasistencial de Inforesidencias.com, el buscador de residencias geriátricas, que este año hemos organizado con la empresa holandesa Transfer Consultancy.  Como en viajes anteriores a Suecia, Alemania o Francia, sabemos que el modelo que vamos a encontrar es muy diferente al nuestro pero buscamos aquéllo, aunque sea pequeño que nos permita aprender y mejorar.

 La  cultura del síAl llegar a la residencia Humanitas Akropolis en Rotterdam nos encontramos varias cosas que a todos los vistiantes nos resultan llamativas:  un complejo formado por cuatro equipos interconectados que en total acogen a 600 personas mayores en un conjunto de apartamentos con servicios y una unidad de residencia.  Lo primero que llama nuestra atención es que en el jardín que se sitúa entre los edificios hay una especie de Zoo con cabras, conejos, cerdos y otros animales.  Cuando entramos dentro no es lo que nos esperábamos.  El aspecto es el de un restaurant self-service, en el que, de hecho hay personas que están comiendo o tomando un café.  Aquí y allá algunos objetos que más podrías encontrar en un rastrillo que en una tienda de antigüedades pero que, sin duda, tienen años.

Nos recibe un personaje peculiar.  Se llama Hans Becker y nos empieza a explicar que hace años le preocupaban cómo eran las residencias así que decidió crear un nuevo modelo basado en lo que él llama "la cultura del sí".  El sr Beckers no es contenido en sus expresiones.  Dice que las residencias antes eran "islas de miseria"  en las que las personas no eran felices por lo que él quiso aportar felicidad.  La verdad es que nos ha explicado muchas cosas.

Me hubiese parecido un profeta desvariado si no fuese porque tiene una realidad que le respalda en forma de 30 residencias repartidas por Holanda y 3.500 empleados.
Un pequeño zoo/granja a la entrada del complejo

Me resulta difícil cuando le oigo hablar no pensar en conceptos como la planificación centrada en la persona.

En vez de escribir yo lo que sigue, voy a traducir un poster que nos han entregado y que no he sido capaz de encontrar en internet.  Se llama "La nueva filosofía para el sector del cuidado:  La felicidad es el objetivo definitivo y la cultura del sí es el vehículo para alcanzarla".

El punto de partida, así como el objetivo de la filosofía del  sistema holandés de atención es la consecución de la felicidad humana para los clientes con alguna discapacidad física o social.  Curar y cuidar  ya no son nuestra principal actividad (core business).

El lugar donde vive la persona (living arrangements)  y la consecución de una sensación de bienestar son elementos igualmente importantes o incluso más que los de atención sanitaria y cuidados (curar/cuidar). Estos últimos ya no deberían ser los aspectos que definan la atmósfera  y aspecto general.

La felicidad humana se forma de dos aspectos: 
Junto con Hans Becker, un visionario de la atención gerontológica

Uno individual:  La persona, aunque tenga una discapacidad, desea tener control sobre su propia vida.

Uno comuntario: Las personas tenemos la necesidad de pertenecer a un grupo (algo que le pasa a muchos animales que viven en manadas).

En esto es en lo que se debe concentrar la actuación de nuestra organización y, sólo en la medida en que el cuidado sanitario y la atención contribuyan a ello, deben ser considerados como algo beneficioso.  Pero en ese caso siempre se deberá considerar si el hecho de tomar una aproximación médico/higiénica tiene efectos negativos sobre lo que verdaderamente es importante.  Si lo que se gana es mayor a lo que se pierde es mejor abandonar  el curar/cuidar y concentrarse en el bienestar que hace que la persona se olvide de sus discapacidades y "aprenda a vivir" con una discapacidad crónica.  Así las cosas, el bienestar, como alternativa a curar/cuidar se puede implementar en un número razonablemente alto de ocasiones.

Sobre el lugar donde vive la perosna:  Humanitas, teniendo en cuenta el deseo individual de independencia, ha desarrollado los "apartamentos para toda la vida".  Estos tienen un mínimo de 72 m2, y tres estancias (la exigencia de vivienda social en Holanda) y pueden ser comprados o alquilados según sea el nivel de ingresos de la persona.

