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martes, 16 de agosto de 2016

Residencias clandestinas y el paso del tiempo

Aunque en verano no puedo desconectar del todo sí me permito leer alguna novela de esas “para pasar rato” y, en la medida que puedo, pasar tiempo sin hacer nada productivo.

Me había propuesto no escribir nada en el blog pero…

En Junio leí una noticia que anunciaba que en Alicante habían clausurado una residencia clandestina.  Recuerdo la fotografía con el membrete de la Guardia Civil y que en aquel momento me quedé un poco sorprendido.

¿Una residencia clandestina hoy en día? 

Recordé mi entrada en el sector de la geroasistencia hace veinticinco años cuando, con esa misma edad, entré en la inspección de servicios sociales de la Generalitat.  Entonces una de las ocupaciones que teníamos los inspectores era precisamente detectar residencias clandestinas (que entonces la prensa llamaba ampulosamente “piratas”).

 A la inspección nos llegaban denuncias, aunque éstas no eran siempre necesarias ya que, sólo hacía falta salir a la calle para ver algún letrero en un balcón que anunciaba que allí se cuidaba a mayores. 

Había tantas que casi se podían establecer varios niveles de “piratidad”:

Existían verdaderos antros con sinvergüenzas como promotores.  Muy pocos, pero que recuerdo perfectamente.  En un caso, un sótano sin ventanas, en otro un garaje.  Esos se detectaban y se cerraban sin demasiado problema.

Después estaban las residencias que estaban tramitando la autorización, en un sistema tan proceloso y complejo que hacía que en muchas ocasiones un emprendedor tuviese que esperar meses y meses con todo preparado (las obras, las instalaciones y el equipamiento) a que “llegase el papel del ayuntamiento” o a que los inspectores fuésemos de visita.

Algunas de esas residencias se habían abierto antes de la publicación de la primera normativa y funcionaban bajo la forma pensión u otra actividad con lo que vivían en una peculiar “zona gris”.

La normativa de autorización estaba tan mal diseñada que en la mayoría de casos las residencias abrían antes de recibir el permiso definitivo a riesgo de ser sancionadas.  Como la administración conocía las deficiencias del sistema solía hacer la vista gorda con lo que, si todo estaba bien cuando se hacía la visita de inspección no se tenía en cuenta si habían o no ingresado residentes las semanas o meses anteriores.  Los problemas aparecían cuando la residencia “con todo en regla pero sin autorización definitiva” recibía una denuncia.  En esos casos, la residencia de arriesgaba a una sanción.

Ahora lo recuerdo en la distancia y, como hace dieciséis años que dejé la inspección me pregunto cómo deben actuar ahora ante esos casos ya que  el deficiente sistema de autorización de 1991 no ha cambiado demasiado en Cataluña  en lo que a residencias se refiere.

Lo que sí ha cambiado en los últimos 25 años es el sector geroasistencial en general.  A principios de los 90 había más demanda que oferta.  O sea, más familias buscando plaza en  una residencia que plazas “legales”.  Las normativas eran poco exigentes en lo que a personal se refería, los mayores que ingresaban tenían en muchos casos necesidad de apoyo personal más que dependencia o demencia y los precios de las residencias privadas eran relativamente asequibles (un mes de estancia en una residencia en 1991 rondaba el equivalente al sueldo de una gerocultora).

En esa situación la tentación de los propietarios de residencias podía ser cometer “sobreocupaciones”, y la de quienes no eran propietarios de residencias, convertirse en uno de ellos sin seguir el conducto reglamentario.

Algunos familiares que necesitaban una residencia y veían como éstas estaban llenas aceptaban que su padre o madre durmiese en un espacio sin condiciones con tal de solucionar lo que vivían con un problema.

¡Cómo han cambiado las cosas!

Por un lado, el número de residencias y de plazas se ha incrementado de forma exponencial, también lo han hecho los requisitos así como la cantidad y calidad de profesionales que atienden a los residentes.  Ese aumento de calidad no ha sido neutro en lo que a precio se refiere.  Hoy podemos decir grosso modo que el precio medio de una residencia geriátrica privada en España equivale al sueldo medio de dos gerocultoras.

