lunes, 10 de julio de 2006

PEQUEÑOS Y GRANDES ANTE LA NUEVA SITUACIÓN

La creación y puesta en marcha del Sistema Nacional de Dependencia, tal como viene previsto en el proyecto de Ley recientemente aprobado supondrá un reto importante que deberán asumir las empresas e instituciones que actualmente están prestando servicios residenciales y domiciliarios a personas mayores.

Y si alguien vivirá de forma más directa ese reto es el grupo de residencias de tamaño pequeño que, durante muchos años han formado, casi en exclusiva la totalidad del sector privado y que ahora, pese a mantener un peso considerable, se enfrenta a unos desafíos formidables.

Si nos remitimos a los números nos encontramos con que, dentro del sector privado, las residencias de menos de 35 plazas vienen a representar aproximadamente la mitad del total de centros (en lugares como Cataluña representan un 34% de las residencias y acogen al 13% de los residentes). Normalmente se trata de residencias con más de siete años de antigüedad, que fueron autorizadas por las comunidades autónomas con normativas hoy derogadas; están gestionadas y dirigidas por personas que a la vez son los propietarios y promotores del negocio, personas que no suelen tener una titulación pero que han adquirido experiencia y “saber hacer” con el paso de los años.

Comunidad autónoma Residencias (1) %
Total (1) Tamaño del centro (plazas) Tamaño del centro (plazas)
<25 25 - 49 50 - 99 100+ <25 25 - 49 50 - 99 100+
España 4.597 1.490 1.291 1.060 756 32,4 28,1 23,1 16,4
Andalucía 440 93 176 112 59 21,1 40,0 25,5 13,4
Aragón 277 103 69 71 34 37,2 24,9 25,6 12,3
Asturias (Principado de) 208 117 36 34 21 56,3 17,3 16,3 10,1
Balears (Illes) 55 9 21 14 11 16,4 38,2 25,5 20,0
Canarias 93 33 32 11 17 35,5 34,4 11,8 18,3
Cantabria 46 11 8 11 16 23,9 17,4 23,9 34,8
Castilla y León 584 193 187 105 99 33,0 32,0 18,0 17,0
Castilla-La Mancha 388 152 91 73 72 39,2 23,5 18,8 18,6
Cataluña 1.001 329 316 252 104 32,9 31,6 25,2 10,4
Comunidad Valenciana 274 51 81 78 64 18,6 29,6 28,5 23,4
Extremadura 138 53 39 29 17 38,4 28,3 21,0 12,3
Galicia 175 51 33 49 42 29,1 18,9 28,0 24,0
Madrid (Comunidad de) 457 123 101 111 122 26,9 22,1 24,3 26,7
Murcia (Región de) 48 6 7 23 12 12,5 14,6 47,9 25,0
Navarra 83 12 30 21 20 14,5 36,1 25,3 24,1
País Vasco 297 150 56 54 37 50,5 18,9 18,2 12,5
Rioja (La) 29 4 8 9 8 13,8 27,6 31,0 27,6
Ceuta 2 0 0 2 0 0,0 0,0 100,0 0,0
Melilla 2 0 0 1 1 0,0 0,0 50,0 50,0

Nota: Residencias N.C.: "No consta", no se conoce su tamaño.
(1) No se incluyen las 549 residencias N.C. de las que no se conoce su tamaño

Estas residencias pequeñas, en muchas ocasiones tienen barreras arquitectónicas, la mayor parte de sus habitaciones son compartidas, no pueden permitirse contar con un equipo interdisciplinar completo ni adaptarse al funcionamiento que exigen las acreditaciones de calidad. No obstante, cuentan con dos factores muy importantes: la “simpatía del público” y precios más baratos.

