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jueves, 5 de julio de 2012

ME HUELE A CHAMUSQUINA

Cuando el gobierno ha anunciado a bombo y platillo que la Guardia Civil ha desmantelado un fraude a la Seguridad Social consistente en que desde algunas residencias se adquirían medicamentos gratuitos utilizando la tarjeta sanitaria de residentes que ya habían fallecido,  algo me ha olido a chamusquina.

La operación Pócima, que así la han llamado, equiparándola al bautizarla con otros operativos en los que se desmantelan redes de delincuentes, ha consistido en que la Guardia Civil, tras una denuncia de la inspección de Farmacia, haya cotejado las fechas de una serie recetas con la fecha de fallecimiento de la persona y haya constatado que algunos de los beneficiarios de las mismas habían fallecido con anterioridad.  

Automáticamente se ha procedido a la detención de algún director de residencia y a la imputación de otros tantos.

El motivo por el que todo esto huele bastante mal es porque, aunque aparentemente son las residencias las que han actuado fraudulentamente, si se realiza un simple análisis la cosa no cuadra.

Tal como los periódicos relatan los hechos, las residencias “utilizaban la tarjeta sanitaria de ancianos fallecidos” y con ellas adquirían medicamentos fraudulentamente.  O sea, que, si hacemos caso a los periódicos, un director de residencia puede coger la tarjeta de un residente e irse a la farmacia donde, sin más requisito, le darán los medicamentos que pida. 

La verdad es que no puede.  Hay un documento en medio del proceso que se llama “receta” y un profesional de la sanidad pública que la expide que se llama “médico del sistema público de salud” sin la intervención del cual no se puede prescribir.  Esto hay que dejarlo bien claro ya que, en ninguna reseña de las que he leído he sido capaz de encontrar referencia a que algún médico del sistema público de salud de Andalucía haya sido imputado por expedir recetas a personas muertas.  Claro que también es posible que las recetas se prescribiesen mientras la personas estaba viva pero fueran llevadas a la farmacia tras el fallecimiento.   La forma de comunicar de los medios no me permite saberlo.

En teoría, las personas que viven ingresadas en una residencia reciben la atención santiaria del sistema público como cualquier otro ciudadano que reside en su domicilio.  La realidad es que la mayoría de residencias cuentan con médicos propios que atienden a los residentes.  Estos no pueden emitir recetas por lo que cada residencia llega a un acuerdo con el ambulatorio que les toca para “conseguirlas”.  El sistema le va muy bien a la sanidad pública debido a que los médicos de las residencias le están ahorrando trabajo, el problema es que, al no existir en todo el Estado un único sistema en el que “conseguir las recetas”, en cada comunidad, e incluso en cada ciudad, han ido surgiendo diferentes formas de hacerlo.  Es cierto que en algunas la Administración  ha abordado la cuestión y se han asentado procedimientos pero, creo que, debida la trascendencia del asunto debería existir un sistema único, como mínimo en cada Comunidad Autónoma.
La situación actual, que podríamos definir como “compleja” hace que algunas residencias envíen periódicamente unos listados a los ambulatorios siendo desde allí desde donde formalizan las recetas.    Estas son entonces llevadas a una oficina de farmacia donde se libra el medicamento.  En algunos casos, para agilizar el proceso, la farmacia  podría “adelantar” algunos medicamentos y recibir posteriormente la receta. La atención sanitaria desde la salud pública se convierte en esos casos en una ficción.  El médico del centro de salud no “ve” al residente sino que el acto médico se convierte en una gestión administrativa en la que se pueden producir atrasos y errores.

Estoy seguro que el “fraude” que ha detectado la Guardia Civil (que en una residencia alcanzaba los 500€ en dos años, entre 2009 y 2011) se debe más a esa ficción que a un verdadero ánimo defraudador.
Para alcanzar esa conclusión no hago más que preguntarme, ¿Qué podían ganar los directores de residencia utilizando la tarjeta sanitaria de los fallecidos?  La verdad es que nada o muy poco.   Aceptemos que un director consiguió en dos años medicinas por valor de 500 Euros.  Si las necesitaba y hubiese ido él mismo al médico hubiera acabado pagando el 40%, o sea, que el fraude en ese caso alcanzaría los 300.  Hasta ahora no existe un mercado negro de medicamentos (quizás con el copago y la tasa por receta surja uno) ni consta, como pasó hace unos, que se estuviesen recetando medicamentos muy caros para pacientes falsos que después se destruyesen.  O sea, que, a falta de más datos, el único que, a priori pudo obtener alguna ventaja del hecho de suministrar medicamentos a un residente fallecido sería la oficina de farmacia.  ¿Existe acaso algún farmacéutico corrupto que incita a los directores de residencia  a defraudar?, me parece difícil de creer, además, no aparece en la noticia que haya ningún farmacéutico imputado.

