"Esto no es una crisis, es un cambio histórico"
Esta entrevista a Don Tapscott aparecida en la contra de la Vanguardia de 21 de Enero de 2011 debería ser leída en detalle por todos los que trabajamos de alguna manera en el mundo de la atención a personas mayores.
Tapscott dice que el mundo está cambiando y que estamos ante un cambio equiparable a la invención de la imprenta. Destaca unos principos de la era digital entre los que está la transparencia:
Yo me pregunto, ¿NO podríamos aprovechar para que las inspecciones que las administraciones hacen de las residencias y otros establecimientos sociales fueran públicas?
Quizás esto, que llevo diciendo desde hace años, en un primer momento podría ser polémico o podría perjudicar a algún centro que no lo hace tan mal pero que sale "mal retratado" en la inspección.
Creo que ahí está la bondad de la iniciativa. Si todas las actuaciones de inspección se hicieran públicas en internet podríamos valorar la actuación de la inspección. Saber si es cierto o no que existen diferencias de criterios (una crítica que suele hacerse a la inspección) o que algunos inspectores miran cosas que otros no consideran.
Un paso más podría ser publicar las fechas de inicio y resolución de los expedientes (autorización, sanción, subvenciones..)
Como ciudadano querría ver, antes de ir a un restaurante, la última inspección que sanidad ha hecho al mismo. Antes de presentar un currículum en una empresa querría ver si ha sido sancionada por Trabajo y antes de poner mi dinero en un banco saber si el Banco de España le ha sancionado por algo. Y por supuesto querría saber, antes de ingresar en una residencia qué ha visto en ella la inspección.
Hasta que ese futuro llegue, o wikileaks entre en el ajo, quizá los propios Departamentos de Bienestar Social deberían hacer auditorías de las inspecciones para saber si la disparidad existe.
Volviendo al principio, vale la pena leer la entrevista ,
Opiniones sobre atención a personas mayores, Ley de Dependencia y políticas públicas. Cooperación público privada. Residencias, centros de día y servicios de ayuda a domicilio.
domingo, 23 de enero de 2011
lunes, 10 de enero de 2011
LEY ANTITABACO Y RESIDENCIAS
La Ley 42/2010 conocida como Ley Antitabaco que ha entrado en vigor a principio de años tiene una mención expresa a las residencias para mayores que es la siguiente:
DISPOSICIÓN ADICIONAL DÉCIMA. Centros residenciales de mayores o de personas con discapacidad.
En los centros residenciales de mayores o de personas con discapacidad, se podrá habilitar una zona específica para fumadores, cuyo uso será exclusivo para residentes y deberá estar debida y visiblemente señalizada y contar con ventilación independiente o con otros dispositivos para la eliminación de humos, no pudiendo extenderse el permiso de fumar a las habitaciones ni al resto de las zonas comunes en dichos centros.
DISPOSICIÓN ADICIONAL DÉCIMA. Centros residenciales de mayores o de personas con discapacidad.
En los centros residenciales de mayores o de personas con discapacidad, se podrá habilitar una zona específica para fumadores, cuyo uso será exclusivo para residentes y deberá estar debida y visiblemente señalizada y contar con ventilación independiente o con otros dispositivos para la eliminación de humos, no pudiendo extenderse el permiso de fumar a las habitaciones ni al resto de las zonas comunes en dichos centros.
Al hilo de esta ley me viene a la memoria que durante una reciente visita a Alemania para conocer su sector geroasistencial, algo llamó poderosamente mi atención: resulta que un grupo de mayores y sus familiares habían pedido a la Administración que, en vez de pagarles parte de su estancia en una residencia, preferían alquilar un piso existente donde recibir un servicio de limpieza y de atención, tanto de empresas como de sus propios familiares y voluntarios gastando en ello lo que les correspondiera del sistema de dependencia. Cuando vimos uno de esos pisos nos sorprendió ver residentes muy dependientes viviendo en un piso grande pero con puertas estrechas, alguna barrera arquitectónica y un mobiliario muy “doméstico”. Hablando con una fundación que ahora promueve ese tipo de viviendas nos dijeron cuál era la clave para que algunas personas mayores dependientes quisieran vivir allí en vez de en una confortable y segura residencia: querían poder tomar elecciones que en una residencia serían imposibles. ¿Por ejemplo?, tener una botella de licor en su habitación, comer salchichas y chucrut o fumar.
