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lunes, 29 de abril de 2013

BLOGUISTA INVITADO: ANTONIO BURGUEÑO. DIEZ AÑOS DEL PROGRAMA DESATAR AL ANCIANO

Empiezo con esta entrada algo que creo puede ser interesante, y es invitar a personas que son relevantes en nuestro sector a escribir una entrada en mi blog.

El Dr. Antonio Burgueño, promotor del Programa Desatar al Anciano y al Enfermo de Alzheimer de CEOMA, es sin duda una persona a la que aprecio y admiro. Empezó levantando polémica en el sector al preconizar, desde 2003, primero la racionalización y después la eliminación de contenciones en residencias de mayores.  Con el paso de los años, y a medida que han aumentado las residencias que han aplicado el programa, la polémica ha disminuido y se ha centrado.

Le conozco casi desde que empezó esta singladura y he tenido la ocasión de coincidir con él en diferentes congresos en España y México.

Creo que en la actualidad Antonio Burgueño es de las pocas personas que levantan pasiones dentro del sector geroasistencial..  No sólo por el mensaje que difunde sino también porque ha sabido extebder su programa de una forma muy activa en internet y en las redes sociales. Le agradezco que haya aceptado escribir unas líneas para el blog.  Esto es lo que ha escrito:


En el año 2001 inicié una experiencia profesional como responsable asistencial del Servicio Regional de Bienestar Social de Madrid, dejando eventualmente mi trabajo en el hospital. Allí aprendí mucho, pero solo quiero destacar que en esa experiencia empezó mi interés por el uso de sujeciones en residencias. Unos colegas y yo identificamos dicho uso como un problema endémico de España, de grandes proporciones, que en la práctica se traducía en un fenómeno complejo y multifactorial, aspectos claves para dar carácter de Programa a la respuesta que se nos ocurrió dar. Así, en el 2003 el Programa toma forma y nace de la mano de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores, plataforma que se consideró idónea, por representar la defensa de los derechos de las personas mayores, y por permitirnos trabajar de forma totalmente independiente.

Las sensaciones que tuve cuando empecé a hablar de este problema en foros del sector fueron de estar “predicando en el desierto”, a pesar de que entonces nuestra propuesta era solo de reducción-racionalización del uso de sujeciones físicas en personas mayores, mucho más humilde que la actual. Las reacciones a la defensiva eran la norma, y los profesionales se sentían ofendidos cuando se cuestionaban las sujeciones que estábamos utilizando en España, a pesar de ocupar el número del ranking internacional en prevalencia de uso. Ahora recuerdo con una sonrisa aquellas discusiones en las que se entraba en la esquizofrenia de afirmar que las sujeciones eran beneficiosas para los residentes y a la vez decir que ellos estaban trabajando en reducir su uso, sin reparar en que no es coherente minimizar el uso de algo que es tan claramente beneficioso. Pero lo curioso del fenómeno es que 10 años después aún está prevalente ese argumento entre muchos profesionales y directivos del sector de residencias, a los que se ha añadido uno más nuevo y mas repetido en los últimos años en boca de quienes lideran centros con una todavía elevada prevalencia de uso, que dicen que su uso se debe a que en sus centros se atienden a personas mas dependientes y en peor estado de salud. Este argumento emergió cuando empezaron a existir todo tipo de centros libres de sujeciones en España.

He sacado una serie de conclusiones al hacer balance de estos 10 años, y aquí me voy a referir a las más personales o que no son objeto de estudio reglado. He visto que el Programa ha servido para hacer visibles las sujeciones en España, algo de lo que hace 10 años no se hablaba en público. He aprendido que “desatar” es un reto al que solo le entran organizaciones de valor, o que quieren verlo como una cuestión de valor. Hace ya muchos años ya que acuñé la expresión “desatar es querer”. Pero también he aprendido que el Programa tiene defectos y que el mas grave de ellos es que provoca respuestas a la defensiva y hostiles por parte de muchos profesionales del sector.

Los centros libres de sujeciones me han enseñado, no solo que puede ser, sin un mayor coste, sino que la percepción sobre la necesidad de utilizar sujeciones no cambia hasta que se comprueba en la práctica que se puede trabajar sin ellas con seguridad. Es un asunto de "ver para creer", ya que los profesionales y líderes de esos centros libres de sujeciones no lo creían posible al principio.