O sea que, ni el médico que firmó las recetas ni el farmacéutico que suministró el medicamento tienen nada que ver con este fraude.  Los únicos que sí son imputados son seis directores de residencias que no tienen nada que ver entre sí y cuya única relación es que dirigen centros situados en la zona de Cádiz.  ¿No será que, tal como funcionan las cosas actualmente, existe la posibilidad de que, por un error o un retraso, una pequeña cantidad de recetas correspondientes a residentes fallecidos lleguen a la farmacia? ¿No será que, si la Guardia Civil monta la operación “Súper Pócima”, ampliando su investigación a toda Andalucía o a toda España  llegue a ver que lo mismo, o algo muy parecido a lo que ha visto en estos centros, esté sucediendo en muchos otros sin que exista un ánimo de defraudar, un beneficio irregular ni una actividad delictiva?
Es muy posible que la Operación Pócima, quede en nada, después de condenar a unos cuantos profesionales a la pena de banquillo y de perjudicar la imagen del sector de las residencias.

Hace ocho años conocí un caso en el que una administración autonómica quería sancionar al director de una residencia porque desde la misma se obtenían pañales para residentes fallecidos.  También como en este caso parecía que era el director el que prescribía.  Al final no se sancionó.

Aunque tiene que ver de forma tangencial con el tema que trato hoy quiero acabar recordando que  hace poco se aprobó el Real Decreto 16/2012 de 20 de abril (publicado en el BOE 98 de 24 de abril) en el que aparece  (concretamente en la página 31301) lo siguiente:

Artículo 6. Medidas relativas a la atención farmacéutica en los hospitales, en los centros de asistencia social y en los centros psiquiátricos.
1. Será obligatorio el establecimiento de un servicio de farmacia hospitalaria propio en:
a) Todos los hospitales que tengan cien o más camas.
b) Los centros de asistencia social que tengan cien camas o más en régimen de asistidos.
c) Los centros psiquiátricos que tengan cien camas o más.
2. No obstante lo anterior, la consejería responsable en materia de prestación farmacéutica podrá establecer acuerdos o convenios con centros hospitalarios, eximiendo a estos centros de esta exigencia, siempre y cuando dispongan de un deposito de medicamentos vinculado al servicio de farmacia hospitalaria del hospital de la red pública que sea el de referencia en el área o zona sanitaria de influencia correspondiente.
3. Asimismo, los centros hospitalarios, los centros de asistencia social que presten asistencia sanitaria específica y los centros psiquiátricos que no cuenten con un servicio de farmacia hospitalaria propio y que no estén obligados a tenerlo dispondrán de un depósito, que estará vinculado a un servicio de farmacia del área sanitaria y bajo la responsabilidad del jefe del servicio, en el caso de los hospitales del sector público, y a una oficina de farmacia establecida en la misma zona farmacéutica o a un servicio de farmacia hospitalaria, en el supuesto de que se trate de un hospital del sector privado.

O sea, que pronto quizás sí tengamos un sistema común de suministro de medicación a las residencias.

martes, 19 de junio de 2012

EL EURO POR RECETA EN CATALUÑA

A partir de este sábado las residencias catalanas tendrán que gestionar de alguna forma la tasa conocida como "Euro por receta", implantada para ahorrar en medicamentos.  Ya hablé de este tema hace algún tiempo ahora que la fecha se acerca me parece interesante volver a tratarlo.