En España algunas residencias deciden orientarse hacia el cliente fomentando la toma de decisiones así como el respeto a la asunción de riesgos por parte de los mismos y, qué se encuentran. Leyes que prohíben fumar en cualquier lugar de una residencia (aunque sea ésta el domicilio de la persona mayor); inspecciones que sancionan que alguien no siga la dieta que un médico prescribe como más adecuada (aunque la persona prefiera otra cosa) o que un residente tenga su propia medicación o una botella en la habitación.
Yo creo que el futuro pasa por potenciar la elección de las personas, sea cuál sea su edad, respetando la asunción de riesgos y potenciando que quien sufra demencia vea sus decisiones tenidas en cuenta mientras sea posible, y cuando no lo sea se intente adecuar el cuidado a su historia de vida. Si hasta los 87 fumaba un cigarrillo y bebía una copa de coñac después de cada comida a pesar de que los médicos llevaban desde los 50 recomendándole que no lo hiciera. ¿No sería respetuoso que pudiera seguir haciéndolo con las medidas de seguridad adecuadas?
Autor: Josep de Martí
Autor: Josep de Martí
martes, 4 de enero de 2011
LA GEMELA SINIESTRA
Esta tribuna, que publiqué en el Negocios y Gestión de Noviembre de 2010 ha hecho que muchas personas se pongan en contacto conmigo manifestándose de acuerdo con el contenido. A todos ellos, muchas gracias y mis mejores deseos para este año que empieza.
LA GEMELA SINIESTRA
Cuentan los que saben que el día que nuestros gobernantes anunciaron el nacimiento de la Ley de Dependencia encubrieron que junto a ella había nacido una hermana gemela que intentaron mantener oculta por la vergüenza que les producía.
La recién nacida estaba destinada a traernos universalidad, prevención, servicios profesionales, calidad, empleo, retorno y sostenibilidad. Pero nació enferma y enclenque. Sólo podría crecer si la nutrían con dos alimentos: por un lado colaboración y generosidad entre el Estado y las Comunidades Autónomas y por otro la cooperación entre las iniciativas pública y privada. Todos sabían que, si conseguían que llegase a adulta, los dependientes recibirían una atención equiparable a la de otros reinos del norte.
Sin embargo la gemela siniestra nació rolliza y bien sana, sólo necesitaba apariencia para crecer. Se alimentaba de números y prosperaba en la discordia y la desconfianza.
Al poco de nacer las pequeñas la más débil murió, pero nuestros gobernantes decidieron ocultárnoslo. Vistieron a la gemela siniestra con las ropas de su difunta hermana y nos dijeron: ¡Mirad! La Ley de Dependencia, crece fuerte y sana.
A partir del día de la muerte de la Ley de Dependencia, la gemela siniestra se hizo más fuerte. Consiguió que las cifras de solicitudes de dependencia y el número de prestaciones aumentasen; consiguió que se gastase mucho dinero en dependencia; consiguió que los datos estadísticos dijesen que se habían creado cien mil puestos de trabajo, e intentó que nadie pensase ya en su enclenque hermana.
Pero algunos de los que habían asistido al nacimiento se preguntaban: ¿No tenía que traernos un derecho universal? Entonces ¿Por qué salen tan diferentes las valoraciones de una comunidad autónoma a otra? y ¿Por qué más de doscientas mil personas tienen reconocido el derecho pero no reciben nada?. ¿No tenía que traer servicios profesionales y calidad? Entonces, ¿Por qué se dan más prestaciones económicas que de servicios?, ¿Por qué la mayoría de comunidades no ha regulado la acreditación?. ¿No tenía que ser sostenible? Entonces ¿Por qué sigue generando déficits de miles de millones de Euros?.