He aprendido que muchos profesionales siguen viendo a las sujeciones como algo que es muy útil para salvar ciertas situaciones, pero que otros muchos han empezado a ver que la posibilidad de utilizar sujeciones para resolver ciertos problemas les conduce a un empobrecimiento de su práctica asistencial, y están desarrollando un actitud de tolerancia cero, es decir, de no ver desde el principio la sujeción como una opción. Hemos acumulado experiencia y conocimientos en esos 10 años como para alimentar 10 sólidos argumentos para proponer a los profesionales esa actitud, si bien somos conscientes de que esos profesionales se mueven en un escenario que no es aun del todo adecuado para establecer ese nuevo paradigma de cuidado con tranquilidad.

Como bien se ha dicho en inforesidencias.com en su nota sobre el décimo aniversario del Programa Desatar, hoy día el Programa es conocido en la práctica totalidad del sector. Es de agradecer a INFORESIDENCIAS el apoyo que siempre ha dado a la divulgación de nuestras actividades.

Me siento muy satisfecho de los resultado que ha tenido el Programa, y de la proyección internacional que ha adquirido más recientemente, especialmente después de recibir el premio internacional Príncipe de Viana de atención a la dependencia, y me conformaría con que el resultado de nuestro trabajo de 10 años sea que las organizaciones aceptan el reto de trabajar para erradicar las sujeciones sin reticencias, dándose el tiempo que necesiten, volcando su voluntad para lograrlo, y con una buena estrategia, y con que no se les persiga jurídicamente, por intentar trabajar sin sujetar.

lunes, 1 de abril de 2013

REDUCIR CONTENCIONES: UNA OPINIÓN EN PRIMERA PERSONA

Hace unas semanas escribí la entrada "desatar o liberar" en la que planteaba cómo una residencia para personas mayores que hoy se plantee reducir, racionalizar o hacer desaparecer las contenciones tenía ante sí dos opciones que costaban dinero:  "Desatar" con el Dr. Burgueño y CEOMA o "Liberar" con la Dra. Urrutia y la Fundación Cuidados Dignos.

Una persona escribió un comentario a esta entrada que me pareció, por su extensión, y por estar firmado, merecedor de una consideración especial.  Pedí al autor, Vicenç Badía, si me dejaba reproducirlo como entrada y me dijo que sí.

Pues, aquí está:

Buenas tardes, como director de residencia de 120 plazas que ha conseguido eliminar el 100 % de las sujeciones y que desde hace más de una año no contemplamos ninguna posibilidad de cualquier tipo de sujeción, quiero expresar mi opinión sobre el cómo deseamos hoy que nos traten a nosotros cuando seamos personas que no podamos tomar nuestras propias decisiones por nosotros mismos?

Es nuestra responsabilidad más allá de lo que indique la Administración como indicáis en algún párrafo, la de hacerlo lo mejor posible y mejorar continuamente el trato a nuestros mayores, no conformarnos nunca y, muy importante, quitarnos de la mente palabras como "es imposible" o "no se puede".

En nuestro caso, hemos eliminado todas (y veníamos de unos valores que ahora me dan miedo pensar en ellos por cómo cuidábamos) las sujeciones sin incrementar recursos, y, hemos conseguido durante 3 meses seguidos (no fue flor de un día) los menores índices de caídas de la historia del centro (tiene 11 años) y el resto de meses no estamos muy alejados de los valores que teníamos antes de iniciar el proceso, lo cual nos indica que no dábamos mejor servicio por el mero hecho de usar sujeciones.

Además, el cambio nos ha servido para mejorar el índice de satisfacción de los clientes, ya que con nuestro trabajo hemos demostrado que podíamos hacerlo y el aspecto de los residentes es otro, "la paz ambiental" ha aumentado, el tono muscular de los usuarios es mejor, la capacidad de estimularse y de desplazarse se mantiene mejor, los tratamientos no farmacológicos han demostrado ser una buena alternativa.

Si cambiamos la manera de pensar que tenemos tan proteccionista de los habitantes del sur de Europa, y en cambio utilizamos más la razón que la emoción, estoy seguro que no nos plantearíamos términos como "bonhomias ni nada parecido" y siempre enfocados en la perspectiva de la persona no nos plantearemos discusiones como estas sino que trabajaríamos en conseguirla. Respetemos las maneras de trabajar, conservemos la capacidad de escuchar y no la de destruir, todos saldremos ganando.