Para las personas que vivan en su casa, será sencillo.  Cada vez que el médico les recete algo y vayan a adquirirlo a una farmacia, además de lo que les toque pagar (nada si son jubilados o un porcentaje del precio si no lo son) deberán pagar un euro adicional

Cuando un mayor vive en una residencia, de cara a la Sanidad Pública, sigue viviendo en su casa aunque la realidad es que todas las residencias tienen un sistema por el que gestionan la atención de los residentes.  Ya sea con un médico propio y un acuerdo con el centro de salud o mediante la atención directa de un médico de la sanidad pública, al final es la residencia la que tiene las recetas de los residentes sobre la mesa para llevarlas a la oficina de farmacia.  En los últimos años cada vez son más las residencias que llevan las recetas de sus residencias a una farmacia que ofrezca algún servicio adicional como el de la preparación de la medicación en blisters u otro servicio adicional.

Para la residencia, en la medida en que todos los residentes gozan de gratuidad en los medicamentos, "llevar las recetas" a una farmacia no le supone ningún coste de gestión.  A partir de ahora la cosa cambia.

Para empezar, hay residentes (los que cobran determinado tipo de pensión) que quedan exentos del pago del Euro, también los medicamentos de menos de 1,67 Euros y, además, nadie pagará más de 62 Euros al año.  La cosa se complicará un poco más dentro de pocas semanas cuando también entre en vigor el copago de medicamentos que implantará para toda España el Ministerio y que consistirá en que el porcentaje que se paga dependa del nivel de renta.

Algunas residencias se están planteando qué hacer ante este cambio que, de hecho les supone incrementar, hagan lo que hagan, sus costes de administración.  Esto es lo que me han comentado algunas:

-  Llevar una especie de "contabilidad de recetas" de forma que al final de cada mes, al igual que se hace con la peluquería o la podología se carguen las tasas que la residencia ha ido "avanzando" a cuenta del residente.  Es el sistema más transparente pero el que más coste de gestión supone para el centro. Además se trataría de un coste de gestión estacional debido a que la mayoría de residentes alcanzarían los 62 Euros durante los primeros meses del año.

- Cobrar un adelanto a cargo de la tasa:  Sabiendo que ésta es de un euro, que cómo máximo una persona pagará 62 al año y que todos los residentes tienen más de ese número de recetas al año, la residencia podría cobrar en Enero y en Julio  31 Euros a cuenta de la tasa y encargarse ella de liquidarla en nombre del residente cada vez que lleva una receta a la farmacia.  Sería como el administrador de fincas que cobra en la cuota de la comunidad una cantidad y después liquida el IBI en nombre de cada vecino.   Al final del año habría que hacer una liquidación a aquéllos residentes que no hubieran alcanzado el máximo. Este sistema parece correcto aunque, en la situación actual, ya me han dicho algunas residencias que cargar 31 o 62 Euros en la factura mensual generará quejas por parte de algunos familiares.

- Hacer una prorrata mensual.  Es una variante de la anterior, se trataría de facturar cada mes 5,17 céntimos adicionales (62 Euros entre 12 meses).  Tiene la ventaja de que, al tratarse de una cantidad reducida que la mayor parte de residentes y familiares podrán asumir.  La desventaja aparece si pensamos en personas muy dependientes que ingresan en una residencia y fallecen al cabo de cuatro o seis meses.  Es muy posible que estas personas hayan consumido en ese tiempo el máximo correspondiente al año con lo que la residencia debería aplicar una liquidación posterior, algo que resulta en ocasiones incómodo.

En ambos casos, lo que habrá que dejar bien claro a las familias es que de este dinero la residencia no se queda nada. y que, además, el hecho de gestionar el cobro y las liquidaciones suponen un gasto que nadie les compensa.

Hablando con directores de residencias me han planteado dos dudas que todavía no soy capaz de resolver.  La primera es qué pasa cuando una persona ingresa durante el año, ¿existe un certificado que nos indique cuántas tasas de recetas lleva pagada la persona para saber cuánto falta para alcanzar los 62?  NO lo he sabido encontrar pero estoy seguro de que en la Farmacia nos lo podrán decir con el aplicativo informático que han desarrollado.

