miércoles, 10 de agosto de 2016

EL ANCIANO DEL CELULAR DE FACEBOOK

Ya estoy acostumbrado a leer en las redes sociales mensajes cursis relacionados con personas mayores.  Esto es algo que he visto en Facebook y que alguien amablemente había difundido en mi perfil.


Una historia triste que parece demostrar lo abandonados que están los mayores y que está seguida de una serie de comentarios que resaltan lo malos que son los hijos y lo "pobrecitos" que son los "ancianos".

Internet supone un ámbito de libertad de expresión enorme y, en muchas ocasiones, un reflejo de lo que piensa la gente.  Por eso, la imagen estereotipada de un mayor irresponsable, maltratado por la familia y la sociedad que transmite este tipo de  post resulta interesante.

Lo primero que pensé al leerlo fue: ¿qué relación tenía este anciano con su familia durante la vida?, ¿hablaba con sus hijos cuándo estos eran jóvenes?, ¿era un padre ausente o presente? ¿por qué no llama él?

Estas preguntas las pongo en relación con lo que en las residencias se llama "historia de vida" que no es más que una recopilación de información relevante de la vida de una persona mayor que ingresa en una residencia y que permite  detectar, entre otras cosas sus gustos y preferencias aunque no pueda manifestarlos verbalmente.

Cuando la "historia de vida" permite crear un mapa de aspectos relevantes se puede planificar una atención basada en lo que la persona prefiere y necesita.  Lo que sucede en ocasiones es que lo que aparece no es muy bonito.

Cuando digo que los mayores tienen un estereotipo de "irresponsables" me refiero a que, cuando conocemos historias de ancianos que sufren casi nunca se plantea que una parte de la responsabilidad del sufrimiento sea consecuencia de decisiones tomadas durante la vida de la persona.

El caso del señor del celular me ha recordado a algo que vi en una ocasión cuando era inspector de residencias.  Hablando con el director de una, me comentó que tenía un residente a quien sus hijos nunca venían a ver.  Me pareció mal por parte de los hijos hasta que me dijo que este hombre había abandonado a su mujer hacía mucho tiempo dejándola con unos niños pequeños.  Al cabo de unos años el padre había reaparecido.  Los hijos no restablecieron relación con él pero accedieron, cuando necesitó una residencia a pagar la plaza.  Para los hijos el padre era un extraño hacia el que sentían resentimiento, aún así decidieron ayudarle materialmente. Quizás un terapeuta familiar avezado hubiera sabido reconducir la situación pero los hijos no acudieron a ninguno.  Al padre le hubiese gustado recuperar la relación y hablar con ellos,  pero éstos, sencillamente no querían.  Reflejar este caso en un meme resultaría difícil y quizás incómodo.

La realidad es que las personas somos complejas, no siempre hacemos lo que deberíamos ni tratamos a quienes nos quieren como se merecen.  La consecuencia cuando llegamos a la madurez es que el conjunto de todo lo que hemos hecho bien o mal se une a la suerte que hayamos tenido y a otros factores que no dominamos para dar como resultado nuestra realidad.  Compleja y a veces, no siempre, injusta.

Lo fácil en las redes sociales es plantear una situación con una alta carga emotiva, crear una tensión que nos haga sentir algo durante unos segundos (en este caso, como la mayoría de personas que utilizan Facebook son "no ancianos", se busca producir un sentimiento de culpabilidad por lo malos que somos con nuestros ancianos).  Ese sentimiento dura el tiempo que transcurra hasta que veamos otro mensaje que nos hable de gatitos, de que "Jesús nos Ama" o una foto divertida de un amigo.


Cuando intento saber lo que piensan mi hijo de 15 años sobre el tema, me dice ¿Facebook? ya nadie lo usa, yo uso Instagram.

(El anciano digital soy yo)