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martes, 18 de septiembre de 2018

¿QUIEN DEBE SUMINISTRAR MEDICAMENTOS A LAS RESIDENCIAS?


        
En principio, las personas mayores que viven en residencias de tercera edad, cuando se relacionan con  la sanidad publica son ciudadanos normales y corrientes que viven en sus domicilios por lo que pueden hacer el mismo uso de los recursos sanitarios públicos que cualquier otro ciudadano.  Pueden ir al centro de salud, a los servicios de urgencias si se encuentran mal y llevar su receta a cualquier oficina de farmacia donde, haciendo frente al copago correspondiente, les será facilitada la medicación prescrita.

Hace años que entre la teoría y la realidad existe una creciente diferencia:  muchísimas residencias de tercera edad disponen de médicos contratados que atienden a los residentes (que se convierten en sus pacientes) y, de alguna forma (existen muchas variantes) consiguen que la sanidad pública convierta sus indicaciones en recetas que son llevadas a oficinas de farmacias que a su vez las convierten en medicamentos.  Aunque existen modalidades muy diferentes, en la mayoría de ellas se acaba pagando por un servicio (el que presta el médico contratado por la residencia) que debería estar cubierto por la sanidad pública; y se acaban creando sistemas de suministro de medicamentos en los que las oficinas de farmacia “avanzan” productos antes de disponer de las recetas produciéndose después regularizaciones.

Nada de esto es nuevo, ni lo es que las administraciones de las comunidades autónomas intenten “poner orden” a la situación con ideas que en muchos casos pasan porque no sean las oficinas de farmacia las que suministren los medicamentos a las personas que viven en residencias de mayores.

Hace unos meses,  esas ganas de regular ha vivido un crecimiento interesante y han surgido iniciativas en Andalucía, Comunidad Valencia y Cataluña.  En las tres comunidades están n encontrando una resistencia importante por parte de las oficinas de farmacia y también de algunas residencias de mayores.

El caso de Andalucía

En Andalucía, un Decreto de 2015 regulaba hasta hace poco la prestación farmacéutica en los centros sociosanitarios residenciales.  En éste se establecía un sistema que excluía el suministro de medicamentos a algunas residencias públicas y privadas por parte de las oficinas de farmacia.  El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía en dos sentencias de principios de 2018  ha declarado nulo y extendido la nulidad del Decreto.  La clave de la nulidad descansa en  que, según el tribunal, las condiciones de dispensación y la alteración de las existentes que recoge esta normativa corresponde determinarlas exclusivamente al Estado y, por tanto, no son competencias de las Comunidades.

El caso de la Comunidad Valenciana

En la Comunidad Valencia el proyecto planteado por la Generalidad, 'Servicio de preparación de unidosis y su distribución a los centros de asistencia social sociosanitarios' 'Resi-EQUIFar',  establece el suministro de medicamentos a las residencias mediante un sistema “unidosis” por parte de un suministrador que elige la propia Generalidad mediante un concurso público, y que en la práctica excluye a las oficinas de farmacia. La patronal AERTE ha mostrado reiteradamente su rechazo y ha paralizado durante un tiempo, un modelo que se está intentando implantar sin haber contado con la participación del sector. 

El caso de Cataluñ

En Cataluña la Generalitat está trabajando en un modelo más ambicioso de atención sanitaria a personas mayores que viven en residencias y que se fundamenta en tres documentos que se están elaborando con bastante más participación que en la Comunidad Valenciana y que se han ido presentando en su versión provisional en varios actos, algo muy loable por parte de la administración, aunque también con sus sombras ya que, aunque se presenta como un modelo pactado con las diferentes patronales, en el que no se pasa a redactar normas hasta que se alcanza un “consenso necesario”, cuando hablas con quien ha estado en las reuniones te explica una historia diferente en la que la Generalitat tiene muy claro lo que quiere hacer.

Para poderse hacer una idea de por dónde van las cosas pongo a continuación unos enlaces a unas versiones de borradores de los documentos que han sido entregados a algunos de los participantes en las reuniones de trabajo. Éstos deben ser tomados con gran cautela ya que son de hace unos meses y dicen de forma clara que son documentos de trabajo y borradores.  Aún así, pueden servir para ver por dónde van los tiros.




El motivo por el que difundo unos borradores es que, para algunas personas estos documentos son más que meros papeles de trabajo.  De hecho, la Asociación de Farmacéuticos Comunitarios de Asistencia Residencial AFCAR, ha pensado que suponen una actuación de hecho de la Generalitat que puede ser impugnada y han decidido presentar un recurso contencioso ante los tribunales (aquí está el recurso).

Lo curioso es que, así como en la Comunidad Valenciana los tribunales no aceptaron el recurso de AERTE porque consideraron que no era parte interesada, en el caso de AFCAR, el Tribunal sí ha aceptado tramitar el recurso contencioso administrativo (aquí está la aceptación) por lo que en los próximos meses vamos a poder seguir un litigio interesante.