La otra pregunta tiene más enjundia: ¿Puede la residencia cobrar por la gestión de avanzar la tasa?  En principio se trataría de algo que podrían pactar las partes cuando el contrato sea 100% privado y que tendría que estar autorizado por la administración cuando se tratase de plazas concertadas, colaboradoras o de PEV.  Yo veo que, intentar hacerlo podría abrir una posibilidad que sí sería muy negativa para la residencia:  que algunos familiares quisieran que les diésemos a ellos las recetas y llevarlos ellos mismos a la farmacia.

En principio no debería ser un problema que lo  hiciesen  pero en la práctica, el hecho de que existan varias formas de "entrada" de medicamentos sí causaría contratiempos. ¿Cuánto tiempo tardaría la familia en traer la medicina? ¿A quién deberían entregarla? ¿Qué documentación adicional habría que confeccionar y utilizar? ¿Cómo encajaría el sistema con la obligación que tiene el Responsable Higiénico Sanitario de la residencia?  Demasiadas incógnitas que no quedarían compensadas con una pequeña cantidad.

En fin, se acercan tiempos aún más complicados.  Yo creo recomendable que las residencias, opten por un sistema de adelantamiento fraccionado y que, durante las próximas semanas se vaya informando a los residentes y familiares.  Si para ellos, "lo del Euro por receta" se convierte en pagar 5,20€ más al mes tendremos una parte del problema resuelto.

viernes, 4 de mayo de 2012

SOBRE EL COPAGO SANITARIO

Aunque normalmente la salud me acompaña, hace dos semanas he pasado uno de esos días que, cuando pasan te hacen valorar lo maravilloso que es encontrarse bien.

Todo empezó con un leve dolor de barriga, seguido por un malestar  intenso y, por la noche, un viaje al lavabo que se truncó  a causa de un mareo, un desmayo y un golpe en la cabeza durante la inconsciente caída.  Como en casa somos del "seguro público", mi mujer llamó al 061 y en unos diez minutos teníamos en casa una ambulancia y dos profesionales que se quedaron durante unos cuarenta minutos, tomándome la tensión, el nivel de azúcar y observándome hasta que, vuelto en mí, decidimos que me quedaba en casa y, si seguía encontrándome mal acudiría a un servicio de urgencias no hospitalario.

Dicho y hecho, al día siguiente, visita al centro Dos de Maig de Barcelona.  Más observación, examen físico, analítica de sangre y orina, medicación inyectada, receta de Omeprazol y, ¡para casa!.

Dos días después, todavía no me encontraba bien y pedí hora al médico, ese mismo día por la tarde, visita.  Ya estoy algo mejor pero sigo "no bien".  La doctora me escucha, me envía a hacer un electrocardiograma, descarta la afección cardíaca y me envía a casa.  Al día siguiente  me llama por teléfono para saber si me encuentro mejor y, efectivamente, en cuestión de dos días más, después de cinco mal, vuelvo a ser el de siempre.

No puedo hablar por toda la sociedad pero en mi caso, con mi nivel de renta y mi situación familiar, si me hubiesen dicho que tenía que participar en el coste de la atención que he recibido, lo hubiese encontrado totalmente razonable.  Es cierto que tuve que esperar bastante en el Dos de Maig y en el ambulatorio pero cuando llamamos a la ambulancia ésta vino en seguida.  Para mí la cuestión no es el copago en sí, sino encontrar una cantidad que sea lo suficientemente alta como para que "se note" (reduciendo costes y atenciones no necesarias) y lo suficientemente ajustada como para que no suponga que alguien pueda quedarse fuera de cobertura.

Estoy muy contento con la atención recibida y, podría decir lo mismo de las otras veces que he necesitado atención médica (para mí u otros miembros de mi familia).  Quiero que se mantenga un buen nivel de calidad y me parece que el copago razonable debería haber existido siempre (como existe en casi todos los países de nuestro entorno).  Por eso no creo que el copago deba implantarse como un remedio contra la crisis actual sino como parte de un modelo racional y equitativo.

Se me olvida una cosa.  Después de mi visita al Dos de Maig hablé con mis padres, ambos jubilados, les comenté lo que me estaba pasando y me dijeron: "no compres el Omeprazol" nosotros tenemos varias cajas que ya no necesitamos y te podemos dar una. ¿Por qué tenían mis padres varias cajas del medicamento? ¿Lass tendrían en casa si hubiesen tenido que pagar aunque fuera una pequeña cantidad por ellas?