El hecho de tener su propio apartamento hace que la persona sea un verdaderamente un "residente", no alguien que simplemente ocupa una habitación en una institución.  El lugar donde vive la persona y las atenciones a la persona deben ser considerados aspectos totalmente separados.  Por eso, alguien que vive en Humanitas podría elegir, si necesita alguna atención que se la preste una empresa que no sea Humanitas.

Los apartamentos se diseñan de forma que se pueda vivir cómodamente en ellos incluso en una silla de ruedas.  La pila de la cocina y el lavamanos son regulables en altura; los enchufes el buzón están alcance de la persona.  Las barreras se evitan.
Hans Becker explica a los asistentes al viaje su modelo

El lugar donde se vive no sólo contribuye al concepto individual de felicidad sino que también apoya el aspecto grupal ya que puede aumentar el sentido de pertenencia a un grupo.  Para poder considerarte una "persona entre personas" necesitas encontrar a gente, mezclarte con ellos y compartir algo:  comer una manzana, hablar de algo o tomar una copa en un bar; ir a la peluquería o visitar la granja de la residencia con tus nietos; el jardín de las escuturas o jugar a bridge con otros.  Para todas estas cosas necesitas unos espacios para lo que Humanitas ha creado "la plaza del pueblo cubierta", una gran zona comunitaria dividida en muchos espacios en la planta baja de uno de los edificios.

Por supuesto, los antiguos elementos de curar/cuidar como cuidados personales, enfermería, fisioterapia, psicología, trabajo social, dietista, logopeda, o monitor se actividades físicas son importantes.  Estos servicios también se pueden encontrar en la "plaza de pueblo" pero de ninguna manera como elementos dominantes:  no verás a nadie con bata blanca caminando por el edificio, ni muchos carteles recordando múltiples reglamentaciones internas, ni mobiliario que parezca de una institución  ni luz fluorescente. El motivo es que hay muy poco que curar o regular en enfermedades crónicas como el Alzheimer, el Parkinson o la esclerosis múltiple.

Muy a menudo lo que tenemos que hacer es apartar el curar/cuidar de esas personas y es la organización la que debe preocuparse por enfocar la atención en la consecución de lo placentero de la vida que todavía se pueda disfrutar.  La actual preocupación por  aspectos médicos e higiénicos,  el establecimiento de reglas, la discusión en todos los niveles (enfermería, médicos, dietistas, trabajadores sociales, psicólogos...)  sobre estos sujetos, ocasiona una atmósfera negativa.   Si se acentúan las cuestiones médicas la imagen positiva de la vida tiende a desaparecer y las instituciones donde se cuida a esas pesonas se cinvoerte en lo que Becker llama "Islas de Miseria".

Sobre el modelo de gestión, Humanitas ha elegido uno que no se basa en la estructura jerarquizada de mando de "arriba a abajo" sino en lo que se conoce como "Operación cultural colectiva" (collective cultural operation) definida por el profesor  Karl Weick, de estados Unidos, en el que  los que participan (mandos, empleados, clientes, voluntarios, familias y proveedores) necesitan sen conscientes  de cuáles son los valores principales de la organización y actuar en consecuencia.  De esa forma se da poder (empowerment) a los niveles bajos de la organización generando innovación "de abajo a arriba".

En este modelo los valores principales de la organización tienen una importancia primordial.  Estos son:

PODER DE DECISIÓN (ESTAR EN CONTROL):

Cualquiera cuyo cerebro  funcione  debe decidir por uno mismo que es importante para sí, incluso si eso comporta decisiones que no serían normalmente aceptadas por los demás (como emborracharse en el bar cada día, ducharse cada tres semanas o querer tener cinco gatos cuando se ve claramente que no es posible)

PARTICIPACIÓN ACTIVA:

Es algo importantísimo que se olvida si sólo nos centramos en curar/cuidar.  Si las  funciones básicas (caminar, prepararse un café, controlar el propio dinero, preparar la ropa que te vas a poner o cocinar) se dejan de utilizar, desaparecen sin darnos cuenta.  Si uno deja de caminar durante dos meses, recuperar esa capacidad será casi imposible.  Por eso uno necesita mantenerse activo ya que "si no lo utilizar lo pierdes" (use it or lose it).  Hans Beckers dice que hay que llegar al límite del dolor.  Por eso en Humanitas se utilizan eslóganes como  "Demasiado cuidado es peor que demasiado poco cuidado", o "No atiendas a la persona, preocúpate por que cada persona se atienda a sí misma".   Por supuesto que esto tiene sus límites y que el personas se mantiene vigilante, sería absurdo pedir a un residente con parálisis que se lavase los pies.

LA IDEA DE LA FAMILIA EXTENSA

Este valor implica que las personas deberían considerarse a sí mismas como parte de una familia y no simplemente como "ellos".     Los discapacitados, los mayores a punto de morirse que no se enteran de nadas y "nosotros" y nosotros los profesionales de bata blanca que hemos estudiado unos cuantos años y que ahora pensamos que lo sabemos todo mejor que "ellos".  Esos "ellos" junto con su pareja y famiiliares, si lo pensamos llevan años siendo expertos prácticos sobre su propia discapacidad.

El cuarto valor definitivo es 

LA CULTURA DEL SÍ

Significa  que todos los que intervienen (mandos,  empleados, familia, clientes y voluntarios) deben tener una actitud positiva  en relación a cualquier petición, demanda o deseo que manifieste el cliente para mantener el control sobre su vida.
Una parte del museo de la reminiscencia.  Prohibido no tocar

Si la petición no puede ser cumplida, se iniciará un diálogo con la persona.  No una discusión que se pretenda ganar sino una conversación  abierta en la que busquemos los motivos que generan la demanda e intentemos, junto con ella, encontrar alternativas que permitan llegar a un acuerdo  con el cliente que sea positivo.

Aplicando esos principios nos llevan a tener un restaurante en el que los clientes piden su comida y la pagan con su propio dinero, el museo de la reminiscencia, que ofrece temas de conversación  para el día a día, la peluquería y el salón de belleza, la granja, etc... Todos  buscan potenciar lo positivo y mejorar el ambiente. La suma total de curar/cuidar, bienestar y lugar donde vivir es un producto integral que no puede existir si no existen todos los elementos.

Cuando alguien entra en un establecimiento de Humanitas se siente sorprendido  por el calor, la estimulación y la alegría que produce una cultura empresarial basada en generar actividad.  Nada de lo que vemos, olemos, oímos o sentimos nos hace pensar en que vamos a recibir atención.  Normalmente  relacionamos a las empresas que ofrecen cuidados con médicos, higiene, medicación, reglas y muerte.  Eso elementos, por supuesto también existen en Humanitas pero  se presentan de una forma velada.  Lo que verdaderamente se ven son los aspectos felices de la vida.
Todo se puede tocar aquí.  Planchando como antes

Uno de los últimos aspectos en la lista de elementos a mencionar es la mezcla.  En principio discapacidad y miseria no deberían juntarse.  Las islas de miseria son fáciles de crear aunque no sea de forma deliberada.  Por eso en Humanitas hacemos un esfuerzo positivo por mezclar:  los sanos con los enfermos (al menos un tercio de nuestros clientes no tienen ninguna necesidad de atención), jóvenes con mayores; ricos con probres; nativos con minorías étnicas; homosexuales con heterosexuales.  Esta mezcla se extiende a nuestro entorno ya que el centro está abierto.  El "truco" consiste en ofrecer precios muy razonables en el restaurante, un buen fisioterapeuta, un supermercado que puede utilizar el vecindario, una peluquería y salón de belleza también abiertos a la comunidad, un café de internet; un club de bridge e incluso una guardería para la comunidad.

Creando un conjunto feliz, Humanias atrae a empleados fácilmente, consigue menos abandonos y bajas laborales.

