En varias ocasiones hemos hablado sobre lo curioso que resulta ver la posición que adoptan los partidos en relación a la gestión por parte de entidades privadas de servicios públicos: la mal llamada “privatización de los servicios”. La verdad es que sorprende ver como lo relevante no es el color político del partido que gobierna sino el hecho mismo de que gobierne o esté en la oposición.
A primera vista parecería que un partido más "liberal/centrista/de derecha" apostaría por financiar con fondos públicos el servicio y encomendar a una empresa la prestación y que uno más "socialdemócrata/socialista/de izquierda" preferiría que fuese la misma administración la que financie y gestione los servicios. Eso, a primera vista porque la verdad es totalmente diferente. Un nuevo caso lo tenemos en Asturias, donde gobierna el PSOE y tiene en la oposición al PP y a IU.
Pues bien, cuando co- gobernaba IU, según una noticia que hemos leído en El Comercio Digital, externalizó servicios de comedor, lavandería y limpieza en centros nuevos e incluso dio a gestión privada por parte de entidades sin ánimo de lucro dos residencias. Pero ahora considera que con la opción por la gestión privada de una nueva residencia pública, el principado está "abriendo la puerta a la privatización" de los servicios sociales. Esta posición, aunque comporta una falta de coherencia (ya que quien abre la puerta a la privatización, si es que ésta existe, es el primero que da a gestión privada un centro, aunque el ente gestor sea benéfico) supone que IU se mantiene en su posición ideológica de criticar la prestación privada de servicios públicos.
Peor parada queda la posición del PP que en teoría debería defender la gestión privada pero que resulta que en Asturias no ve bien que se construya con fondos públicos algo que será gestionado por una empresa privada. ¿Habría que recordarle al PP asturiano que exactamente eso es lo que se hace en lugares gobernados por el PP?
El PSOE, dice la que para mí es la mejor frase del debate: La titularidad pública de unas instalaciones «no es garantía de una mejor atención» a los residentes. Estaría muy bien recordarle esa frase a los socialistas madrileños o de la Comunidad Valenciana que suelen criticar la decantación hacia lo privado de sus gobiernos autonómicos.
Y es que es el quid de la cuestión, lo lógico, es que la administración pública garantice mediante la financiación que el servicio público se preste y que el prestador concreto en cada caso sea aquél que sea capaz de hacerlo de la forma más eficaz y eficiente, o sea, de la mejor manera y a un mejor precio. Esa es la única forma que tiene la administración para poder probar que está llegando al máximo de usuarios con calidad.
El problema es determinar quién es el más eficaz y eficiente. Sabemos que las empresas son más eficientes que la propia administración (o sea, hacen lo mismo por menos precio) y eso es lo que lleva a comunidades de diferente color a "externalizar" servicios. El problema es determinar si lo que se hace en una residencia gestionada por la administración es mejor que lo que se hace en una gestionada por una empresa. ¿Por qué no se mide y se hace público? Personalmente creo que no se hace porque haría ruborizarse a más de uno.
Mientras tanto, ¡que siga el baile de máscaras!, si gobiernas defiendes la gestión privada, si estás en la oposición la criticas. ¿Y los dependientes y sus familiares? Nadie les ha invitado al baile.
Opiniones sobre atención a personas mayores, Ley de Dependencia y políticas públicas. Cooperación público privada. Residencias, centros de día y servicios de ayuda a domicilio.
jueves, 24 de julio de 2008
martes, 24 de junio de 2008
JUGANDO A LAS FERIAS
Desde hace algunos años, cada vez que asisto a una feria dirigida al sector de la atención a personas mayores escucho quejas de los que atienden los stands diciendo que no ha venido toda la gente que esperaban o que el perfil de los visitantes no es el que ellos necesitan.
Parece que la feria soñada por los expositores sería aquella a la que asisten los propietarios de las residencias pequeñas y medianas y los responsables de compras de las más grandes y cadenas. Si además pudiesen venir directivos del sector no residencial (atención domiciliaria, apartamentos para mayores) y los emprendedores con dinero que están planteándose entrar en el sector: “miel sobre hojuelas”.
Lo cierto es que en once meses se están sucediendo la feria Orprocare en Valencia, Avante en Barcelona y Ortoprocare en Madrid, todas ellas con potentes padrinos y la intención de convertirse en “la gran feria nacional del sector”. IFEMA también organizará en 2009 en Madrid otra “gran feria nacional” que, como las otras, intenta convertirse en punto de referencia. Y mientras tanto, otras iniciativas como Firagran en Barcelona, dirigida a personas mayores, han seguido organizando ferias y congresos a nivel autonómico que persiguen atraer a empresarios y al visitante profesional.