Sigamos reflexionando sobre nuestros mayores: Qué es mejor el (posible pero no seguro) dolor puntual o el dolor continuado por no poder realizar nuestra voluntad? Quien dice que nosotros no podemos caer ahora mismo y lastimarnos? Entonces, porque no nos sujetamos desde ahora mismo? Empatizemos con nuestros mayores y reflexionemos como viven su vida, no con la de los cuidadores quieren que la vivan. Cualquier persona debe de vivir, sentir, experimentar  sentirse liberada..., independientemente de su estado (físico o cognitivo), no somos nadie para limitarlo.

Conozco personalmente los trabajos del Dr Burgueño y de la Dra Urrutia y debo de decir que su filosofia es muy parecida y es la que quiero para mi en el futuro.

NOTA.- En el mundo occidental las certificaciones sirven para aquellos que no tienen suficiente credibilidad hacía un tercero y por eso deben de certificarse para ganarse la confianza..., podemos trabajar sin certificarnos, sólo debemos trabajar muy duro para ser creíbles y transmitir confianza como para poder mirar al frente sin agachar la cabeza.

Seguro que quien quiera podrá contactar conmigo. Creo que con el autor del Lazarillo de Tormes ya tenemos suficientes desconocidos.

Un agradecimiento del autor del Blog para Vicenç Badía


martes, 12 de febrero de 2013

¿DESATAR O LIBERAR?

Dejé de ser inspector de residencias hace casi trece años y uno de los recuerdos que conservo de los últimos que pasé en ese trabajo es el de una colaboración que tuvimos con la Fiscalía de Girona, sería, calculo hacia 1998, que consistía en hacer visitas conjuntas a las residencias, una fiscal y un inspector, con la finalidad de saber si se aplicaban correctamente las comunicaciones al juzgado de los ingresos de presuntos incapaces y las contenciones.

Por entonces la normativa no mencionaba expresamente las contenciones físicas ni farmacológicas de forma que las inspecciones se limitaban a pedir que hubiese una pauta médica y que se utilizase un medio homologado para aplicarlas.  Después vendrían las prescripciones pautadas, los protocolos, los registros y la conciencia de que, "eso de usar contenciones en residencias" tenía un cariz especial que merecía un control y supervisión exhaustivos.

Quince años después.  La normativa sobre residencias en muchas comunidades autónomas establece unos requisitos restrictivos para el uso de contenciones en residencias y tipifica el uso indebido como una infracción merecedora de sanción.

El trayecto entre la situación de antaño y la de ahora me lleva a pensar en dos cosas.  

La primera es que resulta sorprendente ver cómo en la cabeza de nuestros legisladores existe un ánimo regulador sobre esta cuestión cuando las contenciones se realizan en residencias pero no cuando se ponen en un hospital.  Recientemente me comentaba el director de un centro que un usuario, que en la residencia no tenía ningún sistema de sujeción prescrito, cuando fue trasladado a un hospital vio como, cuando le pusieron una sonda nasogástrica, de forma casi automática le aplicaron una contención en la mano para que no se la arrancase.  Lo curioso es que en el hospital, donde habían pedido a la familia el consentimiento escrito para la sonda, no les hicieron firmar nada sobre la contención.

Estoy seguro que los profesionales que trabajan en hospitales tienen, como mínimo tanta preocupación como los que trabajan en residencias por mantener el bienestar de sus pacientes.  Pero aún estoy más seguro de que no entenderían que un "inspector de hospitales" les hubiera sancionado por la aplicación, sin prescripción y consentimiento expreso, de la contención de la mano.

Así, para empezar tenemos dos realidades.  En la residencial se tiende a la limitación del uso de contenciones, en parte porque los responsables de los centros consideran que es algo bueno, pero sobre todo porque si no lo hacen se enfrentan a posibles sanciones.  En un entorno hospitalario, la reducción en el uso de contenciones surgirá siempre de un ánimo de "hacer mejor" pero no del miedo a ser sancionado.

La segunda cosa que me sorprende es el surgimiento no de uno sino de dos modelos que permiten a las residencias "andar el camino" hacia la reducción y/o eliminación de sujeciones.  Me refiero, por supuesto a "Desatar al anciano" de CEOMA y a "Libera Ger" de la Fundación Cuidados Dignos.