Además de que los familiares visitan más a los clientes, Humanitas es como un imán para los voluntarios; los clientes tienden menos a la depresión, se ayudan más entre ellos en vez de pedir ayuda a los empleados y de esta forma todo nuestro esfuerzo tanto profesional como financiero  se puede concentrar en lo realmente útil mientras se evitan peticiones de cuidado que se producían a menudo en las islas de miseria tradicionales.





Esto sí que es una forma original de atender a personas mayores y convivir con la demencia.

Esto es sólo una de las visitas llevadas a cabo durante el viaje geroasistencial a Holanda 2013 organizado por www.inforesidencias.com

Traductor del texto original y comentarista: Josep de Martí

Enlace relacionado: Jardín terepéutico para mayores

jueves, 4 de abril de 2013

TOMAR OPTIMISMO PRESTADO

Hasta ahora he tenido la ocasión de viajar tres veces a México para participar en cursos de grontología social y congresos, como los "Congresos internacionales de residencias y servicios para personas mayores".

Ya lo he dicho entonces y lo repito ahora.  México es un país que debemos mirar con mucha atención lo que, para nuestra mentalidad española requiere hacer el esfuerzo de quitarnos de encima nuestros prejuicios y estereotipos.

Cuando volví la última vez, en Octubre de 2012, un amigo que dijo: "Pero allí lo de la atención a mayores está muy mal, ¿No?".

Eso me hizo reflexionar ya que, efectivamente, si comparamos lo que sucede en ese gran país con España podríamos decir que las ratios de cobertura de residencias geriátricas, centros de día o ayuda a domicilio para la tercera edad, son inferiores y los modelos menos desarrollados, pero a diferencia de aquí, cuando vas a un curso de Gerontología o a un congreso de gestores de residencias geriátricas ves una alegría y un entusiasmo que aquí lleva tiempo aletargado.  En mi último viaje me explicaron, por ejemplo, un proyecto de creación de una cadena de centros de día, la construcción de varias residencias y de un hospital especializado en el dolor geriátrico.  "La financiación no es problema si el proyecto es bueno", escuché en varias ocasiones.

Sucede algo parecido con la situación general de la economía.  De forma objetiva podemos decir que, aún ahora, existe un nivel de vida superior en España que en México pero de la misma forma vemos que en España vivimos atenazados por una sensación de pesimismo que hace que los empresarios, trabajadores y población en general miremos expectantes hacia un futuro que nos tememos oscuro, mientras en México los empresarios piensan en invertir, los trabajadores en formarse  y se ve el futuro con cierta esperanza.

Por supuesto que es una generalización pero me lleva a pensar que lo que genera optimismo o pesimismo no es tanto el cómo estamos sino el cómo prevemos estar dentro de un tiempo.

Todo esto viene a cuento de lo que me ha pasado esta madrugada:  Justo cuando ha llegado la medianoche me he conectado a Skype y he impartido mi primera conferencia on line a un grupo de 20 alumnos de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) en Toluca.

Ver a un grupo de jóvenes formándose y con la casi seguridad de que, si acaban su formación y lo desean, podrán trabajar en el cuidado de personas mayores ("adultos mayores" como dicen allí) me ha hecho llegar una bocanada de aire fresco y optimismo.

Por supuesto podemos pensar que, una vez formados sus expectativas es ganar unos 350€ al mes con condiciones laborales peores que las de España y por un trabajo que aquí se paga unas tres veces más.  Sorprendentemente no me pareció que lo pensasen.

Cuando fui la primera vez a México hace siete años, muchas enfermera me preguntaban qué tenían que hacer para  poder venir a trabajar a España.  La última vez que estuve, si me hubiese esforzado un poco, podría haber encontrado trabajo allí.

