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lunes, 1 de abril de 2013

REDUCIR CONTENCIONES: UNA OPINIÓN EN PRIMERA PERSONA

Hace unas semanas escribí la entrada "desatar o liberar" en la que planteaba cómo una residencia para personas mayores que hoy se plantee reducir, racionalizar o hacer desaparecer las contenciones tenía ante sí dos opciones que costaban dinero:  "Desatar" con el Dr. Burgueño y CEOMA o "Liberar" con la Dra. Urrutia y la Fundación Cuidados Dignos.

Una persona escribió un comentario a esta entrada que me pareció, por su extensión, y por estar firmado, merecedor de una consideración especial.  Pedí al autor, Vicenç Badía, si me dejaba reproducirlo como entrada y me dijo que sí.

Pues, aquí está:

Buenas tardes, como director de residencia de 120 plazas que ha conseguido eliminar el 100 % de las sujeciones y que desde hace más de una año no contemplamos ninguna posibilidad de cualquier tipo de sujeción, quiero expresar mi opinión sobre el cómo deseamos hoy que nos traten a nosotros cuando seamos personas que no podamos tomar nuestras propias decisiones por nosotros mismos?

Es nuestra responsabilidad más allá de lo que indique la Administración como indicáis en algún párrafo, la de hacerlo lo mejor posible y mejorar continuamente el trato a nuestros mayores, no conformarnos nunca y, muy importante, quitarnos de la mente palabras como "es imposible" o "no se puede".

En nuestro caso, hemos eliminado todas (y veníamos de unos valores que ahora me dan miedo pensar en ellos por cómo cuidábamos) las sujeciones sin incrementar recursos, y, hemos conseguido durante 3 meses seguidos (no fue flor de un día) los menores índices de caídas de la historia del centro (tiene 11 años) y el resto de meses no estamos muy alejados de los valores que teníamos antes de iniciar el proceso, lo cual nos indica que no dábamos mejor servicio por el mero hecho de usar sujeciones.

Además, el cambio nos ha servido para mejorar el índice de satisfacción de los clientes, ya que con nuestro trabajo hemos demostrado que podíamos hacerlo y el aspecto de los residentes es otro, "la paz ambiental" ha aumentado, el tono muscular de los usuarios es mejor, la capacidad de estimularse y de desplazarse se mantiene mejor, los tratamientos no farmacológicos han demostrado ser una buena alternativa.

Si cambiamos la manera de pensar que tenemos tan proteccionista de los habitantes del sur de Europa, y en cambio utilizamos más la razón que la emoción, estoy seguro que no nos plantearíamos términos como "bonhomias ni nada parecido" y siempre enfocados en la perspectiva de la persona no nos plantearemos discusiones como estas sino que trabajaríamos en conseguirla. Respetemos las maneras de trabajar, conservemos la capacidad de escuchar y no la de destruir, todos saldremos ganando.

Sigamos reflexionando sobre nuestros mayores: Qué es mejor el (posible pero no seguro) dolor puntual o el dolor continuado por no poder realizar nuestra voluntad? Quien dice que nosotros no podemos caer ahora mismo y lastimarnos? Entonces, porque no nos sujetamos desde ahora mismo? Empatizemos con nuestros mayores y reflexionemos como viven su vida, no con la de los cuidadores quieren que la vivan. Cualquier persona debe de vivir, sentir, experimentar  sentirse liberada..., independientemente de su estado (físico o cognitivo), no somos nadie para limitarlo.

Conozco personalmente los trabajos del Dr Burgueño y de la Dra Urrutia y debo de decir que su filosofia es muy parecida y es la que quiero para mi en el futuro.

NOTA.- En el mundo occidental las certificaciones sirven para aquellos que no tienen suficiente credibilidad hacía un tercero y por eso deben de certificarse para ganarse la confianza..., podemos trabajar sin certificarnos, sólo debemos trabajar muy duro para ser creíbles y transmitir confianza como para poder mirar al frente sin agachar la cabeza.

Seguro que quien quiera podrá contactar conmigo. Creo que con el autor del Lazarillo de Tormes ya tenemos suficientes desconocidos.

Un agradecimiento del autor del Blog para Vicenç Badía


jueves, 10 de mayo de 2012

SOBRE EL USO DE CONTENCIONES EN RESIDENCIAS

Entre 1995 y 1998, el Máster en Gerontología Social de la Universidad de Barcelona, dirigido por Ricardo Moragas convocó una serie de Jornadas sobre la situación de las residencias de personas mayores de Cataluña.  Yo entonces era inspector de la Generalitat y recibí una invitación para exponer en números cuál era esa situación.  Aquél día triunfé, y no por los datos ni por mi explicación sino porque utilicé una presentación powerpoint con gráficos que se movían, letras que bailaban y algún que otro aditamento gráfico.  Para muchos de los asistentes era la primera vez que veían una presentación así en un ámbito como el nuestro. Algunos me preguntaron si era un video y otros que quién me había ayudado. Por aquél entonces la mayoría de los ponentes iban pertrechados con sus transparencias de plástico y sólo los más avanzados traían su cajita de diapositivas.  Han pasado unos cuantos años.