Los gobernantes que conocían el secreto seguían empeñados en mantenerlo ya que sabían que lo que había acabado matando a la pequeña había sido su incapacidad. Poco a poco fueron consiguiendo que los pocos que denunciaban a la usurpadora fueran tenidos por locos o tontos y así la gemela siniestra fue creciendo. “Al fin y al cabo – decían – lo que quiere la gente es recibir dinero para que les cuiden en casa y, ¿Cómo no vamos a dárselo?”.
Al cabo de los años se olvidó del todo lo la calidad y profesionalidad. La gemela siniestra triunfó alcanzando con sus mini prestaciones económicas a millones de dependientes que las recibían, o no según la comunidad en la que vivían. Nuestros gobernantes se congratulaban recordándonos que éramos de los pocos países que podían presumir de una Ley de Dependencia Universal y la gente se preguntaba “¿De qué habla el de la tele?” “De la paguilla”, “Ah, pues a presumir”.
LA GEMELA SINIESTRA
Cuentan los que saben que el día que nuestros gobernantes anunciaron el nacimiento de la Ley de Dependencia encubrieron que junto a ella había nacido una hermana gemela que intentaron mantener oculta por la vergüenza que les producía.
La recién nacida estaba destinada a traernos universalidad, prevención, servicios profesionales, calidad, empleo, retorno y sostenibilidad. Pero nació enferma y enclenque. Sólo podría crecer si la nutrían con dos alimentos: por un lado colaboración y generosidad entre el Estado y las Comunidades Autónomas y por otro la cooperación entre las iniciativas pública y privada. Todos sabían que, si conseguían que llegase a adulta, los dependientes recibirían una atención equiparable a la de otros reinos del norte.
Sin embargo la gemela siniestra nació rolliza y bien sana, sólo necesitaba apariencia para crecer. Se alimentaba de números y prosperaba en la discordia y la desconfianza.
Al poco de nacer las pequeñas la más débil murió, pero nuestros gobernantes decidieron ocultárnoslo. Vistieron a la gemela siniestra con las ropas de su difunta hermana y nos dijeron: ¡Mirad! La Ley de Dependencia, crece fuerte y sana.
A partir del día de la muerte de la Ley de Dependencia, la gemela siniestra se hizo más fuerte. Consiguió que las cifras de solicitudes de dependencia y el número de prestaciones aumentasen; consiguió que se gastase mucho dinero en dependencia; consiguió que los datos estadísticos dijesen que se habían creado cien mil puestos de trabajo, e intentó que nadie pensase ya en su enclenque hermana.
Pero algunos de los que habían asistido al nacimiento se preguntaban: ¿No tenía que traernos un derecho universal? Entonces ¿Por qué salen tan diferentes las valoraciones de una comunidad autónoma a otra? y ¿Por qué más de doscientas mil personas tienen reconocido el derecho pero no reciben nada?. ¿No tenía que traer servicios profesionales y calidad? Entonces, ¿Por qué se dan más prestaciones económicas que de servicios?, ¿Por qué la mayoría de comunidades no ha regulado la acreditación?. ¿No tenía que ser sostenible? Entonces ¿Por qué sigue generando déficits de miles de millones de Euros?.
Los gobernantes que conocían el secreto seguían empeñados en mantenerlo ya que sabían que lo que había acabado matando a la pequeña había sido su incapacidad. Poco a poco fueron consiguiendo que los pocos que denunciaban a la usurpadora fueran tenidos por locos o tontos y así la gemela siniestra fue creciendo. “Al fin y al cabo – decían – lo que quiere la gente es recibir dinero para que les cuiden en casa y, ¿Cómo no vamos a dárselo?”.
Al cabo de los años se olvidó del todo lo la calidad y profesionalidad. La gemela siniestra triunfó alcanzando con sus mini prestaciones económicas a millones de dependientes que las recibían, o no según la comunidad en la que vivían. Nuestros gobernantes se congratulaban recordándonos que éramos de los pocos países que podían presumir de una Ley de Dependencia Universal y la gente se preguntaba “¿De qué habla el de la tele?” “De la paguilla”, “Ah, pues a presumir”.
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