Las organizaciones patronales tienen la opción de celebrar sus propios “congresos-feria”, como la FNM u optar por aliarse con alguna de las ferias en pugna pero, mientras tanto, los expositores son cada vez más desconfiados a la hora de contratar stands asumiendo el coste de participar en un evento, y los “visitantes profesionales” dudan si vale la pena desplazarse a Madrid, Barcelona o Valencia para asistir a otro sarao.
Parece ser que en algunos países existen organizaciones que asocian a empresarios y que deciden dónde y cada cuánto se hace la feria de cada sector. Así, todo el mundo sabe dónde y cuándo se celebra el gran encuentro de su sector determinado. Durante ese gran encuentro se pueden suceder presentaciones, actividades paralelas e incluso congresos sectoriales, pero todo alrededor de una gran feria. Por supuesto que existen encuentros de segundo nivel en los que se encuentran profesionales de una zona determinada, pero eso no obsta para que todos (posibles visitantes y expositores) reconozcan cuál es la feria de referencia.
Quizás en nuestra España nos es más propio tener cinco grandes encuentros y que todos compitan entre ellos en una guerra de bonsáis en el que cada cual se proclama el mejor y descalifica a los demás.
¿Sería planteable ponerse de acuerdo para determinar entre todos cuál queremos que sea nuestra feria de referencia e imponer a los organizadores cómo, cuándo y dónde queremos que se celebre?
Parece que la feria soñada por los expositores sería aquella a la que asisten los propietarios de las residencias pequeñas y medianas y los responsables de compras de las más grandes y cadenas. Si además pudiesen venir directivos del sector no residencial (atención domiciliaria, apartamentos para mayores) y los emprendedores con dinero que están planteándose entrar en el sector: “miel sobre hojuelas”.
Lo cierto es que en once meses se están sucediendo la feria Orprocare en Valencia, Avante en Barcelona y Ortoprocare en Madrid, todas ellas con potentes padrinos y la intención de convertirse en “la gran feria nacional del sector”. IFEMA también organizará en 2009 en Madrid otra “gran feria nacional” que, como las otras, intenta convertirse en punto de referencia. Y mientras tanto, otras iniciativas como Firagran en Barcelona, dirigida a personas mayores, han seguido organizando ferias y congresos a nivel autonómico que persiguen atraer a empresarios y al visitante profesional.
Las organizaciones patronales tienen la opción de celebrar sus propios “congresos-feria”, como la FNM u optar por aliarse con alguna de las ferias en pugna pero, mientras tanto, los expositores son cada vez más desconfiados a la hora de contratar stands asumiendo el coste de participar en un evento, y los “visitantes profesionales” dudan si vale la pena desplazarse a Madrid, Barcelona o Valencia para asistir a otro sarao.
Parece ser que en algunos países existen organizaciones que asocian a empresarios y que deciden dónde y cada cuánto se hace la feria de cada sector. Así, todo el mundo sabe dónde y cuándo se celebra el gran encuentro de su sector determinado. Durante ese gran encuentro se pueden suceder presentaciones, actividades paralelas e incluso congresos sectoriales, pero todo alrededor de una gran feria. Por supuesto que existen encuentros de segundo nivel en los que se encuentran profesionales de una zona determinada, pero eso no obsta para que todos (posibles visitantes y expositores) reconozcan cuál es la feria de referencia.
Quizás en nuestra España nos es más propio tener cinco grandes encuentros y que todos compitan entre ellos en una guerra de bonsáis en el que cada cual se proclama el mejor y descalifica a los demás.
¿Sería planteable ponerse de acuerdo para determinar entre todos cuál queremos que sea nuestra feria de referencia e imponer a los organizadores cómo, cuándo y dónde queremos que se celebre?
sábado, 24 de mayo de 2008
HUELGA EN RESIDENCIAS GERIÁTRICAS
Imaginemos que tres hermanas van a la huelga. Las tres quieren lo mismo (ganar más dinero y mejores condiciones laborales) y las tres, por supuesto son buenas personas que, en principio no quieren hacer sufrir a nadie.
Una es controladora aérea. Al día siguiente, su decisión afecta a miles de personas que se quedan atascadas en el aeropuerto. Personas con corbata, mochila o con un bebé en brazos que están muy enfadadas. Hay unos servicios mínimos pero éstos se cumplen “a reglamento”, con lo que casi es peor el remedio que la enfermedad. La huelga en un día aparece en la primera página de los periódicos, en dos, se está negociando con la administración y en tres, se resuelve con más dinero, mejores condiciones o una combinación de ambas. ¿Quién pagará?, en parte los viajeros vía tasas, en parte todos vía impuestos.
La segunda es funcionaria de un juzgado en una comunidad donde la justicia no ha sido transferida. Cuando llevan unos días de huelga la noticia empieza a aparecer en los medios, pero nadie se fija. Los que acuden a los juzgados notan el parón, pero como en proporción son pocos.. Cuando llevan muchos días aparece otra noticia terrible relacionada con el funcionamiento deficiente de algunos juzgados y el tema se hace “mediático”. Finalmente se abre una negociación larga y farragosa que acaba con algo más de dinero y mejores condiciones que pagamos todos a través de los impuestos.