Para entender la idea de la “simpatía del público” hay que ver antes que una característica de nuestro sector es la opacidad: la mayor parte de personas que buscan residencia lo hacen por primera vez y no saben nada o casi nada del sector. Estas personas, cuando se les pregunta, así, a secas, si prefieren una residencia grande o pequeña suelen decantarse por la segunda. Existe una concepción social aceptada según la cual el trato en las residencias pequeñas es más familiar, así, no resulta extraño que alguien (que nunca ha visitado ninguna residencia), diga que en las residencias grandes el residente es un número. Si a esto sumamos que, en el proceso de compra lo que más funciona es el boca-oreja y que, hasta ahora la mayor parte de residencias eran pequeñas, llegamos a la conclusión que esa “simpatía del público” está beneficiando al sector de las pequeñas residencias y, todavía lo seguirá haciendo durante unos años.

Una prueba de esta “simpatía” la encontramos en los datos hechos públicos por el IMSERSO sobre el estudio “ Situación y evolución del apoyo informal a los mayores en España”. A parte de la interesente radiografía en movimiento que permite comparar la atención informal de 1994 con la de 2004, hay una pregunta realizada a 1.500 cuidadores informales que tiene mucha relevancia: “¿Cómo cree que deberían ser las residencias para las personas mayores?”. Casi el 40% dice que deberían tener menos de 15 plazas; el 16% dice entre 15 y 50. Si tenemos en cuenta que el 21% dice que no sabe o no contesta (fuente: http://www.imsersomayores.csic.es/documentos/documentos/imserso-situacion-01.ppt).

Si el mercado fuese algo más transparente y las personas conociesen el funcionamiento de residencias grandes, medianas y pequeñas antes de tomar la decisión de compra, verían que, ni todas las residencias pequeñas ofrecen un trato tan “familiar” ni en la mayoría de las grandes la persona es “tratada como un número”. Entonces quizá surgiría el segundo factor: normalmente las residencias pequeñas son más baratas.

Si nos imaginamos una residencia de 25 plazas situada en un chalet alquilado hace 10 años en el que no hubo que hacer demasiadas obras porque la normativa no lo exigía, que es gestionada por un matrimonio y una hija que pasan muchísimas horas en la residencia siendo a la vez que gestores, trabajadores y “corre-turnos”. Veremos que en su cuenta de explotación casi no hay partida de amortización (ya que no hubo una gran inversión inicial), la de personal es en proporción inferior (porque los dueños/autónomos realizan más horas que un empleado y porque) y el concepto mismo de obtener un beneficio por la inversión se ha transformado en “trabajar en mi negocio y sacar lo que se pueda”.

Decir que las residencias que funcionan así deben cerrar porque no dan un servicio de calidad es una simplificación demasiado grande. En primer lugar porque se trata de empresarios que construyeron su negocio con la normativa vigente en su momento, sin ayuda de la administración y que, llevan años cubriendo un sector de la demanda que no puede pagar los precios de mercado de las residencias más grandes aunque tampoco tienen tan poco como para poder acceder a plazas públicas. En segundo, porque en muchos casos, la misma tendencia de la situación ya les está poniendo difícil la subsistencia, principalmente de tres formas:

- La intervención administrativa: a medida que las comunidades autónomas siguen su carrera por tener la normativa más exigente es muy posible que las residencias pequeñas se vayan quedando en un lado, sin posibilidad de adecuación, sin que nadie les diga que tienen que cerrar aunque quizá sí que no pueden ampliar, cambiar de titular o hacer modificación alguna. Una prueba de esta situación la tenemos en Asturias, donde la aprobación de una normativa que obliga a renovar cada cinco años la autorización de funcionamiento de las residencias y la acreditación de cumplimiento de las exigencias arquitectónicas (Decreto 79/2002) esta produciendo el cierre de residencias pequeñas.

- Cuando se vaya poniendo en funcionamiento el nuevo sistema de acreditación de centros previsto en la Ley de Dependencia, que previsiblemente incluirá requisitos materiales y de calidad, algunos centros se verán abocados a no ser acreditados perdiendo muchas posibilidades de subsistencia.