Así las cosas creo que los argumentos van a ir por dos caminos diferentes: 

Por un lado, y en eso creo que estaremos todos de acuerdo, hay que encontrar un sistema claro y eficiente para que las personas mayores que viven en residencias reciban el servicio público de sanidad al que tienen derecho, que incluye la prestación farmacéutica, sin necesidad de duplicar profesionales ni de tener que recurrir a “sistemas imaginativos” para conseguir los medicamentos cuando son requeridos.  Respecto a este punto la finalidad que persiguen las comunidades autónomas parece la correcta aunque quizás el camino que siguen no lo sea tanto.

Por otro lado, habrá que determinar si la competencia para establecer ese sistema corresponde a cada comunidad autónoma por separado o al Estado.  A estos efectos, ayudaría que el Estado se posicionase, cosa que, si ha hecho, no ha llegado a mis oídos y que corresponde ahora a la nueva Ministra María Luisa Carcedo.

Como es una cuestión que tiene mucha afectación sobre las personas mayores que viven en residencias, los profesionales que trabajan en ellas, y también sobre los farmacéuticos, sería positivo ver un debate de ideas fundamentadas.  A ver si éste llega.

martes, 20 de junio de 2017

GEROCULTORAS SUB-MILEURISTAS

A veces las cosas más sencillas acaban convirtiéndose en las más complicadas.

El VI Convenio colectivo Marco que rige las relaciones laborales en el sector de la dependencia (residencias de mayores, centros de día o servicios de teleasistencia) en la mayor parte de España tenía unas previsiones de incremento salarial que se hacían depender de la evolución de la economía española.

En aplicación del convenio (vigente hasta que se apruebe el séptimo), este año tocaba un aumento automático de salarios.

El problema llegó en el momento de hacer públicas las tablas salariales que contuviesen el mencionado incremento salarial.

En años anteriores, con los salarios congelados, no parecía problemático el no publicar nada en el BOE pero ahora sí.

La cosa ha ido avanzando lentamente. Primero se difundieron las "tablas oficiosas" después las partes llegaron al acuerdo de publicarlas y ahora, finalmente el BOE las ha plasmado oficialmente.

Aquí están


Ahora lo que cabe preguntarse es: si apostamos por ofrecer servicios de calidad a nuestros mayores (que somos nosotros mismos en unos años); si queremos aplicar modelos de Atención Centrada en la Persona en los que la gerocultora/auxiliar es la protagonista, junto con el propio mayor, del proceso de cuidado, ¿Podemos tener un sistema en el que esta profesional gana menos de mil euros al mes?

La respuesta es obvia: lo tenemos.  Pero ¿lo podremos seguir teniendo?

Cada vez hay menos personas jóvenes en proporción a los mayores.  Dentro de unos veinte años, cuando nos  estemos acercando al 30% de personas de más de 65 años (hoy son el 18%), será verdaderamente difícil encontrar a quien quiera trabajar haciendo labores de gerocultor.  Tenemos que ir preparando el camino y, la verdad, salarios sub-mileuristas son un ingrediente amargo de la receta.

El problema es que todo forma parte de la misma ecuación.   Allí donde la administración paga más  sus plazas concertadas, (vease País Vasco, en Guipúzcoa, por ejemplo 2.700 Euros al mes), los profesionales que trabajan en el sector tienen salarios más altos; en los mismos lugares, quienes no pueden acceder a plaza pública se ven incapaces de pagar los precios de las plazas privadas y optan por acudir a comunidades cercanas con convenios menos elevados y un precio más acorde con sus bolsillos.

Si alrededor de lo que factura una residencia de tercera edad lo gasta en personal y la demanda pública y privada pueden pagar determinados precios, los salarios de los profesionales acabarán adaptándose a los mismos.

Ya lo he explicado muchas veces pero lo voy a hacer de nuevo:  Cuando empecé a trabajar como inspector de residencias en 1991, el precio mensual de una residencia para mayores en Barcelona era de unas 65.000 pesetas al mes, cantidad que coincidía más o menos con lo que ganaba una gerocultora.  En los siguientes veinticinco años hemos introducido normativas y el sector ha hecho un gran esfuerzo de profesionalización que ha conllevado un incremento en los costes de los centros.  Ahora, el salario base de una gerocultora es algo inferior a los mil euros y en Barcelona la plaza en una residencia privada ronda los 1.750€ (sobrepasando muchas de ellas los 2.000€).

La consecuencia de esta evolución la vemos en el día a día de las residencias.  La posibilidad de ingresar a un familiar dependiente en una residencia privada requiere ahora un sacrificio mucho más elevado ahora que hace veinte años.  En consecuencia los residentes ingresan en un estado mucho más comprometido y requieren muchas más atenciones socio-sanitarias.  Las residencias son cada vez más centros residenciales para personas frágiles, con enfermedades crónicas, con polimedicación y con una elevada necesidad de apoyos.