La tercera es gerocultora en una residencia geriátrica privada que tiene alguna plaza financiada por la administración (imaginemos que con un cheque o un concierto que no cubre los costes del servicio). Ella cobra lo que establece el convenio colectivo (menos de una cuarta parte de lo que gana su hermana la controladora y algo más de la mitad que lo que gana la funcionaria de juzgados). Se establecen unos servicios mínimos que dicen que se tiene que funcionar “como en un festivo” (quien los ha redactado no sabe que en un festivo se hace casi lo mismo que en un día normal), o sea que lo huelga no se nota. Muchos residentes y familiares ni se enteran de que la hay salvo por algún adhesivo en la solapa de la bata de un par de auxiliares. Algún medio habla de “huelga en el sector de la dependencia” y la mayor parte de los lectores no saben de qué se trata la noticia. Eso sí, los sindicatos convocantes dicen que ha sido un gran éxito y organizan una manifestación delante de la sede de la patronal desde donde les miran pensando que se han equivocado y que deberían manifestarse ante la sede del Departamento de Servicios Sociales. La empresa piensa que si los precios de concierto y los que pueden cobrar a los usuarios privados fuesen algo más elevados podría contratar empleados más cualificados y mantenerlos en plantilla más tiempo. Que la administración cada vez “apuesta más por la calidad” sin querer pagar lo que cuesta y que como cada vez hay más influencia pública en los precios, el conflicto no está entre trabajadores y empresarios sino entre ambos y la administración. Pero eso da igual. La manifestación acaba y todo sigue igual o un poco peor.
Cuando se encuentren el siguiente fin de semana las tres hermanas la cosa está clara: una traerá langostinos, otra pondrá el vino y la tercera lavará los platos.
Una es controladora aérea. Al día siguiente, su decisión afecta a miles de personas que se quedan atascadas en el aeropuerto. Personas con corbata, mochila o con un bebé en brazos que están muy enfadadas. Hay unos servicios mínimos pero éstos se cumplen “a reglamento”, con lo que casi es peor el remedio que la enfermedad. La huelga en un día aparece en la primera página de los periódicos, en dos, se está negociando con la administración y en tres, se resuelve con más dinero, mejores condiciones o una combinación de ambas. ¿Quién pagará?, en parte los viajeros vía tasas, en parte todos vía impuestos.
La segunda es funcionaria de un juzgado en una comunidad donde la justicia no ha sido transferida. Cuando llevan unos días de huelga la noticia empieza a aparecer en los medios, pero nadie se fija. Los que acuden a los juzgados notan el parón, pero como en proporción son pocos.. Cuando llevan muchos días aparece otra noticia terrible relacionada con el funcionamiento deficiente de algunos juzgados y el tema se hace “mediático”. Finalmente se abre una negociación larga y farragosa que acaba con algo más de dinero y mejores condiciones que pagamos todos a través de los impuestos.
La tercera es gerocultora en una residencia geriátrica privada que tiene alguna plaza financiada por la administración (imaginemos que con un cheque o un concierto que no cubre los costes del servicio). Ella cobra lo que establece el convenio colectivo (menos de una cuarta parte de lo que gana su hermana la controladora y algo más de la mitad que lo que gana la funcionaria de juzgados). Se establecen unos servicios mínimos que dicen que se tiene que funcionar “como en un festivo” (quien los ha redactado no sabe que en un festivo se hace casi lo mismo que en un día normal), o sea que lo huelga no se nota. Muchos residentes y familiares ni se enteran de que la hay salvo por algún adhesivo en la solapa de la bata de un par de auxiliares. Algún medio habla de “huelga en el sector de la dependencia” y la mayor parte de los lectores no saben de qué se trata la noticia. Eso sí, los sindicatos convocantes dicen que ha sido un gran éxito y organizan una manifestación delante de la sede de la patronal desde donde les miran pensando que se han equivocado y que deberían manifestarse ante la sede del Departamento de Servicios Sociales. La empresa piensa que si los precios de concierto y los que pueden cobrar a los usuarios privados fuesen algo más elevados podría contratar empleados más cualificados y mantenerlos en plantilla más tiempo. Que la administración cada vez “apuesta más por la calidad” sin querer pagar lo que cuesta y que como cada vez hay más influencia pública en los precios, el conflicto no está entre trabajadores y empresarios sino entre ambos y la administración. Pero eso da igual. La manifestación acaba y todo sigue igual o un poco peor.
Cuando se encuentren el siguiente fin de semana las tres hermanas la cosa está clara: una traerá langostinos, otra pondrá el vino y la tercera lavará los platos.
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