- El aumento del precio de los inmuebles: Si en los finales de los ochenta y principios de los noventa se crearon muchas residencias pequeñas fue en parte porque no resultaba caro alquilar un gran piso en el centro de una ciudad o un chalet en las afueras. A medida que los precios se han ido incrementando y que los contratos de las actuales residencias pequeñas lleguen a su fin, es más que posible que se produzcan cierres porque los propietarios no quieran renovar o impongan precios no asumibles (esto ya está ocurriendo en la actualidad en ciudades como Madrid o Barcelona).

- El factor personal: Es algo que no puede descartarse. Actualmente, muchas residencias pequeñas están funcionando gracias al ingente esfuerzo de unos propietarios que dedican muchas horas de dedicación y que no pueden despegarse de la residencia ni un momento. Normalmente mujeres que entraron en el sector hace unos diez años y que ya están entrando ellas mismas en la edad de jubilación. Cuando estas personas se jubilen, es muy probable que sus hijos no quieran seguir con un negocio tan sacrificado y que, cuando piensen en traspasar o vender el centro se encuentren con legislaciones (como la madrileña en la actualidad) que obliguen a adecuar el centro a la normativa actual en caso de cambio de titular, cosa, ya hemos visto, imposible.

Sea como sea, de lo que no cabe duda es que los propietarios de residencias pequeñas llevan ya un par de años dándole vueltas a su futuro.

Si quieren ver una opción imaginativa sobre qué podría hacerse con las residencias pequeñas, entren en la “Geriateca” de Inforesidencias.com y vean lo que propone Elisabet Massons en su trabajo “El futuro de las microresidencias”.

Por el lado de las residencias de tamaño medio y grande sucede algo diferente: La teoría del péndulo parece cumplirse en lo que al tamaño de las residencias se refiere. Si en los años setenta las primeras residencias de pensionistas se construían con más de doscientas plazas y pensando en personas válidas, el paso del tiempo ha ido reduciendo el tamaño de los nuevos establecimientos y centrando el objetivo a cubrir en personas asistidas. En los últimos años parece que la tendencia vuelve a cambiar:

En las grandes capitales españolas se están inaugurando otra vez residencias privadas de doscientas, o incluso más de doscientas cincuenta plazas y, algunos operadores quieren volver a apostar por el mayor válido ofreciendo conceptos residenciales que se encuentran entre la residencia y la vivienda con servicios.

¿Cómo puede afectar a estos operadores la implantación del Sistema Nacional de Dependencia?

En principio parece que la perspectiva será halagüeña, no obstante existen algunos factores que pueden ensombrecer el horizonte:

- Existe en el anteproyecto una mención al fomento especial del “tercer sector” que puede suponer en algunos casos una discriminación negativa hacia las empresas que se dedican a ofrecer servicios residenciales a personas mayores.
- El precio de concertación de plazas. En principio, a espera de la aprobación y desarrollo, queda por saber si el precio de concierto será único en toda España o se determinará en cada Comunidad Autónoma, dependiendo del convenio que se firme entre Estado y administración autonómica. Si los precios no son acordes con los costes se desincentivará mucho la participación privada en la prestación o se tenderá a rebajar los estándares exigidos.
- Por último aparece como factor relevante la peculiar situación de los grandes operadores que están embarcados en ambiciosos proyectos de expansión, que se han encontrado con algunos mercados en los que la demanda solvente se había visto superada por la oferta y que están buscando vías de superación de la situación actual a través de fusiones, adquisiciones o ampliaciones de capital.

Uno de los discursos que suenan de forma reiterada, desde el subsector de las residencias grande y los grupos, es que la administración debería hacer una “apuesta por la calidad” aumentando exigencias y expulsando del mercado a los operadores que no alcancen determinados niveles. En otras palabras, que la administración debería intentar acabar con las pequeñas residencias “familiares”. Estos argumentos son recibidos por algunos poderes públicos que indican que quizás, estos centros deberían transformarse en residencias para enfermos mentales crónicos o en viviendas compartidas para mayores válidos.

Resulta curioso que se puedan plantear estas medidas cuando, si ciertamente los estándares son tan bajos y el servicio tan malo debería ser el propio mercado el que expulsase a esa oferta.

Para sabe qué pasa deberemos esperar unos tres o cuatro años.