Hace dos años, cuando organizamos las Jornadas anuales de Inforesidencias.com intenté hacer un cara a cara entre el Dr. Burgueño y la Dra. Urrutia, las caras visibles de cada uno de los modelos, pero el primero excusó su participación con lo que no pude obtener la respuesta a la pregunta que buscaba: Si una residencia quiere "andar el camino" ¿que modelo le conviene más escoger?

La respuesta no es baladí ya que ninguno de los dos es barato.  En ambos casos, supone contratar una consultoría, una formación del personal, un acompañamiento y, si se desea, finalmente una certificación.  En ambos casos no se trata únicamente de "quitar contenciones" sino de trabajar de otra forma en la que las contenciones no tienen lugar.  O sea que valdría la pena que alguien pudiese hacer una evaluación de ambos sistemas y la explicase al mundo.

Para complicar un poco más las cosas hay formas nuevas de trabajar y afrontar la atención de los mayores en residencias como la planificación (o atención) centrada en la persona o la Dementia Care Maping (DCM).  Estas no tienen por objetivo principal reducir las contenciones aunque sus promotores dicen que puede ser una consecuencia de su aplicación.

Y en medio de toda esta marea de ideas están los profesionales que, hasta hace poco pensaban que trabajaban bien con sus equipos interdisciplinares, sus programas, protocolos y registros y que, ahora, cuando van a una jornada o curso de los que abundan tanto, se sienten un poco menospreciados ya que salen con la sensación que desde la mesa de ponentes les están diciendo que cuidan mal.

Yo creo que resulta muy enriquecedor para el sector que finalmente aparezcan diferentes "escuelas de pensamiento" tal como sucede en todos los ámbitos de actividad humana mínimamente evolucionados. Es más, me parece que sería positivo que apareciesen más

En algunas jornadas he escuchado defender que las contenciones son tratamientos médicos y cómo tal deberían se tratados, este argumento suele dar de sí ante un foro pero me gustaría, si es que es una tendencia científica, poder leer sobre ella como puedo leer sobre "desatar" o "liberar".  En otros países se  apuesta por modelos de atención a personas mayores en residencias mucho más "desprofesionalizado" que el nuestro pero nadie ha traído un modelo que pueda contrastarse con otros.

El problema para muchos gestores de residencias es que este "florecimiento doctrinal", coincide con una época de grave sequía económica, lo que para muchos es causa de desasosiego.

Creo que la clave para que los diferentes modelos se pudieran contrastar y valorar sería, como en muchas otras ocasiones, pasar el protagonismo a los ciudadanos.  Si de verdad la aplicación de estos modelos producen formas diferentes de atender con distintos resultados sobre la calidad de vida de los usuarios (y quizás con diferentes precios), lo importante será que exista una gran transparencia, que se publiquen estudios y comparaciones.  Que se discuta y se compita y, al final se planteen los modelos a quiénes los van a pagar.

Hasta que llegue esa transparencia los gerentes de centros tendrán que seguir preguntándose ¿desatar, liberar... o quizás racionalizar desde dentro sin ayuda exterior?

Autor del post:  Josep de Martí





jueves, 10 de mayo de 2012

SOBRE EL USO DE CONTENCIONES EN RESIDENCIAS

Entre 1995 y 1998, el Máster en Gerontología Social de la Universidad de Barcelona, dirigido por Ricardo Moragas convocó una serie de Jornadas sobre la situación de las residencias de personas mayores de Cataluña.  Yo entonces era inspector de la Generalitat y recibí una invitación para exponer en números cuál era esa situación.  Aquél día triunfé, y no por los datos ni por mi explicación sino porque utilicé una presentación powerpoint con gráficos que se movían, letras que bailaban y algún que otro aditamento gráfico.  Para muchos de los asistentes era la primera vez que veían una presentación así en un ámbito como el nuestro. Algunos me preguntaron si era un video y otros que quién me había ayudado. Por aquél entonces la mayoría de los ponentes iban pertrechados con sus transparencias de plástico y sólo los más avanzados traían su cajita de diapositivas.  Han pasado unos cuantos años.

Esto no es sólo una concesión a la nostalgia.  Me ha venido a la cabeza porque en una mesa redonda que se celebró en una de esas Jornadas apareció el tema del uso de contenciones en residencias. No recuerdo quiénes eran los ponentes pero sí la discusión.  Uno decía que el uso de una contención suponía una limitación clara de derechos por lo que ésta requieriría una autorización judicial, otro que se trataba de una prescripción médica y que judicializar las decisiones médicas sólo podía traer efectos negativos. En la discusión aparecieron ideas como el uso de contenciones para evitar males mayores, el consentimiento de la familia, la bondad de que fuesen los profesionales los que estableciesen pautas de uso..