Esto no es sólo una concesión a la nostalgia.  Me ha venido a la cabeza porque en una mesa redonda que se celebró en una de esas Jornadas apareció el tema del uso de contenciones en residencias. No recuerdo quiénes eran los ponentes pero sí la discusión.  Uno decía que el uso de una contención suponía una limitación clara de derechos por lo que ésta requieriría una autorización judicial, otro que se trataba de una prescripción médica y que judicializar las decisiones médicas sólo podía traer efectos negativos. En la discusión aparecieron ideas como el uso de contenciones para evitar males mayores, el consentimiento de la familia, la bondad de que fuesen los profesionales los que estableciesen pautas de uso..

Por aquél entonces, tanto en las residencias como en los hospitales resultaba bastante normal ver cómo una persona mayor era contenida con una sábana que le impedía levantarse de un sillón o con algún otro sistema artesano.  Incluso, cuando alguna persona cursaba una formación de auxiliar se les enseñaba cómo utilizar una sábana como medio de contención.

La inspección empezó, hacia el 1998 a pedir dos requisitos para el uso de contenciones: una pauta médica y el uso de sistemas homologados.  Después vino un Decreto de 2000 y después la Ley de 2007 que acabaron de regularlo.

Una residencia me recordó hace poco como a finales de siglo pasado recibió una visita conjunta de la inspección y la Fiscalía para examinar el uso de contenciones.

Con todo esto quiero decir que llevamos muchos años hablando de esta cuestión.  Mucho antes de que apareciesen iniciativas como "desatar" o "liberar" y, aunque haya pasado todo ese tiempo, parece que los puntos de controversia no han avanzado demasiado.

Cuando la Generalitat ha difundido el informe elaborado por la inspección de servicios sociales sobre el uso de contenciones y los medios lo han difundidio diciendo que uno de cada cinco residentes viven "atados", parece haberse producido un cambio cualitativo.

Creo que durará poco tiempo pero eso de las contenciones se ha convertido en un tema de debate fuera del ámbito puramente asistencial.

Yo creo que  estamos ante una de las cuestiones jurídicamente más relevantes de la atención a personas mayores  y que, como casi todo lo jurídicamente relevante en este campo, se está resolviendo de una forma chapucera.

En un mundo en el que se cumpliese la Ley, todos los incapaces estarían incapacitados y contarían con un tutor (persona o institución tutelar).  En esos casos, la contención, como tratamiento sería una decisión que, cuando debiera tomarse, se pactaría entre el médico, la residencia y el tutor tras haber compartido información sobre los motivos que la justifican, la intensidad de la misma y los riesgos que supone.  En ese mundo ideal habría residencias que apostarían por un modelo "libre de contenciones", esas residencias informarían a sus residentes y a sus representantes de la opción que toman y de los riesgos.  Estas residencias, sin duda, dirían, "es mayor el riesgo que supone el uso de la contención que el daño que se puedo ocasionar si no se usa".

En ese mundo ideal se tendría en cuenta la opinión de la persona, cogintivamente capaz y del tutor.  Existirían opciones y, con el tiempo algunas de esas opciones se iría imponiendo, no a base de multas sino de lógica.

El problema es que, aunque según la Ley todos los incapaces deberían ser incapacitados, la realidad es que muy pocos lo son.  Además, la teórica protección que ofrece la Ley de Servicios Sociales al residente desaparece cuando éste es ingresado en un hospital (entonces depende del "buen hacer" de los profesionales).  Incluso, si analizamos el extremo rigor con que se está aplicando la Ley de Servicios Sociales en residencias privadas y los datos de uso de contenciones en residencias públicas, parece que el paraguas de proteccion no cobija igual a todos.

Quien tenga los datos podría hacer una pequeña exploración:

- ¿Cuántas inspecciones se han hecho a residencias durante 2012?
- ¿Cuántas actas mencionan algún posible incumplimiento referido a contenciones?
- ¿Cuántas han acabado generando la apertura de un expediente sancionador?

Una vez obtenidos esos datos, sólo habría que hacer una distribución tomando como base la titularidad de la residencia inspeccionada (pública, mercantil, social) y qué inspector/a, ha realizdo la inspección.

Al final habría que preguntarse:

- ¿Se comprueba con igual intensidad el uso de contenciones en todo tipo de residencias?
- ¿Todos los inspectores aplican el mismo nivel de rigor?

En mi munto ideal la respuesta a ambas preguntas sería sí.  En el mundo real, sólo quien tiene los datos puede hacer la comprobación.

Autor del post:  Josep de Martí