Difícilmente podrán pagar más las residencias a sus empleados si nose incrementan los precios y difícilmente se incrementarán de forma importante los precios en una situación como la actual, en la que todavía nos estamos recuperando de la crisis.

Es en momentos como éste cuando necesitamos a gente imaginativa que planteen iniciativas originales.   ¿Alguien así está leyendo estas líneas?

lunes, 2 de enero de 2017

Cuando las personas mayores no disponen de espacios para ellas



La noticia de que el IKEA de Shanghái había restringido la entrada a su cafetería de personas mayores ha llamado la atención en numerosos medios, que se han hecho eco de ella en un tono generalmente humorístico 

La medida se adoptó tras comprobar que todos los martes y los jueves la cafetería de la tienda se había convertido en el punto preferido de encuentro de personas de la tercera edad que buscaban pareja mediante citas a ciegas.  

Los «clientes» compraban café, algo pequeño para acompañar con eso pasaban el día conversando, ocupando una gran parte de los asientos y dejando poco espacio para el resto de clientes.  

La cadena sueca alega que, además, el resto de público se había quejado en repetidas ocasiones, pues se registraban a menudo incidentes como peleas, discusiones e incluso escupitajos.  

Los mayores que allí se reunían alegaron que no tenían donde ir, pues la mayoría de los locales de ocio y restaurantes están ocupados por gente joven y ellos se sienten desplazados, que si tuvieran sitios para ellos, no irían a cafeterías de centros comerciales y que no les importaba desplazarse o pagar más. 

La anécdota, que no deja de ser curiosa e incluso puede despertar alguna sonrisa, pueden dar lugar a interesantes reflexiones.  

La primera es cómo una ciudad de más de 23 millones de habitantes no dispone de sitios donde las personas mayores se sientan cómodas, puedan conocerse y realizar actividades que resultan normales en otras franjas de edad. Resulta realmente chocante y lleva a plantearse si de verdad no existen esos sitios, o es que el acceso no es todo lo fácil que debería, si son caros o si, simplemente, no son integradores. 

En ocasiones he oído decir a más de una persona anciana que no quiere ir al hogar del jubilado porque está lleno de viejos y es un aburrimiento. También lo contrario, que no se quiere ir a un bar, una cafetería o restaurante porque está lleno de gente joven que hace ruido y que ni les gusta la música ni parece que pinten allí nada.  

Las cafeterías y restaurantes, los locales de reunión en general donde la gente joven y de mediana edad se reúnen tienden a cuidar su iluminación, cómo están decorados, ofrecen una carta con bebida y comida, entra y sale gente de diversas edades y costumbres…, en definitiva, es un ambiente que, de manera muy justificada, bastante gente mayor lo prefiere y ve el hogar del jubilado como un reducto aburrido y con los mismos de siempre. Por otra parte, un número considerable de gente mayor, también de manera razonable, preferirá el ambiente familiar y conocido donde, al estar con personas de su generación en exclusiva, se sienten más cómodos.  

Ambas actitudes reflejan una manera de enfrentarse a las relaciones sociales que en el primer caso implican un deseo de ampliar horizontes y no sentirse «viejo de espíritu» y, en el segundo, las ganas de compartir compañía con los amigos de siempre en un ambiente que se considera amigable, frente a otros que se perciben como hostiles.  

En todo caso, es importante reflexionar sobre los lugares para todos y los lugares solo para personas mayores, su uso y cómo la sociedad excluye o incluye según la edad que se tenga o el ambiente en el que la persona se desenvuelva, normalmente por ideas preconcebidas que hacen que a cierta edad no se baile, no se vaya de copas, no se ligue… y quede raro si no se juega la partida de cartas por la tarde y las señoras no van a clases de cocina o cuidan de los nietos. 

Otra reflexión que se plantea en el artículo es la finalidad de las citas de las personas mayores de Shanghái: iban a ligar a la cafetería del IKEA. Aunque resulte curioso, ¿por qué las reuniones de citas a ciegas de jóvenes, divorciados, maduros… se consideran una práctica que se ha puesto de moda para conseguir pareja y si las personas mayores lo hacen se comenta como algo extravagante? 

No se trata de discutir la idoneidad del sitio elegido, probablemente no era el más adecuado, se trata de que nos planteemos si las relaciones sociales de las personas mayores tienden a ser integradoras o la sociedad las relega a sitios concretos, solo para ellas y, por otro lado, no es menos importante pensar en a qué edad deja de tener sentido buscar pareja, porqué se ve de manera poco natural que las personas de edad avanzada quieran seguir haciendo las cosas que hacían antes. 

No dice nada bueno de una sociedad que una parte de las personas sientan que no son bienvenidas en ciertos sitios. Tampoco que sus actividades se vean cuestionadas por los prejuicios generales. Y, seguro, que no tenemos que irnos a Shanghái para ver a nuestro alrededor casos semejantes.  

Combinar las aficiones y el deseo de estar con gentes de la misma edad con las que compartir y hacer planes debería ser algo natural que se hiciera en el sitio donde uno se encuentre más a gusto