Por aquél entonces, tanto en las residencias como en los hospitales resultaba bastante normal ver cómo una persona mayor era contenida con una sábana que le impedía levantarse de un sillón o con algún otro sistema artesano.  Incluso, cuando alguna persona cursaba una formación de auxiliar se les enseñaba cómo utilizar una sábana como medio de contención.

La inspección empezó, hacia el 1998 a pedir dos requisitos para el uso de contenciones: una pauta médica y el uso de sistemas homologados.  Después vino un Decreto de 2000 y después la Ley de 2007 que acabaron de regularlo.

Una residencia me recordó hace poco como a finales de siglo pasado recibió una visita conjunta de la inspección y la Fiscalía para examinar el uso de contenciones.

Con todo esto quiero decir que llevamos muchos años hablando de esta cuestión.  Mucho antes de que apareciesen iniciativas como "desatar" o "liberar" y, aunque haya pasado todo ese tiempo, parece que los puntos de controversia no han avanzado demasiado.

Cuando la Generalitat ha difundido el informe elaborado por la inspección de servicios sociales sobre el uso de contenciones y los medios lo han difundidio diciendo que uno de cada cinco residentes viven "atados", parece haberse producido un cambio cualitativo.

Creo que durará poco tiempo pero eso de las contenciones se ha convertido en un tema de debate fuera del ámbito puramente asistencial.

Yo creo que  estamos ante una de las cuestiones jurídicamente más relevantes de la atención a personas mayores  y que, como casi todo lo jurídicamente relevante en este campo, se está resolviendo de una forma chapucera.

En un mundo en el que se cumpliese la Ley, todos los incapaces estarían incapacitados y contarían con un tutor (persona o institución tutelar).  En esos casos, la contención, como tratamiento sería una decisión que, cuando debiera tomarse, se pactaría entre el médico, la residencia y el tutor tras haber compartido información sobre los motivos que la justifican, la intensidad de la misma y los riesgos que supone.  En ese mundo ideal habría residencias que apostarían por un modelo "libre de contenciones", esas residencias informarían a sus residentes y a sus representantes de la opción que toman y de los riesgos.  Estas residencias, sin duda, dirían, "es mayor el riesgo que supone el uso de la contención que el daño que se puedo ocasionar si no se usa".

En ese mundo ideal se tendría en cuenta la opinión de la persona, cogintivamente capaz y del tutor.  Existirían opciones y, con el tiempo algunas de esas opciones se iría imponiendo, no a base de multas sino de lógica.

El problema es que, aunque según la Ley todos los incapaces deberían ser incapacitados, la realidad es que muy pocos lo son.  Además, la teórica protección que ofrece la Ley de Servicios Sociales al residente desaparece cuando éste es ingresado en un hospital (entonces depende del "buen hacer" de los profesionales).  Incluso, si analizamos el extremo rigor con que se está aplicando la Ley de Servicios Sociales en residencias privadas y los datos de uso de contenciones en residencias públicas, parece que el paraguas de proteccion no cobija igual a todos.

Quien tenga los datos podría hacer una pequeña exploración:

- ¿Cuántas inspecciones se han hecho a residencias durante 2012?
- ¿Cuántas actas mencionan algún posible incumplimiento referido a contenciones?
- ¿Cuántas han acabado generando la apertura de un expediente sancionador?

Una vez obtenidos esos datos, sólo habría que hacer una distribución tomando como base la titularidad de la residencia inspeccionada (pública, mercantil, social) y qué inspector/a, ha realizdo la inspección.

Al final habría que preguntarse:

- ¿Se comprueba con igual intensidad el uso de contenciones en todo tipo de residencias?
- ¿Todos los inspectores aplican el mismo nivel de rigor?

En mi munto ideal la respuesta a ambas preguntas sería sí.  En el mundo real, sólo quien tiene los datos puede hacer la comprobación.