Viendo que esto del optimismo y pesimismo es subjetivo.  ¿No nos podrían prestar un poco del suyo?

lunes, 1 de abril de 2013

REDUCIR CONTENCIONES: UNA OPINIÓN EN PRIMERA PERSONA

Hace unas semanas escribí la entrada "desatar o liberar" en la que planteaba cómo una residencia para personas mayores que hoy se plantee reducir, racionalizar o hacer desaparecer las contenciones tenía ante sí dos opciones que costaban dinero:  "Desatar" con el Dr. Burgueño y CEOMA o "Liberar" con la Dra. Urrutia y la Fundación Cuidados Dignos.

Una persona escribió un comentario a esta entrada que me pareció, por su extensión, y por estar firmado, merecedor de una consideración especial.  Pedí al autor, Vicenç Badía, si me dejaba reproducirlo como entrada y me dijo que sí.

Pues, aquí está:

Buenas tardes, como director de residencia de 120 plazas que ha conseguido eliminar el 100 % de las sujeciones y que desde hace más de una año no contemplamos ninguna posibilidad de cualquier tipo de sujeción, quiero expresar mi opinión sobre el cómo deseamos hoy que nos traten a nosotros cuando seamos personas que no podamos tomar nuestras propias decisiones por nosotros mismos?

Es nuestra responsabilidad más allá de lo que indique la Administración como indicáis en algún párrafo, la de hacerlo lo mejor posible y mejorar continuamente el trato a nuestros mayores, no conformarnos nunca y, muy importante, quitarnos de la mente palabras como "es imposible" o "no se puede".

En nuestro caso, hemos eliminado todas (y veníamos de unos valores que ahora me dan miedo pensar en ellos por cómo cuidábamos) las sujeciones sin incrementar recursos, y, hemos conseguido durante 3 meses seguidos (no fue flor de un día) los menores índices de caídas de la historia del centro (tiene 11 años) y el resto de meses no estamos muy alejados de los valores que teníamos antes de iniciar el proceso, lo cual nos indica que no dábamos mejor servicio por el mero hecho de usar sujeciones.

Además, el cambio nos ha servido para mejorar el índice de satisfacción de los clientes, ya que con nuestro trabajo hemos demostrado que podíamos hacerlo y el aspecto de los residentes es otro, "la paz ambiental" ha aumentado, el tono muscular de los usuarios es mejor, la capacidad de estimularse y de desplazarse se mantiene mejor, los tratamientos no farmacológicos han demostrado ser una buena alternativa.

Si cambiamos la manera de pensar que tenemos tan proteccionista de los habitantes del sur de Europa, y en cambio utilizamos más la razón que la emoción, estoy seguro que no nos plantearíamos términos como "bonhomias ni nada parecido" y siempre enfocados en la perspectiva de la persona no nos plantearemos discusiones como estas sino que trabajaríamos en conseguirla. Respetemos las maneras de trabajar, conservemos la capacidad de escuchar y no la de destruir, todos saldremos ganando.

Sigamos reflexionando sobre nuestros mayores: Qué es mejor el (posible pero no seguro) dolor puntual o el dolor continuado por no poder realizar nuestra voluntad? Quien dice que nosotros no podemos caer ahora mismo y lastimarnos? Entonces, porque no nos sujetamos desde ahora mismo? Empatizemos con nuestros mayores y reflexionemos como viven su vida, no con la de los cuidadores quieren que la vivan. Cualquier persona debe de vivir, sentir, experimentar  sentirse liberada..., independientemente de su estado (físico o cognitivo), no somos nadie para limitarlo.

Conozco personalmente los trabajos del Dr Burgueño y de la Dra Urrutia y debo de decir que su filosofia es muy parecida y es la que quiero para mi en el futuro.

NOTA.- En el mundo occidental las certificaciones sirven para aquellos que no tienen suficiente credibilidad hacía un tercero y por eso deben de certificarse para ganarse la confianza..., podemos trabajar sin certificarnos, sólo debemos trabajar muy duro para ser creíbles y transmitir confianza como para poder mirar al frente sin agachar la cabeza.

Seguro que quien quiera podrá contactar conmigo. Creo que con el autor del Lazarillo de Tormes ya tenemos suficientes desconocidos.

Un agradecimiento del autor del Blog para Vicenç Badía