O sea, tenemos residencias mejores pero a un coste muy superior.  Ese aumento ha repercutido en el tipo de residente que se atiende en los centros.  Si una plaza cuesta 1.000 Euros quizás pueda pagarse con la pensión y “poniendo un poco cada hermano”; si cuesta 2.000 la cosa es diferente y los hermanos intentarán buscar otras soluciones dejando la residencia como la última.

Del sueño de la Ley de Dependencia, que prometía que cada dependiente tendría lo que necesitase participando en un copago asumible, nos despertamos hace algún tiempo con un sabor agridulce:  muchas personas han accedido a “algo” pero no se ha creado un sistema coherente y sostenible que permita afrontar un presente envejecido y un futuro que lo estará más.  Así, mientras lo que queda de la Ley sigue ayudando a unos cuantos, otros mueren en la lista de espera sin recibir nada.

De momento, lo que sabemos es que muy pocas (o ninguna) residencia tiene hoy la tentación de poner una cama donde no toca y, creo, que casi nadie se plantearía (salvo los de la noticia) abrir una residencia “pirata”.

El caso de Alicante es peculiar ya que se trata de una familia inglesa que montó en su casa una residencia de cinco habitaciones para ingleses mayores que no hablasen español, una vez dentro, según los medios quedaban aislados del exterior y vigilados permanentemente.

“Los ancianos no presentaban en general signos de maltrato, pero según los investigadores, les convencían para que guardaran en su caja fuerte las escrituras de sus propiedades y les incomunicaban al ingresar en el centro. La cuota por estancia oscilaba entre los 2.500 y los 3.000 euros al mes”. 

La verdad es que después de leer la noticia creo que estamos ante un caso peculiar de “residencia pirata” que la administración ha hecho bien en cerrar y que debería recibir una multa.  Me ha sorprendido que a los propietarios les hayan imputado delitos de estafa, intrusismo profesional y pertenencia a organización criminal.  Más que nada porque es muy posible que si, como dice la noticia los residentes recibían un tato digno y no había maltrato de ningún tipo, los cargos no aguantarán ante la jurisdicción penal, en cambio una sanción administrativa hubiera sido más efectiva.


En fin, ya he pasado un rato de Agosto escribiendo.  Ahora volveré a tareas menos productivas.

lunes, 20 de octubre de 2014

PRESENTANDO EL LIBRO EN ALICANTE. MENUDA EXPERIENCIA


El viernes 17 de Ocutbre tuve la ocasión de presentar el libro "Cómo nos engañaron con la Ley de Dependencia" en Alicante en un acto que organizó la empresa Novaire, que gestiona residencias en esa provincia y Castellón y que contaba con el apoyo del periódico Información.

En principio podía ser una presentación "pacífica" como aquellas en las que ahora he podido participar en Madrid, Barcelona, Valencia o San Sebastián; pero el formato aportaba un aspecto diferente.  En este caso, después de hablar del libro, unos representantes de partidos políticos debatirían sobre la situación de la dependencia en la Comunidad Valenciana.

Los participantes en el debate tenían que ser Manuel Escolano, secretario autonómico de Autonomía Personal y Dependencia de la Conselleria Bienestar Social de la Generalitat Valenciana y los diputados en las Cortes Valencianas, Mireia Mollá (Compromís), Esther López Barceló (EU) y José Manuel Sánchez (PSOE).

La cosa prometía bastante ya que en esa comunidad, en los últimos meses han pasado muchas cosas en el mundo de la dependencia, pero no cosas como las que pasan en casi todas las comunidades sino, por ejemplo que el presidente del parlamento haya dimitido después de que se hayan publicado conversaciones telefónicas en las que habla de adjudicaciones de plazas concertadas a residencias o  que el Tribunal Superior autonómico haya declarado nula la normativa de copago de servicios para personas discapacitadas.