Autor del post:  Josep de Martí

miércoles, 6 de abril de 2011

NO ESTABA MUERTA, ESTABA DE PARRANDA (LA LEY DE DEPENDENCIA)


Durante el congreso de Edad y Vida, Dependencia y Calidad de Vida, asistí a mesas interesantísimas, a otras que se apartaban algo de mi campo de actividad y a conferencias como la inaugural que he vuelto a escuchar para mi deleite e inspiración.
Una mesa que me interesaba especialmente fue aquélla en la que las organizaciones de mayores y la propia Edad y Vida daban su opinión sobre la aplicación de la Ley de Dependencia.
Pocas veces he visto tanta tensión entre lo que se quiere decir y lo que al final se dice realmente como en las intervenciones de los presidentes de la Unión Democrática de Pensionistas y la Confederación de Organizaciones de Mayores (CEOMA).
Ambos reconocían la Ley como algo bueno y destacaban el avance que supone la creación de un derecho subjetivo (me gustaría saber qué porcentaje de ciudadanos entiende lo que esa frase quiere decir) para inmediatamente después enlazar una serie de reproches, defectos y efectos perniciosos de la aplicación de la Ley que, a cualquiera le hubiera hecho pensar que eran acérrimos detractores de la misma. Repasemos unos cuantos:
Presidente de la UDP, D. Luis Martín Pindado:
  • Existen retrasos injustificables en la valoración de la dependencia y en la redacción del PIA.
  • Carencia de coordinación territorial con compartimentos estancos. "Si te mudas de comunidad tienes que volver a empezar todo el proceso".
  • La Ley debería haber creado un organismo autónomo de gestión.
  • El derecho a reclamar judicialmente no es uniforme: en algunas comunidades es por vía social y en otra contencioso administrativa.
  • Están surgiendo abogados especializados en incumplimientos de la Ley de Dependencia.
  • Faltan recursos económicos.
  • Se trata mucho la dependencia y muy poco la autonomía personal.
  • NO se fomenta lo suficiente el tejido asociativo.
  • "Seamos indulgentes pero no indolentes".
Presidente de CEOMA. D. Jose Luis Meler de Ugarte
  • Las expectativas creadas no se han visto satisfechas.
  • Han pasado cuatro años y el cuarto pilar no está apuntalado.
  • La dependencia es una arma política arrojadiza.
  • Faltan recursos.
  • Hay una evidente descoordinación y falta la homogeneidad..
  • Se rompe el principio de igualdad.
  • El procedimiento es un enredo político administrativo.
  • Las ayudas no llegan a quienes las necesitan o llegan tarde.
  • Los ciudadanos desconocen el sistema.
  • Falta un marco estable para los proveedores de servicios.
  • El copago se calculó mal al redactar la Ley y la memoria económica.
  • Son indispensables reformas con consenso.
  • El principal problema de la Ley es la falta de financiación y los convenios bilaterales.
Para rematar, D. Higinio Raventós destacó:
  • Son indispensables reglas de juego claras y estables para determinar el papel de cada uno.
  • Distinguir entre centros según nivel de atención con diferentes modelos y tarifas.
  • Tener criterios comunes en todo el Estado.
  • Determinar un módulo sanitario de atención para poder racionalizar las plazas hospitalarias.
  • Crear agencias de dependencia en las Comunidades Autónomas entre Servicios sociales y salud.
  • Distinguir módulo hotelero, asistencial y sanitario.
  • Regular el copago de forma acorde a la Ley.
  • Queda mucho por hacer.
Estas son las "ideas fuerza" que recogí durante las intervenciones. Como los organizadores del congreso colgarán en internet los vídeos de las mesas, aquello en lo que no sea ajustado podrá ser corregido. Pero, ¿alguien puede sostener después de oír a los máximos protagonistas de la aplicación de la Ley (ciudadanos y proveedores de servicios) que ésta es algo más que un fiasco?

Sea cual sea el objetivo de la Ley, en cuatro años se ha pervertido o ha sido sencillamente olvidado. Lo único bueno es que se ha gastado más dinero en dependencia: No como la Ley pretendía hacerlo, pero el dinero se ha gastado y se sigue gastando. Así que muchas personas que antes no recibían prestación hoy la reciben: no como la Ley preveía que la recibiesen, pero la reciben. Da igual que al lado haya otras miles de personas que no reciben lo que la Ley preveía, eso palidece ante lo anterior.
Si no fuese porque esas miles de prestaciones se han reconocido diríamos que la Ley está muerta, pero, después de escuchar a los representantes de los mayores y al de Edad y Vida sólo nos queda salir cantando: No estaba muerta, estaba de parranda. ¡Gracias Peret! (http://www.youtube.com/watch?v=G9lOlS3eGOs&feature=related)