Viendo cómo estaba el ambiente esperaba una especie de lucha gladiatoria verbal entre el representante de la Generalitat (PP) y todos los demás.

Cuando llegué a la sede del periódico, donde se iba a celebrar el acto, me di cuenta de que la presentación sería diferente de las anteriores en casi todo.  Para empezar, muchos de los asistentes llevaban puesta una camiseta naranja de la Plataforma en Defensa de la Ley de Dependencia de Alicante.   Además, para mi alegría, había mucha gente.

A partir de ese momento la cosa empezó bien.  Guillermo Bell, director general de Novaire, me presentó con palabras tan laudatorias que me ruboricé.  Yo estuve hablando un rato sobre por qué escribí el libro, qué contiene y haciendo alguna reflexión sobre hacia dónde pueden ir las cosas y entonces...  Entonces empezó el espectáculo.

Resulta que en el último momento el Sr. Escolano comunicó que tenía una emergencia familiar y no podía acudir al acto.

Los asistentes recibieron la información con enfado.  Resulta que muchos habían venido con la casi única intención de escuchar lo que tenía que decir "el del PP" (y creo yo con la de abuchearle en el proceso de escucha).

A falta de representante de la Generalitat lo que tenía que ser un debate se convirtió en una cantata a tres voces sobre lo abominable que es el PP y lo poco que le interesa la dependencia.

Espero que la emergencia que impidió al Sr. Escolano asistir al acto acabase no siendo muy grave.  La verdad es que, si así ha sido, puede darse por satisfecho personalmente ya que se ha ahorrado un par de horas en las que no lo hubiese pasado demasiado bien.  Pero, ¿es así necesariamente?

Yo eché de menos especialmente la voz del PP en el debate porque, a falta de explicaciones propias me tuve que quedar con las que daban sus oponentes que son:  "Al PP no le importan los dependientes", "El PP tiene una actitud perversa"; "Al PP sólo le interesa regalar servicios públicos a sus amigos para enriquecerles".

Como me gusta poder crear mi propia opinión, prefiero poder oír diferentes versiones de la realidad.  En este caso no pude hacerlo y estoy seguro de que, muchos de los que no vinieron al debate "convencidos de casa" salieron honestamente convencido de que lo que les decían los tres políticos que sí hablaron debía ser verdad.

La cosa tuvo su giro inesperado cuando los políticos giraron una parte pequeña de su artillería dialéctica sobre el libro.

Cómo nos engañaron con la Ley de Dependencia
¿Nos engañaron con la LAPAD?
El título es "Cómo nos engañaron con la Ley de Dependencia" y si ven la portada entenderán que defiendo que tanto el gobierno del PSOE como el del PP tienen una seria responsabilidad.  El PSOE estaba en el gobierno cuando se tramitó y se aprobó una ley defectuosa manteniéndola a pesar de saber que no podía funcionar y el PP, tras haber dicho durante la campaña electoral que la Ley no era viable, la ha transformado en otra cosa insistiendo en que sólo la ha mejorado para garantizar su mantenimiento.

A los políticos que asistieron al acto no les gustó que hablase de engaño.  El del PSOE  me dijo que incurro en una contradicción ya que  en el libro digo que no necesariamente los políticos actúan con malafe ¿Cómo puedo decir que alguien engaña y después decir que tiene buena fe?.  La diputada de Esquerra Unida no hilaba tan fino y dijo no estar de acuerdo con muchas cosas de las que defiendo.  Al final los tres estaban de acuerdo en que sí hubo un gran engaño y que el mentiroso fue el PP.

Se dijeron otras cosas concretas que creo que hay que concretar:

Alguien desde el público y después uno de los debatientes me dijo que, en ningún lugar de la Ley se dice que la financiación se producirá a partes iguales entre el Estado, las Comunidades Autónomas y el ciudadano.  Uno de los puntos que en el libro pongo como ejemplo de mala previsión.  Efectivamente, no lo dice el texto de la Ley sino la memoria económica que la acompaña.  Y aunque la memoria no forma parte de la Ley, cuando se está creando un sistema de protección social que comporta un gran gasto, la previsión económica es el sustento básico del funcionamiento de la Ley.  Según la memoria económica de la Ley de Dependencia, Cuando esté completamente en vigor, en el 2015, el Sistema Nacional de Dependencia costará 9.355 millones de euros al año. De los que 4.425 millones serán aportados por las administraciones públicas, mientras que los beneficiarios pagarán 3.152 millones. El resto, hasta llegar a los 9.355 millones, es la cantidad que actualmente ya se invierte en este tipo de servicios sociales: 1.776 millones."  Esta memoria es de Enero de 2006.

También se me criticó mucho, por parte del debatiente socialista que dijese que durante el tiempo en que gobernó el Sr. Zapatero, no se pagaron las cotizaciones a la Seguridad Social de los cuidadores no profesionales.  Me dijo que esa era una de las típicas intoxicaciones del PP o algo parecido.  Su explicación fue que el gobierno firmó un convenio con la Seguridad Social que le obligaba a pagar las cotizaciones que se generasen durante los primeros años "al final de 2011" y que, de los 1.000 millones que se pagaron gobernando el PP, más de la mitad correspondían a cotizaciones que se habían generado después del cambio de gobierno.

A mí personalmente esta explicación me parece, otra vez, una de esas que hace que la cosa parezca tan complicada que cada uno acabe creyéndose lo que le dice quien más confianza le produce.

En primer lugar, es cierto que gobernando el PSOE no se ingresó ni un euro de cotizaciones del cuidador no profesionales.

En segundo lugar, es cierto que el PP (nacional) ha quitado la cotización al cuidador no profesional, ha rebajado la prestación entre un 15 y un 30% estableciendo encima, para muchos casos, un plazo de espera de hasta dos años para poder cobrarla.   Y, mientras hacía eso ha pagado los atrasos correspondientes a las cotizaciones haciéndonos creer que ese era "dinero para dependencia" con lo que los ciudadanos de buena fe creían que era dinero para cuidar dependientes ahora y no para pagar deudas anteriores.

Al hacer las cosas así, ambos partidos han conseguido lo que más les gusta, o sea, embarrar el terreno de juego.  Hacer que cualquier cosa requiera una explicación procelosa y difícil de forma que al ciudadano le resulta más fácil creer al partido que más confianza le genera.

Pasando del ámbito estatal al valenciano no me atrevo a opinar tanto.  Es cierto que en el observatorio de la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales esta comunidad sale como la peor valorada de España siguiendo unos criterios que la propia asociación ha establecido.  También lo es que el Plan de Accesibilidad, establecido hace unos quince años para construir 9.000 plazas de residencias geriátricas en la comunidad valenciana nunca alcanzó sus metas aunque sí consiguió algo pernicioso: establecer un sistema dual que ha generado, desde su creación, una situación de inestabilidad, polémica y constantes acusaciones de discriminación y arbitrariedad hacia la Generalitat Valenciana.  Esta situación peculiar, que demuestra que no se ha gestionado bien, se agudiza cuando algunos de los que han sido responsables son condenados y, aunque en menor medida, cuando se filtran conversaciones telefónicas que ponen en entredicho la limpieza de los procesos de adjudicación de conciertos.

Supongo que en esas circunstancias debe ser duro dar la cara y defender la actuación de un gobierno. Pero la "espantá" del PP en el debate nos dejó sin saber si lo que ha hecho durante los últimos años responde a algún tipo de plan (quiero supone que sí) o, cómo dicen sus oponentes, son únicamente una pandilla de "corruptos y delincuentes" que buscan el desmantelamiento del sistema de protección social.

En fin.  Yo pensaba que iba a personas que trabajarían en residencias geriátricas de Alicante a presentar el libro y me encontré con esto.

Muchas gracias a Novaire y al periódico Información y, ya saben, si alguien quiere que presente el libro, yo estaré contentísimo de ir donde me llamen. :)

Autor del post Josep de Martí